“Abya Yala, América desde adentro”, en fotografías
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Para Agustín fue un viaje de autodescubrimiento a través del encuentro con el corazón latente de lo ancestral, manifestado en diferentes comunidades, que aún el ritmo de tiempo de las ciudades no alcanzó, lo llevaron a convivir con los mismos personajes retratados. Trabajando así, la tierra en Tacaña (comunidad afro boliviana), conviviendo con campesinos del páramo de Paletará en Colombia, con los Guambianos (etnia del valle del cauca colombiano), en la selva del Putumayo colombiano fue el primer extranjero en visitar a los Embera Chamí. Convivió con chamanes en la selva de Ecuador y en la sierra de Jalisco en México.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Cuánto tiempo le llevó a realizar este segundo trabajo fotográfico?
-Un año y medio. Partí en 2013 y comencé por el norte argentino llegando hasta México.
-¿Cómo es que -según nos contara- vivió casi como un familiar más dentro de diferentes comunidades?
-Creo que me fusioné en varias experiencias con nativos y campesinos. Fue algo del orden más intuitivo y lo fui desarrollando en el mismo caminar. Fui totalmente abierto. No solamente se trataba de tomar la foto y que quedara el registro sino buscar la interrelación. En países como Bolivia, quizás más cerrados, iba con el corazón abierto y eso abría muchas puertas. Creo que esta actitud nace de la disposición personal de uno. Otra cosa que facilitó el contacto con ellos fue hablar un lenguaje común, el de la tierra. Siempre trabajé en huertas, de modo que para mí las plantas eran un universo familiar y lo notaron tomándome como uno más.
-Cuéntenos, ¿cómo nació en usted esta estrecha relación con la tierra?
-Soy fotógrafo, pero desde muy chico me llamó el contacto con la naturaleza. Me fui a vivir al cerro, luego visité ecoaldeas acá en Argentina y construí mi casa de adobe. De hecho estuve participando en la construcción de este tipo de casas en comunidades muy retiradas. Estar allí fue fascinante, un privilegio.
-¿Qué es lo que busca retratar, comunicar, a través de sus fotografías?
-Hay cosas que a uno lo mueven, a mí me tocó mucho el que muchas culturas ancestrales que para mí son la diversidad natural del planeta como los diferentes ecosistemas en la fauna, la flora, estén desapareciendo por interpretar la vida a través de una cuestión de consumo de mercado. Estéticamente, como fotógrafo lo elegí desde ese lugar, una cuestión, estética, colores, vestimenta que cada vez se va perdiendo más.
-¿Cómo se sienten estas comunidades con esa posibilidad?
-Es diferente en las distintas regiones. En la sierra nevada de Colombia, es como estar en otra película, otro ritmo de tiempo. Son casitas redondas hechas de palma. Viven conectados a la tierra sin intervención de la civilización. Ellos entienden que la sierra nevada es el corazón de la tierra y en función de eso están dando un mensaje a los pobladores de la madre tierra.
Otros están “a-culturizándose”, perdiendo su identidad, su raíz porque ingresar al sistema, a las ciudades y todo lo que estas ofrecen. Ni bien ni mal, simplemente es un movimiento que se da. Como el cubano que se quiere ir a Miami, no está ni bien ni mal.
-¿Cómo se movilizaba de un lado a otro?
-Tren, colectivo, un velero, caminando, haciendo dedo, siempre alguien te lleva. Estuve en unas islas del Caribe y allí surgió “Abya Yala”, el nombre de la muestra, que es como se llamaba antiguamente Latinoamérica antes de la colonización y significa tierra de plena madurez o de sangre vital.
-Supongo que el dinero para el viaje debe haber sido todo un tema.
-Claro, pero un amigo que había visto mis fotos de una anterior –“Arquitectura de la aniquilación”-, expuestas en varios museos de Argentina, donde se ven en primer plano, por ejemplo un niño con máscara de oxígeno y una planta industrial de fondo, con un mensaje muy fuerte sobre la contaminación. Y bueno, al primer pueblo que voy llevo las fotografías que había hecho en un formato más grande y la muestra, y un señor toma una y me deja plata. Ahí me di cuenta que podría ser un modo de solventar el viaje. En tres países diferentes hice cursos de fotografía, pero la verdad que hacer exposiciones a cielo abierto es lo que más me abrió puertas, ya sea en contactos para ir a comunidades indígenas o realizar exposiciones. En México expuse en el Museo de Arte Contemporáneo en noviembre del año pasado en la sección de artistas internacionales. ¡No lo podía creer! Y parte de este trabajo lo expuse en Japón, España y acá en Argentina.
-¿Algún proyecto a futuro relacionado con su metier?
-Sí, por supuesto: Asia. Pero mientras tanto seguiré itinerando con esta muestra y ya veremos más adelante.
Para agendar
Sábado y domingo en la peatonal entre Pinto y San Martín se verán gigantografías exhibidas en paneles, producto del trabajo de Agustín Abad. Nada convencional y utilizando el espacio público. Las mismas se podrán adquirir, así como también un fotolibro. El evento tendrá música: cantos quechuas compilados con otros audios.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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