Abre Fragmentos Urbanos de Silvio Fischbein
El próximo mes se podrán apreciar en tres salas del Mumbat obras del artista plástico y cineasta Silvio Fischbein, que pertenecen a su serie de Fragmentos Urbanos.
La exposición, compuesta de cuadros de diferentes formatos trabajados con diversos materiales, entre otros de cotillón, permanecerá en consideración del público hasta fines de octubre, con entrada libre y gratuita.
Silvio Fischbein nació en Buenos Aires en 1949. Aunque arquitecto de formación, desarrolló una intensa carrera como director de cine, artista plástico, docente y gestor cultural. Como director cinematográfico realizó 30 cortometrajes y 5 largometrajes de ficción. Como artista plástico, presentó numerosas exposiciones en el país y en el extranjero.
Según él mismo describe, su obra es un ?transitar el mundo?. Un mundo actual recorrido desde un lenguaje visual, formado por objetos de la vida cotidiana que dejan entrever recreaciones de situaciones humanas. Examina al hombre y al ambiente que lo circunda volviéndolo un juego entre realidad y ficción.
Las piezas dejan entrever recreaciones de situaciones humanas en una sociedad de masas que absorbe al hombre hasta convertirlo en texturas lejanas. Texturas en las que el ser humano se pierde y no logra identificarse, dejando de ser un sujeto hasta convertirse en un objeto. Dentro de la imagen de un mundo caótico que despersonaliza a las personas, el artista rescata lo particular de cada individuo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailObservaciones sobre
la propuesta plástica
En un principio, ya remoto, fue la cerámica, a continuación fue la pintura y, desde hace cinco años, son cajas con formas ensambladas en su interior las que ocupan el tiempo que Silvio Fischbein dedica a la creación artística; sin dejar de lado, por supuesto, ni su actividad como cineasta, ni su formación como arquitecto.
Se trata, en todo caso, de interesantes transiciones por diversos campos del lenguaje expresivo que tuvieron como inicio sus estudios tempranos -Fischbein tenía entonces 14 años- en el taller de Batlle Planas. Las cajas que presenta en Tandil en el mes de mayo y en Buenos Aires en el mes de julio reúnen objetos que pertenecen, en su mayoría, al ámbito de la infancia.
Trabaja siempre en variaciones sobre el mismo tema de las cajas, con pequeños objetos dentro, no obstante, el evidente riesgo a la repetición queda resuelto por la habilidad de Fischbein de encontrar diferentes soluciones formales.
En muchas obras el mundo de la infancia aparece recreado como si se tratara de una obsesión distante. Con todo, la aparente frialdad de la evocación reclama una lectura sospechosa que permita poner en evidencia la subjetividad del artista.
Por un lado, lo que constituye el tema presentado, objetos colocados en una suerte de horror vacui asfixiante, en esa especie de hormiguero donde se anulan las diferencias -como diría Octavio Paz-, de fuerte carga simbólica y, por el otro, el recurso formal que el artista decide para la organización plástica de los elementos narrativos.
Si nos detenemos en lo que concierne al aspecto formal, advertimos sin demasiado esfuerzo, que estamos frente a un artista muy atento a la resolución de las formas en términos que podríamos calificar de ?constructivista? (lo que evidencia su formación de arquitecto). Desde allí se alcanza una retícula que le permite ordenar sus pequeñas figuras e imponer el color como elemento clave para obtener una lectura clara.
Un perturbador juego de opuestos atraviesa todas las obras de esta serie: el caos de ese obsesivo enmarañamiento de figuras alcanza su orden en compensada composición geométrica. Los muñequitos están ?patas para arriba?, de lado, en infinidad de posiciones -arbitrarias, aleatorias y caprichosas-, racionalmente incomprensibles, pero el color aparece, oportuno, para tranquilizar la mirada en equilibradas armonías cromáticas.
Esas figuritas de cotillón, alejadas del ámbito de lo doméstico, ya no más cotidianas, adquieren cierta carga inquietante al inscribirse ahora en el dominio oscuro del subconsciente. De esta suerte, rompiendo la cotidianeidad, Fischbein hace surgir la sorpresa.
La perturbación que produce el abigarramiento de figuras queda neutralizada por la armonía de su resolución formal. Hay un juego de ambigüedad en esta estrategia visual que obliga al espectador a abrir interrogantes que se despliegan a interpretaciones múltiples (ésta es una de las señas más evidentes del arte contemporáneo).
No se trata ya de complacer al espectador orientando su mirada a la búsqueda de la belleza -al menos, no como imperativo categórico-, sino de expresar mundos mediante el lenguaje del arte donde se den cita el desconcierto, la sorpresa, la belleza o la angustia.
Permitirnos descubrir el horizonte de una dimensión desconocida.
Estas cajas cuadradas, rectangulares, como úteros o nidos geométricos, son en realidad formas simples que activan una densa fuerza interior en la obra e interpelan al espectador en un recorrido escudriñador y curioso.
Fischbein transgrede la tradición del constructivismo geométrico con las series de objetos y figuras que rizomáticamente se entrelazan en redes que, de no ser por las retículas que los contienen, podrían multiplicarse al infinito.
En cierta ocasión el artista polaco Henryk Stazewski dijo: ?El arte nunca se detiene para quedarse en los desiertos emocionales de una contemplación cómoda o para seguir viejos caminos?. El constructivismo renovado que Fischbein nos plantea -reflejo de un complejo y rico mundo interior-, acaso sea incómodo en el tema y ambiguo en su sentido, pero está lejos, muy lejos, de una contemplación indolente.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios