Alertan sobre el gran peligro que genera una cava profunda que utilizan cientos de bañistas
Dos enormes y profundas cavas, producto de la extracción de piedra que se realizó años atrás en la hoy abandonada cantera Cerro Leones, se han convertido en un verdadero atractivo, transformando al lugar en un balneario en el que no sólo se ha habilitado un precario trampolín sino que además de clavados desde los 15 metros de altura, protagonizados por menores que hacen fila para ello, también concurren con motos de agua y se realizan asados, porque es sabido que el agua, da hambre.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl predio es privado y los accesos principales se encuentran cerrados con tranqueras y sendos candados, además de carteles que indican que está “prohibido pasar”. Sin embargo, el calor y la falta de espejos de agua en Tandil han podido más, y la gente concurre desde distintos puntos de la ciudad, además de vecinos de Cerro Leones, Las Tunitas y La Movediza. Para ello, se han cortado y derribado alambrados, haciendo caso omiso a los carteles que advierten la prohibición.
Con una de las cavas con una profundidad cercana a los 12 metros y la otra de 6, el último fin de semana el lugar convocó a cerca de 400 personas, según testimonios que este Diario pudo obtener durante una charla con dos vecinos, que ratificaron la situación y el peligro que conlleva.
PARA JUAN MANUEL FERNANDEZ
“En el fondo hay piedras
de petardeo y no sé cuántas
cosas más, es muy peligroso”
Juan Manuel Fernández es vecino de Cerro Leones y fue sereno del predio. En diálogo con El Eco de Tandil, dijo que “hace rato que viene la gente a bañarse acá y se va corriendo la voz y cada vez son más, pero la verdad es que es un peligro, porque abajo está lleno de piedras, grandes rocas, las que llamamos ?de petardeo? y en toda la cava, la profundidad llega a los doce metros o más, salvo en dos partes, muy chicas, que eran las bajadas de los camiones, pero acá hay que saber nadar muy bien porque enseguida se deja de hacer pie”.
Describió que “los chicos se tiran desde lo alto. Son cerca de 15 metros y yo les dije que no se tiren, pero no hacen caso. Cuando las canteras funcionaban, se llenaban de agua, las dos, y la sacaban a la calle para poder seguir trabajando, por eso ahora se acumula y se forman estos piletones que la gente aprovecha para bañarse los fines de semana y algunos días de la semana, también”.
En cuanto a la peligrosidad, Fernández señaló que “conozco bien el fondo porque lo he caminado. Hay de todo ahí, desde las piedras de petardeo, y cualquier cosa. Es muy peligroso, pero la gente va igual. El año pasado había un cuidador y no dejaba entrar a nadie, los sacaba con la policía, pero igual cada vez le hacían menos caso”.
“Los chicos se tiran de arriba, no tocan abajo porque es muy profundo, pero es muy peligroso. Vienen muchos chicos solos, sin sus padres, chicos, de ocho, nueve años. Quién los cuida, no sé. Hasta ahora no pasó nada, pero en cualquier momento puede pasar. Los chicos hacen muchas locuras y no te escuchan, se tiran igual”, agregó Fernández, rogando que “ojalá nunca pase nada, ojalá”.
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JORGE LISARDO ALVAREZ, OTRO TESTIGO
“El domingo había, por lo
menos, 400 personas acá”
Por su parte, Jorge Lisardo Alvarez fue hasta hace unos meses el cuidador del lugar, pero dejó de percibir su sueldo, por lo tanto, no concurrió más a su trabajo.
En una entrevista con El Eco de Tandil, expresó que “hasta el mes de septiembre trataba con el ingeniero Guerra, pero después no vino más. No sé, yo dejé de venir a cuidar porque no llamó más y no me pagó más. Dicen que se vendió, se dicen muchas cosas, pero la cuestión es que ahora esto es tierra de nadie y entra todo el mundo. No respetan los carteles, se meten y pasan el día ahí adentro y la verdad es que mucho me temo que pase algo, en cualquier momento, ojalá que no, pero con las cosas que pasan ahí adentro, hay que tener mucha suerte para que no haya una desgracia en cualquier momento”.
Alvarez relató que “antes, cuando alguien ingresaba, llamaba a la policía y los sacaban y así, más o menos, podía mantener el lugar libre de intrusos, pero era muy complicado porque ni caso hacían, se volvían a meter. Venían de todos lados, era difícil, y ahora es fácil porque nadie está cuidando este lugar”.
Agregó que “hasta el año pasado no entraba nadie, pero después todo fue un caos. El domingo había por lo menos 400 personas acá. Hacían asados, entraban con los coches hasta adentro, con motos, de todo, y en algún momento, si no hacen nada, algo va a pasar”.
Dijo ignorar si el actual dueño de la tierra conoce la situación que se está generando en la cantera, “porque me sentí desafectado del lugar porque dejaron de pagarme el sueldo. Ojalá hicieran algo acá, pero organizado, habilitado y como corresponde, porque así es un verdadero peligro”.
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