Afirman que en el consumo del alcohol los chicos necesitan incorporar límites desde lo simbólico
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
El psicólogo Adrián Córsico dialogó con este Diario sobre la problemática que se da con los adolescentes, la necesidad de ejemplos, normas, límites, de ordenar. Habló sobre el consumo de sustancias tóxicas y otros temas de relevancia que permiten pensar hoy en los adolescentes.
-Hace unos días una chica llegó en coma alcohólico al Hospital. ¿Qué lleva a un adolescente a esto?
-La adolescencia representa un enigma, un desafío para nuestra capacidad de conocer. La atracción de esta etapa proviene de una fuerte riqueza psicológica, que también tiene las consecuencias y sus desenlaces.
-¿En qué consiste esa riqueza psicológica?
-Una capacidad excesiva de fantasía, creatividad, imaginación del mundo externo e interno. De socializar, conocer, romper las reglas establecidas.
Los adolescentes que tienen incorporado su esquema de valores y creencias que viene desde la familia, el padre y la madre, tienen una coraza interna y la capacidad de conectarse con el mundo con alguien detrás que, de alguna manera, les dé un respaldo desde lo simbólico. Hablar con un adolescente, a veces, es como estar con alguien que habla otro idioma. Pero el lugar simbólico del padre es un lugar que no tiene palabras y que habla por muchas cosas.
Responsabilidades compartidas
-Entonces, ¿cómo se vincula esto con las situaciones en las que los chicos ponen en riesgo sus vidas con el alcohol?
-Yo no puedo hablar de un caso en particular. Puede ser que haya un padre, una madre que le habló. Hoy lo que se hace es buscar culpables: los padres, la escuela, los boliches, la calle…
-Pero, ¿aparece la necesidad de encontrar una responsabilidad o, por lo menos, un límite?
-Eso es lo que aparece, porque los chicos empiezan a sentir que el límite son ellos mismos. El límite ya no está puesto en la palabra del padre ‘no hagas’, el límite tiene que estar incorporado desde lo simbólico e internalizado, el chico tiene que saber qué hacer.
-Entonces, ¿cómo puede ser que si el chico sabe cuál es el límite, lo trasgrede?
-Ese saber es ficticio, es ‘yo sé, pero no puedo’, es un ‘yo sé’ que tiene que ver con la omnipotencia del adolescente. El ‘yo sé’ es hablar del antes, es qué hice antes. El niño se inviste simbólicamente desde el nacimiento y no es ‘qué hago con la adolescencia’, sino ‘qué hago yo con ese ser desde que nace’.
Todo parece que está apuntado al adolescente, pero hay que ver qué ejemplo simbólico tiene ese adolescente de sus padres. Yo le digo muchas cosas al adolescente, pero él me ve cómo me vinculo yo con mi entorno. Hay una frase que dice ‘harás lo que yo digo, pero no lo que yo hago’, pero a mí me parece que en un punto eso termina siendo ‘harás lo que yo hago’, porque los chicos terminan ocupando el lugar de omnipotencia del padre o de la madre. Tenemos que ver qué es lo que el adolescente percibe a su alrededor.
-¿Por ejemplo?
-Los grandes problemas que tenemos tienen que ver con eso. Se responsabiliza al chico, a los padres… pero también hay un contexto con el que ellos se vinculan, que los enriquece o no como adolescentes. La pregunta no es qué hago con él, sino que debemos mirar atrás para ver qué sucedió en ese tiempo para ver por qué está pasando esto ahora. En la interacción tiene que generarse el vínculo.
Límites claros
-Cuando se habla con los padres de los adolescentes, muchos manifiestan una dificultad para sostener límites. ¿Cree que esto es así?
-La pregunta sería qué es la libertad. La libertad es la capacidad de poder elegir. Pero qué significa elegir para un adolescente: ¿saber hasta dónde puede tomar?, ¿saber cuál es su límite? Cuando suceden estas cosas, hay como una coartación de la libertad: porque sé hasta dónde llego, pero no puedo elegir.
En ese momento, cuando las cosas suceden fuera de la mirada adulta y lleno de miradas adolescentes que, en un punto ven eso como algo lógico o normal, termina sucediendo.
-Igualmente muchos chicos no aprueban que una adolescente como ellos termine hospitalizada.
-El adolescente toma conciencia después, viene el arrepentimiento, la angustia. El antes no existe para él.
