Artista genial, pero amigo del alma
(Por Nacho Lacovara). Es difícil escribir sobre uno mismo, casi igual de difícil es hacerlo sobre alguien con el que compartiste todo durante casi cuatro décadas.
Un gran dibujante, pero para eso se había preparado. Un gran escritor pero para eso no se había preparado, o sí porque había leído mucho, siempre se ha dicho que para ser buen escritor primero se debe ser buen lector. Siguiendo esta lógica podría ser un buen cineasta por la cantidad de cine que se había fagocitado, (la primera videograbadora que vi en mi vida la vi en su casa). Bueno de hecho escribieron un guión de cine para un concurso con Raúl Echegaray.
Es muy extraño, porque es el tipo más talentoso con quien más interactué, pero sin embargo tenía la humildad de los grandes, salvando las distancias como Pibe Techeiro, como Juan Carlos Gargiulo. Bueno con este negro genial compartían largas horas de cafés y otras bebidas espirituosas, tal vez eso también le sirvió y mucho para sus posteriores labores literarias, de Raúl algo se habrá impregnado, pero descubrimos en sus últimos años que estábamos en presencia de un literato que además dibujaba como los grandes dibujantes.
Su ocurrencia y creatividad, llevó a que Rolando Hanglin y Mario Mactas, le leyeran casi a diario lo que él les mandaba al inolvidable momento radial El gato y el zorro
Y como si esto fuera poco, diría un vendedor ambulante de esos que hay todavía en los trenes, fue uno de mis amigos del alma. De aquellos amigos que siempre está, cuando uno lo necesita.
Cada vez que viajaba a Europa, lo hizo en varias ocasiones, uno pensaba no vuelve más alguien lo contratará allá y lo veremos muy de vez en cuando, y lo voy a extrañar mucho. Es la misma sensación que tengo ahora. Sé que está presente, lo siento lo escucho y a veces hasta lo cruzo por la calle y se hace el que no me vio como lo había hecho en innumerables oportunidades era una de las jodas que mas le gustaba hacer.
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