Aguardan el análisis de alcoholemia para definir la situación procesal del detenido
Precisamente comenzó a correr el plazo de la causa para que el fiscal Gustavo Morey resuelva la imputación con la que va a recaer para con el acusado, quien en la audiencia del 308 dejó sentada su versión de los hechos, admitiendo que fue el autor del golpe que terminó lesionando mortalmente a la víctima, quien era su amigo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSobre la imputación, el ministerio público aguarda por resultados peritales oportunamente solicitados, sobre todo en lo que concierne al de alcoholemia, a partir del cual se confirmará en el estado en que se encontraba el victimario a la hora de las agresiones y si estaba en su sano juicio para comprender la criminalidad de sus acciones.
Claramente la información también resulta clave para la estrategia del defensor oficial Carlos Kolbl, quien con dicho peritaje, además de otros estudios encargadoscomo por ejemplo una evaluación neurológica, buscará acreditar la inimputabilidad de su pupilo.
Trascendió al respecto que el acusado sufriría alcoholismo crónico, por lo que se requiere de una perspectiva clara para saber cuál es el cuadro clínico general, cuál es la afectación que pudo padecer por lo consumido ese día y desde allí definir la pretensión procesal. Cabe consignar al respecto que en el allanamiento la policía secuestró bebidas varias que servirían de elemento de prueba para confirmar la ingesta alcohólica.
La versión del acusado
Según lo declarado por el imputado frente al fiscal, dijo no recordar la agresión perpetrada, aunque sí reconoció los instantes de la pelea previa que, vale aclararlo, no era la primera vez que sucedía a pesar de su amistad, sobre todo en los días donde ambos bebían (desde la investigación dejaron trascender a modo de comentario que si no hubiera tenido un final trágico, seguramente la relación se hubiera recompuesto, como otras tantas veces).
Dijo que ambos estuvieron bebiendo desde la mañana de aquel día y que la discusión comenzó por desavenencias por un trabajo en la casa que Rodríguez estaba encargado de hacer, por pedido del padre de Gazzola, quien precisamente le recriminaba que dichas tareas no las realizaba. Rodríguez, entonces, se metió en la casa al unísono que lo acusaba de “buche”, tirándole a la calle elementos varios, como el lavarropas y ollas.
Ingresó una vez, y Gazzola lo sacó a empujones. Rodríguez volvió sobre sus pasos y entró nuevamente a la propiedad, instante en que Gazzola tomó un caño de gas y allí se habría producido el golpe letal, golpes que el imputado dijo no recordar.
Como se indicó oportunamente, en la pesquisa no hay testigos que dieran cuenta de la agresión. Sí la escena final, con la victimario con el fierro en la mano y la víctima tendida en el suelo.
El caso
Como se informó, la víctima sufrió un severo traumatismo de cráneo al ser agredido con un fierro, que le impactó -en al menos dos oportunidades- en la cabeza. El hecho se produjo el último miércoles, en la zona de Ezeiza y Curuzú Cuatiá.
En principio, Amílcar Rodríguez fue llevado por un taxista hasta el Hospital Ramón Santamarina, donde se determinó que había sufrido sendos golpes en la cabeza. Posteriormente, lo derivaron a terapia intensiva de la Nueva Clínica Chacabuco.
Fuentes policiales informaron que la agresión ocurrió cerca de las 20 del 25 de septiembre, cuando los involucrados en estado de ebriedad, comenzaron a discutir en la casa de uno de ellos y terminaron peleándose en la vía pública.
De pronto, uno de los contrincantes le aplicó a su oponente dos fortísimos golpes con un fierro en la zona craneana, dejándolo inconsciente en la calle.
Un chofer de taxi que pasó por allí, lo alzó y lo trasladó al nosocomio local. Una vez en el centro asistencial, los médicos lo revisaron y le realizaron todos los exámenes pertinentes.
Personal de la comisaría Segunda se apersonó en el Hospital donde indagó en pos de intentar reconstruir el hecho. Luego de recabar algunos datos, logró dar con el agresor, identificado como Guillermo Gazzola, quien habría confesado lo sucedido.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios