Adiós al profesor Héctor Torrenti
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Entre 1947 y 1950, el básquetbol tandilense tuvo su época de oro, con canchas abiertas a excepción de la de Santamarina, donde el público se volcaba masivamente a alentar al equipo de sus amores.
La Asociación de Básquetbol de Tandil en esos momentos contaba en primera división con Santamarina, Independiente, Boca Juniors, Gimnasia y Esgrima, Excursionistas, Ferrocarril Sud, Unión y Progreso y el aporte de Colegiales, equipo dependiente de la Escuela Normal, que tuvo una lucida como fugaz participación en el básquetbol serrano.
En esos tiempos, Independiente tenía su sede social en Alem 550 y como entidad formadora creó una escuela deportiva bajo la dirección del profesor Héctor Torrenti, recién recibido del Instituto San Fernando. Fue una actividad de avanzada en la ciudad, los niños y jóvenes participaban con riguroso equipo deportivo “de blanco” y munidos de una pelota de goma y un bastón pintado de blanco, que no era ni más ni menos que un palo de escoba.
La confitería era atendida por los mozos Rubén Parolari y Héctor Galgano, que se convertirían en los “padrinos” de los chicos que realizaban actividades deportivas acompañadas por alguna travesura que en la medida de sus posibilidades tapaban aquéllos.
Héctor integraba en esos momentos la primera división del club y tenía en sus alumnos hinchada propia en cada partido. Sus clases contenían un sentido recreativo, toda una novedad para esa época, logrando en sus alumnos una fundamentación aplicada en cada deporte. Lógicamente, Héctor tenía su corazoncito en el básquetbol e Independiente logró mechar en su buen equipo a todos esos jóvenes que aprendieron con él el ABC del deporte de los cestos. Entre ellos: Los hermanos Pizzorno, los Lunghi, Guillot, Paso, Bonini, Lafourcade, Equiza, Pagés, Cereghetti y Esnaola.
Cuando las clases habían cumplido su objetivo, teníamos unos minutos de fútbol. Caso contrario, había pasajes de duro trote. Nos dejó Héctor Torrenti, la ciudad en su mayoría lo conoció como médico, cumpliendo con la sociedad distintas actividades. Hoy lo recordamos como profesor, como deportista, dejando un legado que sin lugar a dudas aquellos jóvenes de esa época son dirigentes o profesionales, o simplemente trabajadores que recorren las calles de la ciudad.
Hoy estará jugando con aquellos deportistas que dejaron este mundo, que fueron de su equipo o adversarios que supieron valorar su generosidad en la enseñanza y su hombría de bien que dejó como deportista en cada cancha.
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