Adjudicatarios del Plan Federal de La Movediza están desesperados por la ola de robos y asaltos
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Adjudicatarios del Plan Federal de La Movediza viven con enorme preocupación por una ola de delitos que creció tanto en número de casos como en violencia durante los últimos tres meses.
Marcela Ferrari, una de las habitantes de la calle Paseo de los Abuelos, describió que “te roban a vos, al otro día le roban al de enfrente; tantean las puertas; tiran piedras a los techos; se cruzan por los patios. Llamás y la policía tarda veinte minutos en llegar”.
Al estar el barrio alejado de la Seccional Segunda, de la cual dependen, los propietarios se comunican por teléfono para cuidarse entre todos.
En paralelo, Débora Veloz contó que están juntando firmas “para ver si siendo cantidad podemos llegar a lograr algo. El Municipio tendría que poner lo que tiene que poner. Realmente, realizar su trabajo, porque uno vive con miedo y no se puede seguir así”.
Al mismo tiempo, reclamó que “no solamente que salga en la foto cuando se entrega una casa, se inaugura un barrio, si no que los gobernantes, el Municipio, el que se tenga que hacerse cargo, que salgan a apoyarnos para poder hacer algo, poner un patrullero”.
Pasa
de todo
“El tema es la tardanza que tienen -dijo Marcela Ferrari- y aparte, la respuesta que te dan es como ilógica porque te dejan con las manos atadas. Los llamás y te dicen: ‘Mirá, nosotros no podemos hacer nada porque mañana a las 10 de la mañana está suelto’”.
También describió que “ponés alambre arriba del planchón, tipo cárcel, y te dicen: ‘Ponele corriente’, pero tenemos chicos. Queda un chico pegado y voy presa yo, y lo estoy haciendo por mí seguridad, porque hay muchos chicos acá y porque hay casos de robo y muchas otras cosas más. Me parece inútil llamar a la policía, porque si te van a dar ese tipo de respuestas, qué vas a hacer”.
Los comentarios que ruedan en La Movediza dan cuenta de abusos y violaciones, robos, asaltos y amenazas con armas, entre otros hechos graves y violentos. La situación socioambiental es complicada y no encuentran respuestas en las fuerzas de seguridad.
Además, los nombres que circulan son de gente que vive en casas del Plan Federal, algunos porque las han obtenido a través de la comuna y en otros casos, usurpadores. Todos los conocen, hasta la policía, lo que genera un gran temor.
Así, los vecinos no son dueños de dejar nada en los patios, tampoco pueden salir de vacaciones y si van a volver tarde (alrededor de las 23) a sus casas, tienen que avisarle a los vecinos para que estén atentos a los ruidos y movimientos.
En cuanto a sistemas de seguridad alternativos, Marcela Ferrari explicó que ella y otros tres vecinos “nos han agarrado un poco de punto, estuvimos buscando y vamos a poner una alarma vecinal o comunitaria. La idea es que se sumen más, porque tenemos que cuidarnos entre nosotros”.
Hace días, entraron a una de las casas por el patio y le robaron absolutamente todo “hasta la crema de la heladera”, graficó.
Al límite
Cuando las familias sorteadas del Plan Federal llegaron al barrio, la promesa era que serían matrimonios o madres solas con hasta dos hijos, trabajadores y con posibilidad de pagar una cuota. Según la gestión del intendente Miguel Lunghi, estos requisitos iban a permitir la consolidación de un barrio en el que reinara una buena convivencia y que no se produjeran situaciones de hacinamiento.
“En realidad, con lo que le pintaron a uno, estamos desilusionados. A mí me tocó que nos robaron las herramientas del auto porque no tengo todavía cerrado el patio, cuesta mucho dinero y estamos en eso. Me falta el portón de adelante. Entonces, del baúl del auto nos robaron las herramientas a las 6 de la mañana”, contó Débora Veloz.
Si bien ahora su marido consiguió otro empleo, indicó que “le cortaron las piernas en su momento, porque no pudo seguir trabajando y tuvo que arrancar de cero. Vimos inútil hacer cualquier tipo de denuncia porque ya sabemos qué te responden: que por mano propia te defiendas. Es inexplicable. Al contrario, tenemos que buscar la paz y que las autoridades hagan lo que tengan que hacer, con los policías y patrulleros que tiene que haber, es su trabajo”.
Tras una primera protesta, desde la comisaría Segunda los llamaron para realizar una reunión con los vecinos que aún no se ha concretado.
“No se puede vivir así… Hay que avisarle por mensaje a los vecinos y salir con palos, con hachas, con un cuchillo, con lo que tengas a mano para ver si lo podés agarrar, porque hasta que la policía llega, el tipo está en su casa tomando mate”, dijo Marcela Ferrari.
La mujer se preguntó: “¿Tenemos que regalarles todo?” y, enseguida, explicó que “todos tenemos chicos y el miedo es que si te entran a robar y sólo te llevan todo, decís ‘bueno, lo perdí’ y te costó un montón. El tema es que te tocan a tus hijos también. Esa es la impotencia”.
No les queda
otra que resistir
Por otra parte, Marcela Ferrari comentó que “mi marido dice que nos tenemos que ir. Es mi casa y me da no sé qué. Yo estuve años esperando la posibilidad que tengo de tener mi casa y decir me tengo que ir porque tengo miedo que le pase algo a mis hijos y por no poder dejarla sola”.
Con respecto a la postura del resto de los vecinos, manifestó que “el que tiene la posibilidad de irse lo va a hacer, porque así no podés vivir”.
Debora Veloz confió que sigue en el barrio “porque no tenemos la posibilidad, no nos queda otra que quedarnos. Aparte es también como un capricho, o no sé cómo decirlo, es mi casa, me tengo que quedar en mi casa. Mi marido ha llegado a pensar en estar armado y teniendo criaturas me parece un espanto, estoy totalmente en desacuerdo, en contra de lo que es la guerra, la violencia, me parece una locura, pero te dicen que te defiendas. Hay una paranoia que no se explica, no se entiende”.
En este sentido, su vecina agregó que “ya no sabés en quién confiar porque son un montón de personas. Es todo el tiempo. No dormís porque escuchás cualquier cosa, por ahí es un gato y salís temblando porque no sabés si hay un tipo. Yo los vi en el patio de mi casa. Entonces, me escondo adentro, trato de que mi hija nunca se despierte, estoy llamando y les digo que los tengo en el patio. Tengo todo cerrado, ¿que más necesitás? Están adentro, me arriesgo a eso. Y venís a los 20 minutos y con la sirena a todo lo que da. ¿Para qué me voy a arriesgar? Antes llamo a mis vecinos…”.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios