Aquellos increíbles tiempos en los que en Tandil se discutía por ideas (8-6-08)
Tal como lo destacáramos en la edición del domingo pasado, nos encontramos en el mes del centenario de la Biblioteca Rivadavia.
Ante tan importante como grato acontecimiento para la ciudad, bien vale evocar aunque sean algunos de los muchos aspectos que circundaron a través del siglo, la marcha de la prestigiosa institución ubicada en la calle San Martín casi Yrigoyen.
Ricardo Pasolini, tandilense, doctor en Historia, publicó recientemente el libro ?La utopía de Prometeo. Juan Antonio Salceda, del antifascismo al comunismo?. En él se analiza exhaustivamente la obra de Salceda, uno de los más importantes intelectuales lugareños de toda la historia (aunque había nacido en España) y en particular el accionar de la gran creación salcediana, el Ateneo Rivadavia, como hijo dilecto de la Biblioteca.
Pasolini, a quien entrevistamos, es a su vez investigador titular de la Unicén e investigador adjunto del Conicet, amén de docente en Ciencias Humanas.
Fue profesor visitante en la Universidad de París VII y publicó artículos en importantes revistas académicas del país y del exterior.
Actualmente trabaja en un libro sobre antifascismos comparados, Buenos Aires-París.
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En general, quienes no alcanzamos a vivir la época del Ateneo Rivadavia, nos enteramos con mucho placer de aquella notable actividad cultural en este Tandil de poco más de medio siglo atrás. Y hasta nos sorprendemos gratamente. Sin embargo, a priori, parecería relativamente lógico que haya habido aquí un grupo de jóvenes intelectuales dispuestos a realizar múltiples actividades culturales, sobre todo teniendo en cuenta que estábamos muy lejos de contar con una Universidad que las genere. También podría pensarse en la convergencia de unas cuantas mentes lúcidas y personalidades inquietas, en el marco de una sociedad distinta, en la que todavía no se conocían ni la televisión ni la inseguridad, por ejemplo.
SE DISCUTIA EN LOS BARES, EN LAS ESQUINAS Y EN LOS ?MIERCOLES POLEMICOS?
Ante estos planteos, el investigador señala que ?cuando uno se coloca frente a los documentos de época no deja de asombrarse ante la actividad cultural desarrollada por el Ateneo Rivadavia durante 18 años. Y el asombro tiene que ver, sobre todo, con el peso que las ideas tenían en la vida pueblerina. Es decir, la gente discutía por ideas y no por personas. Quizás ése es el punto que más nos distancia con aquel tiempo. En la mesa de café, en las sesiones culturales del Ateneo que se llamaban ?miércoles polémicos?, en las asociaciones deportivas o de inmigrantes, dominaba la discusión por ideas.
-Una cuestión a esta altura algo perimida por los cambios sustanciales registrados en el mundo. ¿No le parece?
-Claro. Y a propósito, recuerdo que cuando en 1994 entrevisté a Arturo Ponssa, uno de los miembros del Ateneo, le pregunté sobre cuál era para él la diferencia entre aquellos años y su presente, y me dijo: ?Lo que pasa es que ahora no hay iglesia a donde ir a prender una vela?. Se habían terminado las creencias políticas, había caído el mundo comunista y las polémicas por ideas habían pasado de moda?
EL MANDATO SARMIENTINO DE
?EDUCAR AL SOBERANO?
-Pero además del ?mundo de las ideas? había también un deseo permanente de incentivar la educación y la cultura.
-Sin duda, un elemento fundamental residía en un acuerdo tácito que compartían todos los sectores dirigentes del Tandil de entonces, provenientes de tradiciones culturales, ideológicas y políticas muy diferentes. Ese acuerdo se basaba en la noción de que el acceso a la cultura era un modo para civilizar a la población. La idea de que ser ?culto? era algo positivo y distintivo para masones, radicales, conservadores o católicos.
-Pero con diferencia de matices.
-Según cada una de las tradiciones intelectuales en las que se inscribían, la función de la ?cultura? -entendida como cultura letrada- era cargada con otros significados. En la Biblioteca Rivadavia y luego en el Ateneo se conjugaron las tradiciones racionalistas y cientificistas que provenían de la masonería de fines del siglo XIX (educar al ciudadano, la vida republicana) con las ideas del arte de vanguardia que dominaban en la izquierda intelectual de los años treinta. Aquí aparece, entonces, el tema del arte y la literatura comprometida.
