Aguirre amplía horizontes y espera nuevas propuestas
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Martín Aguirre cerró otro año en el fútbol del exterior, empezándolo en Bolivia y finalizándolo en Colombia. Jugó el primer semestre de 2011 en Universitario de Sucre, donde permaneció durante dos temporadas y media; y el segundo en Deportes Pereira, que perdió la categoría en su país.
“Chiquito” disfruta esta parte del año en Tandil, junto a su esposa Karina y a sus hijos Franco (9 años), Paulina (4) y Thiago (2), éste nacido en Bolivia.
El zaguero de 1,92 m, próximo a cumplir 28 años, hizo un balance de lo ocurrido en los últimos tiempos, mientras analiza propuestas para la continuidad de su carrera.
-¿Qué te dejó la experiencia en Universitario de Sucre?
-Me trataron muy bien y llegué a jugar un total de noventa partidos en dos años y medio, incluyendo Copa Libertadores y Copa Sudamericana. La gente del club se portó de la mejor manera conmigo, incluso me renovaron contrato cuando yo estaba lesionado.
-¿Por qué decidiste ir a Colombia a mediados del año pasado?
-Porque era beneficioso para mí, ya que pasaba a jugar en un país que tiene un fútbol muy competitivo. Pereira estaba casi condenado al descenso y había tenido problemas dirigenciales, pero yo analizaba que tenía todo para ganar. Me servía para crecer y era un desafío importante. Más allá de haber perdido la categoría por el promedio, se armó un buen equipo y estuvimos a un punto de entrar en el octogonal final.
-¿Notaste mucha diferencia entre los rivales que enfrentaste en Bolivia y Colombia?
-Son campeonatos distintos. En Bolivia influye mucho el tema de la altura y el clima. Se juega un poco más lento y hay mucha irregularidad en los resultados. En Colombia también se siente el calor pero hay espacios, se apuesta mucho a la tenencia de la pelota y te encontrás jugadores que tienen experiencia habiendo pasado por Argentina o por otros países.
Entre mis compañeros estaban Totono Grisales, el arquero Robinson Zapata y John Viáfara, que le hizo el gol a Boca en la final de la Libertadores jugando para Once Caldas en 2004.
-El año terminó con algo que parecía imposible, el descenso de América de Cali.
-Fue increíble, porque ellos se clasificaron entre los ocho mejores y quedaron afuera en el primer cruce. Les tocó la Promoción con Patriotas y nadie pensaba que podían descender. Empataron de visitantes, también de locales y perdieron por penales. Tengo gente amiga de Cali y me decían que estaban todos conmocionados, porque nadie esperaba esto. Se dio medio parecido a lo que pasó con River en Argentina.
-En lo personal, ¿cómo evaluás tu nivel actual comparado con otros momentos de tu carrera?
-Para mí, éste es el mejor momento. En Huracán de Tres Arroyos tuve una gran campaña en el ascenso, pero en estos últimos años que estuve fuera del país fui cumpliendo sueños, jugando torneos internacionales y abriendo puertas en otros países.
-¿Tu trayectoria tuvo muchos altibajos, al menos en cuanto a los equipos que integraste?
-Puede ser. En Ferro estuve por dejar de jugar y apareció Huracán de Tres Arroyos, donde llegamos hasta primera división. Después del descenso volví a Tandil para jugar en Santamarina y ahí empecé a ver las cosas de manera diferente. Los momentos adversos y difíciles los fui dejando atrás, disfrutando todo lo que me iba tocando. Así fue que estuve en Villa del Parque de Necochea en el Argentino B, en Olimpo de Tres Arroyos en el Argentino C o un par de meses en Velense en el torneo local, entre medio de haber jugado en Villa Mitre de Bahía Blanca y Juventud Antoniana de Salta.
Siempre me entregué al máximo por la camiseta que me tocó vestir, con la mejor actitud y viendo las cosas positivas, más allá de la categoría que jugara. A la larga, eso me permitió estar en lugares importantes.
-En lo personal, ¿tu peor momento fue el último ciclo en Huracán de Tres Arroyos?
-Yo en aquel momento volví a Tandil por mi familia y porque Santamarina me abrió la puerta para jugar en el Argentino B. Fue una bendición para mí, porque me ayudó a recuperar a mi familia.
Y en lo deportivo empezamos sin grandes resultados y se tuvo que ir el Negro Conti. Después no me tocó jugar con el Tano Pernía, hasta que me devolvió la oportunidad Mario Gambini, a quien le estaré siempre agradecido. Terminamos ascendiendo al Argentino A y entré en el último partido contra Rivadavia de Lincoln.
-¿En algún momento pensaste que ya no ibas a tener a tu familia?
-Sí, porque pasó un año estando lejos de Karina y de Franco. Me sentía solo y tenía un vacío en mi corazón, más allá de que el fútbol era mi cable a tierra. Fue muy importante Leonel Gancedo, quien me habló de Cristo y me dijo que lo acepte en mi corazón. Tomé esa decisión y él hizo el milagro, con mi familia, con mi carrera, con mi salud, con todo.
-Hasta entonces, ¿nunca te habías acercado a la religión?
-No, a Dios lo tenía como un paraguas. Cuando venía la tormenta, le pedía ayuda. Y cuando pasaba la tormenta, lo dejaba. Desde entonces no lo tomo como una religión sino como una forma de vida, porque pasa por un sentimiento interno. Pasé por momentos difíciles pero siempre he tenido esa ayuda.
-¿En lo futbolístico que vendrá para vos?
-Me quedé con ganas de seguir en Colombia y una de las posibilidades es sumarme a algún equipo de primera división. Las puertas están abiertas y lo que venga será lo mejor. Mientras tanto, me entreno en Independiente, gracias a la gentileza de Rubén Conti y de toda la gente del club.
-¿La vida en Colombia es tan insegura como se ve desde afuera?
-Es un país hermoso y Pereira es una ciudad como Tandil. La gente es muy amable y te trata de la mejor manera. La inseguridad pasa por un problema interno de gobierno y político, que viene de muchos años atrás.
En la calle estuve siempre de la mejor manera y sin problemas, aunque tengo compañeros que andan custodiados todo el tiempo, lo mismo que los dirigentes. La gente que tiene un alto poder adquisitivo se maneja siempre con personal de seguridad.
-¿Te quedaron ganas de jugar en el fútbol grande de Argentina, más allá de aquel año en Huracán de Tres Arroyos?
-Sí, hubiera sido lindo tener una continuidad. Nunca pierdo la fe, aunque soy consciente de que acá hay muchos jugadores y mi carrera se encaminó más hacia el exterior.
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