Adeptos y detractores de lo que dejó el primer juicio por jurados en la ciudad
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Ya pasó la primera experiencia del juicio por jurados y el balance que trazaron los actores judiciales fue positivo, independientemente de algunos asuntos a mejorar y perfeccionar para un sistema que, desde el vamos, cuenta con adeptos como detractores.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFue notoria y visible la tensión y preparación que los integrantes del Tribunal Criminal 1, desde el magistrado hasta sus empleados, tenían para con esta primera vez. Desde la incógnita del número de convocantes de aquellos vecinos (de aquí y más allá de las sierras también) que estaban citados, hasta lo que sucedería en la mismísima audiencia de debate, todo seguido con mucha atención para que no exista posibilidad alguna de impugnaciones.
Seguramente lo más expectante tenía que ver con la actitud de aquellos ciudadanos comunes que habían sido convocados para el hito judicial vernáculo. Y la audiencia preliminar en la que las partes fueron descartando integrantes resultó sabroso, a partir de percibir y palpar de primera mano los pensamientos y sensaciones de aquellos convocados para juzgar la suerte procesal de un acusado.
“¿Alguno de ustedes o un familiar sufrió algún hecho de violencia, abuso o delito?”, indagó el defensor Carlos Kolbl rompiendo el hielo de la treintena de los citados.
-“Unos delincuentes mataron a mi cuñada y otro familiar. Para mí a los asaltantes y violadores hay que darles pena de muerte”, fue la contundente respuesta de uno de los vecinos que, claro está, rápidamente fue descartado para ocupar una silla.
-“¿Alguno de ustedes vino con entusiasmo o porque es una obligación”, había también preguntado el fiscal Luis Piotti. A lo que la inmensa mayoría terminó aceptando que si no era porque se trataba de una carga pública (léase una obligación) no hubieran acudido. A no ser por dos señoras que sí se dijeron entusiasmadas con la posibilidad de protagonizar un juicio desde esa responsabilidad.
Otra de las citadas que también fue descartada se dijo molesta por la obligación de tener que venirse a Tandil por un juicio porque tenía previsto ese mismo día asistir al acto en el que a su hija le entregaban la medalla de egreso de la escuela. Situación que también mereció ser descartada de lo que estaban por venir.
“Bueno…estaríamos cerrando”, comentó por lo bajo el mismísimo juez Pablo Galli al fiscal y defensor cuando parecían envalentonados en seguir descartando jurados cuando apenas habían quedado 19 y ya no había mucho más por convocar. Es que el juicio debía contar con los 18 jurados, de los cuales seis quedaban como suplentes.
En este punto también radicó algún fastidio que merecería alguna corrección del sistema. Que queden seis jurados suplentes y tengan que atravesar todo el proceso de debate resulta en demasía. Se percibe que con un par o tres alcanzaría para tener que suplantar a alguno de los doce titulares por determinada contingencia.
Balance positivo
Independientemente de las detalladas situaciones el debate finalmente salió airoso, con un jurado que más allá de evidenciar cierto cansancio y algunos rostros de hastío por la extensa jornada que resultó, a nadie se le escapó que por unanimidad se los observó muy atentos cuando el juez les indicó sobre los instructivos a tener en cuenta a la hora de resolver el juicio. Allí, cuando notaron que era su turno, que era exclusivamente potestad de ellos sellar la suerte del acusado, estuvieron muy atentos a lo que se les indicaba para no cometer ninguna falta y resolver a conciencia.
También resultó interesante lo que concierne a agilizar el debate, por caso, el tiempo acordado (40 minutos) para que el fiscal y defensor aleguen. Sin dudas ello permitió que ambos avezados actores judiciales no se extendieran en demasía y captaran la atención de los 12 jurados que tenían que decidir.
Precisamente tanto el fiscal Piotti como el defensor Kolbl mostraron mucha preparación para el entuerto que debían protagonizar. Utilizando tonos, gestos, en su alocución que en un debate “ordinario” en el que deben resolver jueces profesionales, no lo hacen ya que se conocen y mucho, y las impresiones no sorprenden a un Tribunal, sí pueden resultar para vecinos comunes.
Adeptos y detractores
Respecto a esta nueva modalidad judicial en la ciudad, los detractores se enclavan en pensar que, en verdad, la gran mayoría de los vecinos no está interesado en participar y ser responsable de un juicio semejante, por lo que el espíritu que persigue la iniciativa (de que la gente se acerque a la justicia y vivencie en persona los avatares de un sistema con sus aciertos y errores) está lejos –al decir de éstos- de arribarse.
Si bien el caso ventilado (un hombre estaba acusado de abusar sexualmente de una menor y las pruebas eran más que contundentes) parecía contar de antemano con un final anunciado –culpable- aquellos que critican el sistema indicaron que después de tantas horas y fastidio los jurados tranquilamente, por cansancio o no tener ganas de estar, pueden no prestar atención y puede desencadenar cualquier desenlace, incluso lejos del sentido común.
En ese tren de desconfianza los detractores al sistema (dentro de la propia comunidad judicial) no dejan de poner relevancia en las estadísticas que aluden a un porcentaje igualitario entre condenas y absoluciones, lo que da margen a especular que aquello que se exige en la calle, en las manifestaciones y comentarios en las redes sociales (cárcel, castigo, mano dura) no se condice con el espíritu de aquellos que deben asumir la responsabilidad de juzgar un veredicto.
Bajo ese análisis, ejemplifican que en algunos casos por temor (en audiencias donde se juzga a un peligroso delincuente y entre el público presente están familiares de éste, tan o más peligroso) los jurados absuelven por miedo a represalias, a sabiendas que luego el sistema no los protegerá de las puertas hacia afuera una vez finalizado el juicio.
También en ese tren, señalan que toda la movida redunda en un dispendio de recursos económicos (viáticos, traslados, seguridad, hospedajes, viandas, etc, etc.) que en el estado de situación que vive el país y el sistema judicial en particular (carente de infraestructura, personal).
A favor
En cambio los que adhieren a la iniciativa consideraron muy favorable la primera experiencia y que, precisamente, la conducta que tuvo el jurado dio muestras que prevaleció el interés. Que con el paso del tiempo y cuando ya forme parte del uso y costumbre del sistema, se irá aceitando el funcionamiento en pos de hacerlo más ágil y, por ende, no tan tedioso como lo fue en algunos párrafos de la audiencia, principalmente cuando el magistrado tuvo que decir al inicio y el cierre del debate sobre el instructivo que refiere al principio de inocencia, el derecho a no declarar de parte del imputado, lo que significa una prueba directa e indirecta, y demás yerbas.
Fue tal la atención que merecía el debut de este juicio que otros magistrados y fiscales estuvieron presentes y atentos a cómo se desarrolló el juicio, sin dudas tomando nota de cara a una futura instancia en la que sean ellos los que deban afrontar la mencionada experiencia.
Se trató de la primera vez, y como tal merece ser revisada para confirmar y mantener lo que se hizo bien y corregir los yerros. Se trata de un sistema que no por viejo (ya estaba contemplado pero nunca se había puesto en marcha) deja de ser novedoso para la provincia y Tandil en especial, y el cual merece ser rescatado. Se trata de que el pueblo soberano tenga la palabra y decida. Eso solo no es poco.
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