Aplazados
Sea por una espasmódica visión republicana, porque no le quedaba otro camino para descomprimir el conflicto con el agro, o porque se suponía seguro vencedor en el mano alzada de las bancas afines, el Gobierno K decidió que el debate por las retenciones móviles, o la polémica resolución 125, se trasladara al Parlamento.
Sea por lo que fuere, el ejercicio suena menos peor que el ninguneo legislativo al que hemos asistido en las últimas décadas.
Pero, de pronto, al tema que por torpeza oficial monopolizó la agenda y paralizó al país en los últimos ciento y pico de días, lo acompañó un espectáculo mucho más emparentado con lo soez que con lo bizarro que había venido ofreciendo.
Como cortina de las discusiones en ciernes, la Plaza de los Dos Congresos, de la noche a la mañana, se convirtió en un camping fellinesco, con la sobreactuación de los huevos parlantes, los toros inflables y mecánicos, las palomas que desplazaron a las auténticas moradoras del espacio público y los pingüinos.
Así, entre una tocata de rugby y un improvisado partido de bochas, entre el truco y la play station, las pizzas de la Juventud kirchnerista y las tortas fritas de Nina y Castells, se armó un combo indigerible montado sin excepciones por adherentes a las causas en pugna.
Como correlato, el ex presidente Néstor Kirchner mandó por unos días a Luis D?Elía a unas bien ganadas vacaciones en Brasil, premio a su tan fabulosa como irritativa contribución al modelo en las fases de mayor confrontación, y se quedó con el monopolio discursivo. Ergo, en su tono generalmente procaz, hizo su aporte al pedir ?pónganla? a sus legisladores en trance dubitativo.
Con todo, las cuatro entidades del agro deberán aceptar ahora lo que resuelvan representantes febrilmente tironeados entre los principios, la fidelidad a los representados o al partido gobernante y su caja que disciplina.
El camino democrático, que reclamaron con un millón de firmas en las rutas, está siendo desandado. Por ahora, el final está abierto. El debate es posible y necesario; el voto a paquete cerrado sería una nueva y riesgosa desmesura.
De no lograr un objetivo razonable para sus intereses, y a estas alturas para los de buena parte de los pueblos del interior, les quedará aún una alternativa, lejana en el tiempo, como lo es el aguardo de la resolución de la Corte Suprema de Justicia.
En el ínterin, estará en juego su capacidad para contener a las bases y la muñeca del Ejecutivo para dar un corte equitativo y definitivo a tamaño sinsentido.
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