Abuelos de la Alegría entregó regalos
El Jardín 924 contiene y educa a 122 alumnitos de la zona. Una parte, en el turno mañana y otra, en el turno tarde. A estos últimos les entregaron los juguetes ayer. A los restantes se los entregarán el martes próximo. Una parte de los obsequios consistió en juguetes que fueron recolectados por los abuelos y a través de las organizaciones que los ayudaron en esta empresa de afecto. Pero la más voluminosa estuvo compuesta por elementos confeccionados por los propios abuelos. Es que el centro de jubilados desarrolla diversos talleres tales como el de tejido, artesanías y manualidades. Y del trabajo diario de los últimos meses resultaron los regalos que los pequeños de las Tunitas llevaron a sus hogares.
Además del centro de jubilados, colaboraron integrantes del Comedor de Cacha, especialmente los jóvenes del Programa Huerta Orgánica que coordina Alicia Rubilar.
Chicos de entre 12 y 18 años fueron los encargados de armar y envolver los regalos, pero también de organizar la merienda que recibieron los pequeños en las vísperas del Día del Niño. A ellos se sumaron los jóvenes del Programa Impulso “De tu país para vos” que trabajan en el barrio.
La jornada del jueves fue movilizadora para toda la comunidad. Abuelos, pensando sus actividades para dar una sorpresa a los niños. Horas y horas abocadas a un anotador artesanal, una bufanda o un gorro tejido de esos que en Tandil nunca están de más.
Muchos de ellos recordando ese primer juguete recibido en la década del ‘40-‘50, la cola en la vieja oficina del Correos donde llegaba el paquete. La primera pelota de fútbol, el primer autito. Y ahora, la devolución, el gesto, que es continuidad de esa sensación todavía intacta en la memoria y en las manos. Esa alegría de niño que recibe se confunde con la alegría del abuelo que da. Abuelos de Alegría tiene una acogedora sede en el corazón de Las Tunitas. Se conocieron en tardes de bingo, pensaron en juntarse más seguido, en hacer algo para sí y para los demás. Encontraron eco en el Comedor de Cacha, en el grupo de la JP que trabaja en el barrio y finalmente, en el párroco Raúl Troncoso que cedió una propiedad para que tuviesen sede propia.
En esta casa, reparada y puesta a punto, gracias a la colaboración de muchas manos, brindan talleres de tejido, manualidades, cine y literatura, de historia y computación. También brindan asistencia previsional.
Los abuelos no dejan nada al azar. Trabajos y consignas refuerzan una idea que le dio vida a la ilusión y hoy da vida a la tarea diaria. Llevan una remera azul en donde, con letras blancas se lee: “El pasado es nuestro, el futuro también”. u
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