A una semana del asalto, Silvia Cestona ruega por la recuperación de su marido
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Al cumplirse una semana del salvaje asalto sufrido por la pareja de septuagenarios en su vivienda de Kramer 131, Silvia Esther Cestona recibió ayer en su casa a El Eco de Tandil, ocasión en la que destacó el permanente apoyo de la comunidad tandilense.
“Chicha” Cestona indicó que “yo estoy bien, esperando”, en obvia alusión a la recuperación de su esposo, José Máximo Avilés (75), que aún permanece internado en el área de cuidados intensivos.
Es que “así como me ven que puedo hacer un chiste o sonreír, es terrible sólo pensar que le pueda pasar algo. Los médicos me dicen que está estable, no me pueden asegurar nada, porque se puede complicar. Esperemos que no. La está peleando, porque las costillas le perforaron el pulmón”.
Más adelante, señaló que vive estos días “pensando en él. Hago las cosas, todo igual, muy contenida por los chicos y por la gente que me llama”.
Acompañada
y contenida
Silvia Cestona dijo que dada la repercusión que alcanzó el atraco, “en la calle me paran permanentemente, hasta cuando cruzo a buscar un remís se ofrecen a ver si necesito algo. Así como hay gente mala, también hay gente buenísima”.
Tras destacar el acompañamiento de la comunidad, dijo que también “Gino Pizzorno estuvo tomando unos mates conmigo. Siempre tuve buena onda con él. Vino con otro muchacho”.
En cuanto a su vida en la casa de calle Kramer, dijo que “me acompañan, pero no quiero que me invadan. En los primeros días necesitaba, pero ahora estoy más tranquilita, por lo que mandé a mis hijas a Mar del Plata, ya que una vive en esa ciudad y la otra en Miramar. No se justifica que estén, ellas tienen su vida”, sostuvo.
Añadió que en Tandil tiene tres hijos varones. “De noche no tendría miedo de estar sola, pero tampoco me gustaría, por lo que alguno se queda”.
También, la mujer destacó que frecuentemente “la policía viene a hacerme preguntas, para ver si recordaba detalles de ellos o cosas que hubieran dicho. Me dicen que están investigando, pero pienso que no debe ser fácil”.
El reto de
Chiche Gelblung
Oriunda de la zona rural de La Constancia, Chicha vivió las últimas dos décadas en la casa de la calle Kramer, en tanto que un período similar había vivido en el barrio Kafka.
Así como la sorprendió ser víctima de semejante hecho de violencia, también la ha dejado sin palabras cómo trascendió el caso. “Nunca me imaginaba eso. Hasta Chiche Gelblung me habló. También Mauro Viale, Marcelo Longobardi y todos los de Tandil”, dijo.
Añadió con una sonrisa que “Chiche, al final me retó. Es que le dije que mi marido fue al lavadero a cambiarse porque lo hago cambiar allí. Se baña y se pone el pijama, después de trabajar en su taller de chapa y pintura de autos. Entonces me dijo: ‘No. ¿Cómo vas a hacer eso? ¿Cómo lo hacés dejar la ropa en el lavadero’. Me retó. Muy gauchito, un divino”.
La dura realidad
Así como por momentos Chicha relataba anécdotas en forma amena, su rostro cambiaba y mostraba su preocupación por la salud de su marido.
La historia de la pareja se remonta a hace 42 años, cuando Silvia Cestona ya llevaba dos años de separada del padre de sus hijos. “Ellos a éste lo quieren como si fuera el padre. Es tan bueno…”, añadió sobre José Máximo Avilés.
Como mensaje a quienes los robaron y golpearon inhumanamente, Chicha señaló que “les diría muchas cosas… Les preguntaría por qué actúan así, si no hay necesidad de tener ese salvajismo”.
Recordó que “mi marido tenía en el lavaderito un sencillaje (cambio). No sé cuánto habría. Además, teníamos unos ahorritos acá adentro. Uno no quería decir (insulta). Si lo hubiéramos dicho, capaz que no nos golpeaban tanto”.
Explicó que “uno tiene unos ahorritos y le da cosa. Les decía que en el cajón de una máquina había plata de unos cobros, pero los ahorritos estaban arriba, en el placard, y no se quedaron tranquilos hasta tenerlos”.*
Prohibido abandonarse
Chicha Cestona admitió que “siempre que veía gente a la que le pasaban cosas bravas decía, criticaba cómo está hablando con ese collarcito y arregladita. Hoy digo: ‘Claro, pobrecita, ¿por qué no?’”.
Añadió que “no tiene que entregarse” y adelantó que “mañana una amiga me va a acomodar un poco el pelo, porque no me quiero abandonar. Quiero estar bien para seguir adelante”, mientras espera la recuperación de su marido.*
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