Adiós, Oscar Janices
Corría la mitad inicial de la década del ?70 y el torneo de primera división del básquetbol de Tandil contaba con el clásico entre Independiente y Ramón Santamarina. Los rojinegros hacían de locales en el club Defensa Tandil, porque en ese momento se estaba construyendo el polideportivo Duggan Martignoni.
En aquellos momentos, Ricardo Galotto era un goleador implacable y estaba bien secundado por sus compañeros. Independiente no le encontraba la vuelta al goleo de quien era temible en el gimnasio aurinegro. Cada vez que se reeditaba el clásico, se jugaba con un lleno total.
Oscar Janices se había iniciado en el club de sus amores, en Villa Italia. Unión y Progreso lo tuvo como protagonista en todas sus divisiones, pero su apasionado amor al deporte, en su caso el básquetbol, lo llevó a jugar para Independiente, tal vez tentado por la posibilidad de ser protagonista en esos partidos a los que concurría tanto público.
Comenzó jugando desde el banco. Una noche, ante las dificultades para marcar a Galotto, muchos de sus compañeros salieron por faltas personales. A Janices le dijeron ?seguilo por toda la cancha?, y él se aferró a esa táctica y, ante el estupor de los espectadores, logró anular al goleador de Ramón Santamarina.
De ese momento, Independiente lo tuvo como titular y protagonista en muchas canchas. Su contracción al trabajo y sus actuaciones en alza lo llevaron a vestir la camiseta de la selección de esta ciudad, compartiendo con amigos jornadas memorables en este deporte. Oscar vivió el gran momento de los bahienses, con Fruet, Cabrera y Delizazo, cuando Tandil se enfrentaba con su representativo.
Corrí 1980 y Janices abandonó Independiente seducido por la chance de ser entrenador de Unión, cargo que ocupó por casi una década. En equipos dirigidos por él se formaron Germán Hernández, Marcelo Cano, Iván Martínez, Marcelo Camarzana, Miguel Arrizabalaga y Mauricio Martínez, entre otros.
Su ejemplar deportividad y dedicación, con la humildad de los grandes, le permitieron cosechar de sus dirigidos expresiones como ?fue un padre para nosotros? o ?compartimos su pasión por el deporte?.
Fue un excelente jefe de familia, empleado de una empresa telefónica. Fue respetado y querido por sus pares, vivió en una constante lucha, a sus últimos años les puso la misma garra que al básquetbol, ante los embates de una dura enfermedad. Se fue como ganador, compartió el crecimiento de sus hijos, sabiendo que ellos también asimilaron lo que él aprendió de la vida.
Desde el más allá, Oscar les estará diciendo a sus discípulos: ?Cuando marca a un dribleador, manténgase con los brazos abiertos y agazapado?.
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