Alejandra
Por Marcos Gonzalez
(marcosggonza@gmail.com)
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Durante todo el fin de semana no pudimos escapar a los informes sobre el décimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas. A menos que hubiésemos decidido apagar la tele, la radio, no leer diarios ni portales de internet. La opción no es mala, sin embargo -al menos para quien trabaja en un medio de comunicación- no es aconsejable.
Las imágenes de una de las torres incendiándose y el avión que se estrella en la segunda, inevitablemente me llevaron a recordar aquella mañana de 2001. Con cada una de las personas que hablé del tema me pudo relatar con detalles qué estaba haciendo aquel día.
En mi caso, estaba trabajando y como en todos los lugares donde había un televisor, nos quedamos impávidos frente a la pantalla sin poder creer del todo lo que estaba pasando.
Como cada vez que ocurre una tragedia, desde los medios comienza la búsqueda de "uno de los nuestros" en el lugar del hecho.
Las posibilidades de que hubiera un tandilense eran ínfimas. Hasta que finalmente nos llegó el dato. Afortunadamente, no estaba entre las víctimas, sino entre los que actuaron en las tareas de auxilio.
Un par de días más tarde tuve oportunidad de hablar telefónicamente con Alejandra Ciappa.
Tenía, ella, 30 años y una voz pausada, suave; un timbre de voz, una cadencia que no son comunes. Esa calma que transmitía su diálogo contrastaba con el relato que daba cuenta del horror, la angustia, la muerte.
Desde entonces creo que no volví a hablar con Alejandra. En algún 11 de septiembre releí su historia en los diarios nacionales y la vi en un almuerzo de Mirtha Legrand.
-La doctora Alejandra "Chapa", la médica que fue heroína en las Torres Gemelas, anunció la presentadora.
Allí estaba la tandilense, tímida, con su voz cadenciosa y su historia "heroica".
Ayer a la mañana, mientras trataba infructuosamente de ordenar -como cada domingo- el galpón volví a escuchar su voz.
La radio estaba prendida desde temprano en Del Plata. Alberto Lotuf repasaba los diarios y las noticias del día. Nada de mayor importancia. Hasta que de repente reconocí aquella voz conocida.
Me detuve a escucharla. Y luego de diez años comprendí que la gran historia de Alejandra no es su participación en las tareas de socorro a las víctimas del 11-S. Al fin y al cabo, como ella misma bien se encarga de remarcar en cada entrevista, fue casi una imposición de su profesión de médica.
La gran historia de Alejandra es la propia. La de su amor a la vida; la propia y, también por convicción, la ajena.
Así pudo superar un cáncer que le detectaron por aquellos días en Nueva York. Así también, un último y agónico esfuerzo la salvó de morir intoxicada con monóxido de carbono a raíz de una pérdida en su departamento, a seis meses del atentado.
Con esas mismas ganas de vivir continuó su especialización en genética y hoy es una reconocida especialista en su disciplina a nivel internacional.
Detrás de los grandes hechos siempre hay pequeñas historias.
A veces me da por creer que es al revés.
Las imágenes de una de las torres incendiándose y el avión que se estrella en la segunda, inevitablemente me llevaron a recordar aquella mañana de 2001. Con cada una de las personas que hablé del tema me pudo relatar con detalles qué estaba haciendo aquel día.
En mi caso, estaba trabajando y como en todos los lugares donde había un televisor, nos quedamos impávidos frente a la pantalla sin poder creer del todo lo que estaba pasando.
Como cada vez que ocurre una tragedia, desde los medios comienza la búsqueda de "uno de los nuestros" en el lugar del hecho.
Las posibilidades de que hubiera un tandilense eran ínfimas. Hasta que finalmente nos llegó el dato. Afortunadamente, no estaba entre las víctimas, sino entre los que actuaron en las tareas de auxilio.
Un par de días más tarde tuve oportunidad de hablar telefónicamente con Alejandra Ciappa.
Tenía, ella, 30 años y una voz pausada, suave; un timbre de voz, una cadencia que no son comunes. Esa calma que transmitía su diálogo contrastaba con el relato que daba cuenta del horror, la angustia, la muerte.
Desde entonces creo que no volví a hablar con Alejandra. En algún 11 de septiembre releí su historia en los diarios nacionales y la vi en un almuerzo de Mirtha Legrand.
-La doctora Alejandra "Chapa", la médica que fue heroína en las Torres Gemelas, anunció la presentadora.
Allí estaba la tandilense, tímida, con su voz cadenciosa y su historia "heroica".
Ayer a la mañana, mientras trataba infructuosamente de ordenar -como cada domingo- el galpón volví a escuchar su voz.
La radio estaba prendida desde temprano en Del Plata. Alberto Lotuf repasaba los diarios y las noticias del día. Nada de mayor importancia. Hasta que de repente reconocí aquella voz conocida.
Me detuve a escucharla. Y luego de diez años comprendí que la gran historia de Alejandra no es su participación en las tareas de socorro a las víctimas del 11-S. Al fin y al cabo, como ella misma bien se encarga de remarcar en cada entrevista, fue casi una imposición de su profesión de médica.
La gran historia de Alejandra es la propia. La de su amor a la vida; la propia y, también por convicción, la ajena.
Así pudo superar un cáncer que le detectaron por aquellos días en Nueva York. Así también, un último y agónico esfuerzo la salvó de morir intoxicada con monóxido de carbono a raíz de una pérdida en su departamento, a seis meses del atentado.
Con esas mismas ganas de vivir continuó su especialización en genética y hoy es una reconocida especialista en su disciplina a nivel internacional.
Detrás de los grandes hechos siempre hay pequeñas historias.
A veces me da por creer que es al revés.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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