TANDIL COMO SUBURBIO DEL MUNDO
-¿Por eso se interesaron tanto por otorgarle a Tandil una vida cultural que los sacara del letargo pueblerino?
-Seguro. Muchas veces en los escritos personales o en la prensa de la época, se ve que son muy conscientes de que el Tandil de los ?30 y ?40 es un suburbio del mundo.
Por otra parte, ese sector dirigente integrado por mentes lúcidas e inquietas, como usted preguntaba hace un rato, no era muy numeroso, y no concebía a las otras formas de cultura como legítimas.
-¿Por ejemplo?
-Las culturas populares. Quizás por ello cuando advino el peronismo ese grupo se constituyó en un fuerte polo opositor.
-Pero siempre estuvieron convencidos de que a partir del acceso a la cultura las personas se mejoraban humana y socialmente.
-Sí. De allí que asistir a una conferencia o publicar una nota como autor en El Eco de Tandil o en Nueva Era, se convirtiera en un hecho a celebrar tanto en lo personal como de acuerdo a la función social que consideraban más legítima, la de educar al soberano. Educarse para la función cívica se fundaba en la civilización.
-Una perspectiva muy sarmientina.
-Totalmente.
EL ANTIFASCISMO, LOS NAZIS,
LOS REPUBLICANOS
-El clima antifascista se fue dando por el avance de esa ideología en Argentina en la década del treinta y por la situación mundial. ¿Cree que además se registró una marcada influencia de los republicanos españoles exiliados, que también los hubo en Tandil?
-En verdad, el papel de los republicanos españoles en la lucha antifascista local es más un resultado del clima antifascista general que una causa. Aquí, el rol más importante en el antifascismo lo juegan dos personas que en los años treinta hacían sus primeras armas intelectuales y que luego se convertirán en figuras importantes de la vida social y cultural. Me refiero a Juan Antonio Salceda y Víctor Magrini.
-¿Sobre todo por la actuación en el Ateneo?
-Sí, pero no olvide que algunos años antes, ellos fundaron, a principios de 1935, el Ateneo de Cultura Popular que tenía la pretensión de crear una cultura activa y actualizada porque evaluaban que Tandil era una periferia sin posibilidades de generar lo que ellos denominaban ?una cultura?. El Ateneo llegó a tener 70 socios activos. Pero a los pocos meses se declararon antifascistas y antiguerreros.
-¿Y eso??
-Sucedió que recibieron la visita de Aníbal Ponce, el intelectual más encumbrado de la izquierda argentina de entonces. Ponce había regresado de París a mediados de 1935 y había participado allí en la creación del Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas, que se había formado en 1934 para defender a la cultura de los embates del fascismo y, sobre todo, del nazismo a partir de 1933.
TANDIL, COMO EN BUENOS AIRES?
-Pero, a su vez, Ponce también ideó algo similar en Buenos Aires.
-Claro, creó la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores. Y luego se vinculó en Tandil con los miembros del Ateneo de Cultura Popular.
-Para los nuestros, ese vínculo era considerado todo un logro.
-Es más, lo consideraban un logro para la ciudad que habitaban. Porque para Magrini y Salceda esto significaba incorporar a un pueblo de provincia a la lucha antifascista internacional y en la clave de la actualización cultural.
-Para ubicarnos, estamos en el medio de todo el auge de la contienda española, primera parte de la década del treinta.
-Sí. A partir del triunfo del Frente Popular en España y con el desarrollo de la Guerra Civil, entran los republicanos en escena, que son los españoles inmigrantes que adhieren a la República. Lo que sucede es que se tenía la percepción de que en España se dirimía el futuro del mundo civilizado.
-Y no olvidemos que, por entonces, Tandil todavía contaba con muchos españoles nativos.
-Sí. De allí las fuertes polémicas y la lucha por determinar qué sector de la comunidad española local (los republicanos o los franquistas) dominaba una de las instituciones más importantes: la Sociedad Española de Socorros Mutuos.
EL PROXIMO DOMINGO: SEGUNDA Y ULTIMA PARTE.
? De haber vivido en la época de Salceda?
? Y si yo hubiera conocido al polaco?
? Tandil, esa ?ciudad de locos lindos? allá por los sesenta.
? La intelectualidad tandilense de hoy.
? El artista y el compromiso.
? Por qué cayó el Ateneo Rivadavia.
? El envejecimiento intelectual y las muertes que no tuvieron reemplazos.
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