Ajedrez gallo en el barrio Arco Iris
En esto de la mentira, la estrategia, los rivales y los compañeros, el truco es un juego maestro. Se disfruta de a dos, de a cuatro o de a seis. Pero se inventó una modalidad con poca prensa positiva, cuando los contendientes son tres y no queda otra: el truco gallo.
El martes pasado, en el barrio Arco Iris, a lo que se jugó fue al ajedrez gallo, con tres participantes que saben bastante de medir todo el tablero y acomodar las piezas.
Los jugadores, Daniel Scioli, Diego Bossio y Miguel Lunghi, no ponían demasiado en juego ante tan magnífica obra. El sueño de todo gobernante elegido por el pueblo, o de cualquier funcionario designado, debería ser tener todos los días de sus gestiones públicas, días como ese. Días de soluciones, de concreciones, de alegrías, de dar.
Pero, más allá de la coincidencia en lo trascendental del día, de su significado político como buena palabra y no como término con carga negativa, el martes se movieron distintas piezas en esa partida de casilleros multicolores y no sólo blancos y negros.
El Gobernador, con sus laderos a la izquierda del escenario, vino, recorrió, saludó, habló, prometió, y voló. Cosechó aplausos, saludos y algunos pedidos recurrentes de sus partidarios locales por un poco más de atención.
El titular de la Anses, mitad local, mitad visitante, no llegó a ver cómo empleados de su repartición -de los muchos que había tan tandilenses como él- corrieron contrarreloj para lograr colocar los banners de la Anses justo al costado del pequeño palco, ante las gigantografías bonaerense y municipal. Movió alguna de sus piezas al destratar al Intendente, pero tampoco lo suficiente como para generar un nuevo roce como el que propinó semanas atrás desde las páginas de El Eco de Tandil. Ensalzó sus programas, la obra de la Presidenta, y saludó. La barra más ruidosa lo acompañaba, tanto con aplausos como con rechifles para el mandatario local.
El Intendente, hábil en este juego, pero temeroso a la mula, llegó acompañado por toda la plana política de su gobierno, ubicada, por un lado, en las estratégicas primeras filas de sillas, y por el otro, dispersadas por los alrededores del acto. Cuando hizo falta, aplaudieron. A veces, pareció que más de la cuenta. Algunos sobreactuaron su radicalismo. Y su presencia preventiva no fue finalmente necesaria, ya que el clima fue extremadamente calmo.
Y fue tablas entre tres.
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