Alguien tiene que ceder
La clausura de otra semana en este extenso conflicto entre el campo y el Gobierno sorprende a Tandil en el centro de la escena, a partir de la celebración de un acto nacional, en el que el agro demostró su fuerza.
Los últimos diez días fueron propicios para lanzar versiones de toda índole. Corrió la voz sobre un nuevo corralito, la amenaza de grupos de choque que enfrentarían a los productores agropecuarios y el posible acercamiento de las partes alentado por un moderado discurso K en la asunción del PJ.
Cierto es que el campo sigue en las rutas y la presidenta Cristina Fernández, con su agenda en el exterior, desde donde lanza señales vagas, y al mismo tiempo reconoce que los alimentos pasarán a tener un alto valor estratégico en el mercado internacional.
Por estas pampas, las cosas cambiaron mucho. Y esa comunidad apática ante los reclamos, a la que siempre le costó sumar de a centenas en las marchas, hizo bulto y ruido ayer, en la ruta.
Los aplausos y los cantos confirmaron que muchos fueron para ver de cerca al entrerriano Alfredo de Angeli, un hombre sencillo y una presa fácil para las emociones. Con palabras sencillas y atuendo de trabajador, logró efusivas muestras de adhesión a la postura del agro. Pero también avanzó en un concepto de país federal, con relevancia de las localidades del interior.
Apelando a la familia y al rol que jugaron los antepasados, este chacarero de piel curtida por el sol acumulado en largas jornadas a la intemperie, supo tocar el corazón de muchos pares. Apostó en varias manos al valor de la herencia y la tradición.
También apeló al compromiso de los jóvenes con la política y los cargos dirigenciales, los llamó a no permanecer tranqueras adentro y de aquí en más, los alentó a formar parte de los espacios en los que se gestan las políticas para el futuro del país.
A ese costado blando, el de los sentimientos, De Angeli le contrapuso una férrea convicción, la de no abandonar la lucha. Y el mensaje fue más que claro: el campo se quedará al costado o arriba de la ruta hasta tanto el Gobierno firme un acuerdo convincente.
En esta pulseada del kirchnerismo contra un tradicional e importante sector productivo, muchos juegan sus cartas, ganan y pierden apoyo, pero habrá que esperar que pase el cimbronazo para medir los costos reales, en las mediciones de imagen o en las urnas.
Así las cosas, con el campo firme en su reclamo y el Gobierno vago en sus intenciones, alguien tendrá que ceder para que la Argentina pueda salir adelante.
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