A un mes de la desaparición, no hay indicios sobre el paradero del abuelo Gregorio Gómez
Las últimas medidas que se tomaron en torno a la pesquisa dieron resultados negativos, ya que se constató que no hubo movimientos en la cuenta bancaria del abuelo desaparecido.
Por otro lado, se pidió a las empresas de colectivos que operan en la Terminal de Omnibus conocer si había registros sobre Gómez, ante la posibilidad de que hubiera decido irse de la ciudad. Tampoco hubo datos que conduzcan a develar este misterio.
Sumado a esto, se tomaron declaraciones testimoniales a integrantes de los Testigos de Jehová, religión que el desaparecido profesaba, para conocer si en enero hubo asambleas en otras ciudades. Al mismo tiempo, se pidió a los fieles que estén atentos por si asiste a alguna reunión que se desarrolle en otras localidades.
Hasta el momento, personal de la DDI coordinó un avistaje aéreo y dos rastrillajes, uno sobre 70 kilómetros desde el cruce El Gallo hasta San Manuel y otro en la zona del Lago del Fuerte.
Estos procedimientos se desarrollaron a raíz de dos hipótesis. La primera originada a partir de algunos nostálgicos comentarios de Gómez sobre una chacra que tenía en San Manuel, donde ocho grupos operativos de la policía caminaron a la vera de la ruta, revisando alcantarillas y banquinas, además de entrevistarse con los vecinos de la zona rural. En tanto, la búsqueda en el Dique se efectuó pensando en que ese desánimo lo hubiera llevado al suicidio.
Pese a los esfuerzos, la policía lamentó que avanzan en desventaja, debido a que la denuncia por averiguación de paradero se realizó cuatro días después de que Gómez dejara la casa de sus familiares.
Tampoco han tenido noticias de la búsqueda lanzada a través del Centro de Operaciones Policiales, desde donde difundieron sus datos y fotografías en todas las dependencias del país.
Sus últimos
movimientos
Gregorio Gómez, viudo hace 8 años y sin hijos de sangre, pasó los últimos días de 2013 con su hijastra y el resto de la familia, en una vivienda de avenida Estrada al 100. Lo estaban alojando en esos días de calor, para cuidarlo y evitar que se deshidratara. Después de la cena y el brindis de año nuevo, todos se fueron a descansar, ya entrada la madrugada.
Liliana Mabel Cantarelli, quien radicó la denuncia, se levantó a las 9.10 y el abuelo ya no estaba. Observó que antes de irse se había vestido, dobló una remera que le habían prestado como pijama y tendió la cama improvisada en el living.
Para la hijastra era normal que tras dos o tres días de visita en el hogar que comparten con su marido y dos hijos adolescentes, Gregorio quisiera volver a su casa de Montevideo 142. No le resultó extraño que saliera temprano para regar su quinta y retomar sus actividades cotidianas.
Al día siguiente, la mujer fue hasta el domicilio del anciano a llevarle ropa que le había lavado y no lo encontró, entonces la dejó en el pasillo de acceso al departamento. Dos días más tarde, volvió y halló que el paquete seguía en el mismo lugar. Entró a la casa y no había nadie. Inmediatamente, se dirigió a la comisaría Segunda y radicó la denuncia.
Gregorio Gómez se fue con lo puesto. Siempre llevaba el documento consigo. Su departamento no estaba revuelto ni presentaba signos de violencia
El misterio
Gómez es calvo, de tez blanca, ojos marrones, de contextura delgada y mide 1,55 metros. Al desaparecer, vestía camisa de manga larga en azul, chaleco de manta polar celeste, campera del mismo género, pantalón beige, mocasines marrones, gorra visera y anteojos.
Salió caminando y se especula que no pudo haberse perdido entre caminos serranos, ya que se movilizaba apoyado en un bastón. Su hijastra aseguró que estaba ubicado en tiempo y espacio, a diferencia de los vecinos que la última semana no lo habían visto bien. Incluso, diez días antes la policía lo halló perdido, por la zona del Ejército, en el predio de las 628 casas que se construirán con el Procrear.
Liliana Cantarelli lo describió como un hombre buenísimo, con un carácter dócil pero independiente. No tenía problemas con nadie y vivía de su jubilación y la pensión de su esposa.
La denunciante evaluó que si le hubiera pasado algo malo, ya tendría que haber aparecido. “No pierdo las esperanzas. El abuelo tiene que aparecer. Espero que nunca dejen de buscarlo”, expresó en un contacto con este Diario. u
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