-¿Y qué podría ser ‘el antes’?
-Es esa investidura narcisista de creer que todo lo puede controlar frente a un padre que se siente inseguro, que sabe que no es verdad, que no va a controlar todo y que le explica que tenga cuidado, y el adolescente lo escucha de un modo omnipotente.
-Sabe, pero piensa que nada le va a pasar…
-No es que no tenga claro nada, tiene claro su mundo, pero el enemigo es él mismo, con la omnipotencia de pensar que no hay talón de Aquiles. Para ellos todo les pasa a los padres, no a ellos.
Y esa necesidad de experiencia puede estar ligada a un acto de creatividad fantástico, a ser un gran deportista, pero también está puesto en lo otro, en su propio narcisismo. Ellos saben qué hacer cuando las reglas fuera del mundo familiar son impuestas por ellos mismos o por ciertos códigos externos que están dispuestos por la noche.
-Los adolescentes hablan de presiones de sus compañeros, de sus amigos.
-El grupo es una prolongación del adolescente y, entre lo que el grupo dice y lo que puede pensar él, no hay mucha diferencia. Hay una concepción del grupo donde el grupo es parte de sí mismo. Quizá no es cuestión de ver por qué le pasó a tal o cual, sino que hay que ver qué pasa en ese contexto. Uno va siempre al caso, pero hay que tener una mirada global de qué pasa en ese grupo, en esa escuela a la que va, dentro de qué contexto sociocultural está. Creo que hay que aprender de ciertas situaciones y no mirar todo como tragedia. La pregunta es: ¿no pudo elegir? o ¿lo eligió?, ¿hubo un acto consciente en esta acción? Esto quizá se lo está diciendo a todos. Yo no pienso que haya que ‘fortalecer la familia’, creo que tenemos que pensar en el contexto más macro.
Poder ordenar
-¿Y entonces cuál es el punto a debatir entre adultos y adolescentes?
-Entre padres e hijos la relación debería ser asimétrica. Hay una diferencia entre dar órdenes y ordenar. Si yo genero la posibilidad de orden, puedo ordenar. Si tengo un contexto donde la ley funcione, puedo dar la orden.
-El adulto promete muchas cosas que después no puede cumplir.
-Entre el adolescente y el adulto se generan proyectos que después no se cumplen. Los adultos tienen sus conflictos y preocupaciones y no se dan cuenta que el hijo observa permanentemente a los padres. El adolescente sabe la vida de sus padres y habla con una noción de realidad increíble. Pero saber no implica entender. El pensamiento adulto es distinto al del adolescente.
El adulto muchas veces se queda paralizado frente al cambio del niño que se convierte en adolescente y tiene nuevos códigos, la computadora, los sobrenombres, los hábitos, todo eso también se convierte en un duelo para el adulto.
-En este caso específico de consumo de alcohol, ¿qué le parece que se puede hacer?
-No creo en vigilar y castigar. Pero hay una ley que estamos intentando cumplir y tiene que cumplirse, lo que no implica que los menores no vayan a conseguir alcohol. Sí estamos de acuerdo en que a un menor de edad no se le puede vender alcohol. Pero, ¿esa ley es introyectada por el adolescente o se las va a arreglar para conseguir alcohol? Si la sociedad misma infringe esa ley, hay un doble problema. Si van a las 4 de la tarde a comprar alcohol y alguien les compra o alguien les vende, hay un problema.
Me parece que lo que sirve es muy difícil, y tiene que ver con el lugar simbólico que las instituciones y los adultos ocupan frente a los jóvenes.
-¿Y eso en qué se traduce?
-En espacios de recreación creativa, de contención, en clubes. Yo creo que sirve tener sensación de pertenencia a un lugar diferente al de la casa, donde también hay reglas. Sirve tener incorporado esto de salir de un lugar donde no hay leyes a otro lugar donde hay leyes, donde no puede trasgredir.
Creo que se necesitan espacios intermedios entre la familia y la sociedad. No importa cuáles: militancia política, clubes, Iglesia. Lo que sea, pero que no sea anómico.
-O sea, prevenir…
-En esto reside la cuestión: no se trata de qué hacemos frente al hecho consumado, sino cómo pensamos la prevención. Hay que hablar de la posibilidad de prevenir, donde el padre pueda intervenir de manera indirecta. En un espacio intermedio, el adolescente siente su libertad pero sigue incorporando normas. *
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios