Ardió una vivienda en Ameghino y Rosales y un hombre de 75 años quedó desamparado
Juan Carlos Monzón lo perdió todo el martes por la tarde, cuando cerca de las 15 intentó poner el agua para cebar unos mates y se le empacó la garrafa. Una pérdida de gas desató un incendio que, en cuestión de minutos, devoró su casa y sus pertenencias.
Hoy, en el terreno de Ameghino y Rosales sólo queda una pequeña estructura de planchones en pie. Sobre el pasto, un perro atado y otros dos que corretean entre los enseres custodian los trastos de la cocina y algunos trapos chamuscados que yacen sobre el pasto, desparramados.
Monzón, que es jubilado, perdió su documento y no puede cobrar su salario. Vive gracias a la solidaridad de vecinos, que le prestaron una habitación donde dormir, pero necesita recuperar su casa.
Hasta ayer, no había recibido la visita de las asistentes sociales del Municipio. Sí le habían acercado algunas donaciones, personas conmovidas por esta historia y que lo conocen de toda la vida.
Aquellos que puedan colaborar con Juan Carlos Monzón deben acercar alimentos, ropa, colchón, cama, frazadas, sábanas, toallas y materiales de construcción al comercio de Ameghino 1764.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUna vez que se inició el fuego, agarró “dos colchones secos, los tirantes, todo”. En definitiva, se quedó sin casa y sin pertenencias, tras pasar 57 años en ese lugar.
Al borde de las lágrimas, expresó: “No me pregunten más nada porque me pongo nervioso” y confirmó que Bomberos le entregó un papel para que pueda tramitar el documento en el Registro Civil.
Contó que vive de la jubilación y que la casa se la regalaron dos empresarios de la zona. Un vecino le proporcionaba agua y no contaba con luz eléctrica ni gas natural.
Las llamas destrozaron todo, desde los colchones y mantas, hasta los 5 kilos de azúcar y otro tanto de yerba, además de la mercadería, que guardaba para pasar el invierno.
Juan Carlos también se quedó sin ropa y sin zapatos (calza 44), en plena ola polar. Como sólo tiene un hermano, ahora depende de la solidaridad de la comunidad de Tandil, ya que los vecinos de la cuadra le están dando una mano pero no pueden con todo.
El martes, tras el incendio, Juan Carlos Monzón pasó mucho frío. “Tenía una sola zapatilla, la otra se me cayó adentro del fuego”, comentó entre todas sus penurias.
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