Adentro y afuera
A Miguel Angel Lunghi no le fue nada mal cuando decidió, en estratégica movida electoral, obviar al radicalismo, a sus colores e insignias, para lanzarse casi desde el llano a la Intendencia, allá por 2003. Eran tiempos en que estaba fresco el estrepitoso fracaso de la Alianza y más patente aún el recuerdo de Fernando De la Rúa en su huída aérea.
La apuesta, lejos del Comité, con tintes del vecinalismo zanatelliano y La Movediza como escudo, le valió, aunque ajustado, un triunfo inapelable.
Cuatro años más tarde, cuando su gestión le hacía las veces de soporte, volvió a los símbolos rojiblancos y a repetir aquello de la mística y del ?radical de cuna y de tumba?. Los tandilenses le otorgaron otra victoria, esta vez histórica por lo aplastante. En el camino, habían quedado los coqueteos con el Gobierno nacional, pero fundamentalmente los excomulgados del pago chico que osaron probarse la K.
Está claro, a Lunghi, su intuición le ha venido dando buenos dividendos. Afuera y adentro.
Afuera, porque ni siquiera alcanzó a sentir la reprimenda por haberse subido a la cosechadora en los tumultuosos días de la guerra gaucha
Adentro, porque a falta de figuras estelares, su sola permanencia en el poder le hizo ganar puntos en la consideración partidaria.
Si hasta se las rebuscó para un extraño y, si se permite, no tan claro manejo a la hora de confeccionar y distribuir las boletas electorales para exprimir al máximo sus potencialidades en todos los frentes.
Ahora, el pediatra que trabaja de Intendente se encuentra ante un nuevo desafío. Esta semana, la presencia del jefe partidario Gerardo Morales y la estrategia convocante de la UCR le dio una pista de las oscilaciones internas y de lo que vendrá en términos de conformación de listas legislativas. ?La autonomía municipal?, para Lunghi, resulta más que un caballito de batalla en términos de distribución de recursos. Sencillamente, alude a reservarse, intacto, el dedo para evitar a quienes le escupieron, durante dos largos años, el asadito lugareño.
Con todo, tiene claro que no puede distraerse demasiado en cavilaciones y entramados, cuando su mayor capital está en la gestión. Que por estas horas demanda toda su energía.
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