A un año de la votación de las retenciones se conocen nuevos entretelones de esa histórica jornada
(Especial de NA, por Eduardo Wolberg) El resultado de esa histórica sesión pendió de un hilo hasta último momento, y una compulsa entre sus principales protagonistas revela una serie de circunstancias, decisiones y errores de apreciación que pudieron haber arrojado un resultado distinto. Pocas veces en su historia el Congreso vivió un debate tan arduo, con un enfrentamiento político tan marcado, que incluyó cortes de rutas y protestas varias, y dos actos masivos en esta capital, una a favor y otra en contra de la iniciativa
En los días previos, en la Plaza del Congreso habían brotado como hongos carpas de partidarios del campo y del kirchnerismo, que se mantuvieron en frágil convivencia. Además, para la sesión el oficialismo había montado un escenario frente al Parlamento, desde el cual iban a festejar la aprobación de la ley, algo que daban por descontado.
El clima era muy espeso desde hacía unos días, y ahora se supo que varios senadores y senadoras ?quienes recordaban los episodios de la crisis de 2001- temían por su seguridad, y le pidieron custodia policial personal a Cobos, quien en su carácter de presidente de la Cámara se las concedió. Sin embargo, Cobos no accedió a un pedido insólito: un senador le había solicitado autorización para ingresar armado al Congreso el día de la sesión.
La sesión comenzó con la posición ya fijada por setenta senadores, que se repartían por partes iguales a favor y en contra. Quedaban por definirse el catamarqueño Ramón Saadi -oficialista aunque de tirante relación con los Kirchner-, quien durante el curso del día anunció su voto a favor tras una intensa negociación con el Gobierno, y el radical K Emilio Rached.
El misterio se acrecentaba con el paso de las horas: Rached estaba inhallable desde hacía unos días, mientras soportaba presiones de todo tipo. El gobernador radical K de Santiago del Estero había instruido a sus legisladores nacionales a votar junto al Gobierno, pero Rached tenía sus dudas, y lo consultó la semana previa a Cobos ?jefe de los radicales K-, quien le respondió que vote “según su conciencia”.
Desde el oficialismo se trataba de convencerlo de que si no votaba a favor, al menos se abstuviera o faltara a la sesión, para inclinar la balanza a favor del cuestionado proyecto. La sesión llevaba varias horas de duración y Rached no aparecía, lo que parecía confirmar los temores de la oposición de que había sido persuadido de no concurrir. Sin embargo, alrededor de las 16:30 llegó y se ubicó en su banca, sin hablar previamente con nadie.
“Cuando Rached se sentó en su banca lo miré a los ojos tratando de descubrir una señal que me indicara como iba a votar”, contó Cobos, quien admitió que no pudo descifrar el rostro impenetrable del santiagueño. A partir de ese momento ya nadie prestó atención a los discursos que se sucedían en el recinto.
Todos miraban al santiagueño, quien mantenía el misterio, y la desesperación tanto de oficialistas como opositores era tal que algunos salían a los pasillos para preguntarles a los periodistas si ellos sabían para donde se iba a volcar el voto decisivo. .
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAnochecer de un día agitado
El enigma se reveló alrededor de las 19, cuando finalmente Rached le confesó a un hombre de prensa que votaría en contra, sellando el empate en 36. A esa hora, el preocupado jefe de la bancada del Frente para la Victoria, Miguel Angel Pichetto llamó al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para que consultara a la Presidenta que hacer, porque suponía que Cobos votaría en contra.
Aunque parezca increíble, el mal manejo del oficialismo era tal que no sabían a ciencia cierta que actitud tomaría Cobos en caso de tener que desempatar. Cobos acaba ahora de confirmar que le transmitió su posición al oficialismo a través del senador Pablo Verani alrededor de las 21 de esa agitada noche, y que les hizo una propuesta: que el oficialismo pidiera un cuarto intermedio.
“Yo no quiero protagonismo, que Pichetto pida en el recinto un cuarto intermedio, y que la Presidenta convoque para mañana a una reunión en Gobierno con los ruralistas para llegar a un acuerdo”, fue el mensaje que envió Cobos. Es que el vicepresidente consideraba que con algunos retoques el agro aceptaría ?aunque a regañadientes- el proyecto de retenciones móviles, y se evitaría así la crisis política que estalló. P
ero el oficialismo del Senado no respondió a esa propuesta, simplemente porque no recibía de Gobierno las instrucciones requeridas. Recién a medianoche llegó desde Olivos la orden para Pichetto: seguir adelante con la votación, y que se diera el resultado que fuese. Esto explica lo que sucedió luego, cuando antes de votar Cobos pidió en el recinto hacer un cuarto intermedio en pos de un acuerdo. Siguiendo las instrucciones recibidas, Pichetto rechazó esa posibilidad y contestó con una cita de Jesús a sus discípulos: “lo que haya que hacer, que se haga rápido”.
Previamente, una senadora kirchnerista le había sugerido infructuosamente a Cobos que se ausentara del recinto a la hora de votar, para que en su lugar desempatara el presidente provisional del Cuerpo, José Pampuro. Las razones de esta actitud del kirchnerismo entran más en el terreno de la psicología que en el frío análisis de la lógica política. Quienes conocen de cerca al matrimonio presidencial recuerdan que ellos no habían perdido ninguna votación, y que ante los desafíos políticos siempre reaccionaron “doblando la apuesta”.
Según explicó por lo bajo un legislador oficialista de peso, los Kirchner dudaron hasta último momento de que Cobos fuera realmente a votar en contra, y creían que estaba haciendo un juego de presión para obtener una concesión del Gobierno a favor del campo. “Los radicales no acostumbran a patear el tablero, eso lo hacemos nosotros, los peronistas”, dijo no sin cierta ironía al intentar fundamentar porque no creían que Cobos votase en contra. Este error de apreciación no sólo frustró el proyecto de retenciones móviles, sino que puso a Cobos en el centro de la escena política nacional, al punto que ahora es visto como un posible candidato presidencial para 2011.
Uno de los senadores oficialistas de mayor peso admitió que carecieron del reflejo político suficiente para evitar esto último. “Cuando tuvimos la certeza de que la lucha estaba perdida tendríamos que haber levantado a un senador nuestro, para perder la votación 36 a 35.
El proyecto se hubiera caído igual, pero no hubiéramos convertido a Cobos en un héroe de la oposición y del campo”, concluyó amargado.
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