Asaltan a un matrimonio y obligan al esposo a que los traslade con el importante botín
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El ilícito se desencadenó alrededor de las 23, cuando Víctor Piras ingresaba su auto (un Volkswagen Bora color celeste), en el garaje de su casa de calle Payró 973. En eso instantes irrumpieron en escena un par de sujetos, jóvenes de no más de 30 años, a cara descubierta y uno de ellos portando un arma de fuego que, según la descripción de la damnificada, parecía una escopeta recortada.
En medio de la tensión del suceso, ocurrieron escenas tragicómicas habida cuenta que los sujetos querían tomar el volante del auto y evidentemente no tenían demasiado conocimiento para conducir.
Empero, se las ingeniaron, arma en mano y amenazas mediante, para que el hombre como su esposa Teresa no ofrecieran resistencia y dejaran que ellos actuaran con “tranquilidad” en pos de lograr su objetivo.
Así fue que los obligaron a ingresar a la casa y una vez adentro, los delincuentes comenzaron a alzarse con electrodomésticos varios, entre computadores, televisor, etc., los cuales fueron cargando en el mismísimo auto de la víctima.
Tras revolver toda la propiedad en busca de dinero en efectivo, finalmente resolvieron salir de la escena del atraco, obligando a Piras a que los lleve dado que no tenían mucho conocimiento para manejar el rodado.
Cuando huyeron, la mujer Teresa fue pidiendo auxilio a los vecinos, quienes la socorrieron y allí se dio aviso a la policía, mientras se contenía a la mujer que afortunadamente soportó estoicamente el mal momento cuando se encuentra recuperándose de un pos operatorio tras una intervención quirúrgica del corazón.
A los minutos se conocería que su esposo también estaba fuera de peligro. Los asaltantes lo habían dejaron en la plaza Evita del barrio Belgrano, desde donde se trasladó caminando hacia su domicilio para reencontrarse con los suyos y testimoniar ante los uniformados lo padecido.
Testimonio
En diálogo con este Diario las víctimas no dejaron de mostrar su angustia como impotencia del mal momento sufrido, aclarando que por suerte no habían sido presa de agresiones físicas más allá de las psicológicas por lo vivenciado.
Concluyeron en que afortunadamente no sufrieron consecuencias peores de las transitadas por esos instantes que fueron eternos, a la vez de recordar que era la primera vez que les tocaba padecer una situación semejante, aunque sí reseñaron que su hija, que estaba tras el robo en el hogar, sí había sido víctima de un delito de similares características, incluso más violento, en la misma casa.
Cabe consignar que la cuadra reviste una singular oscuridad. “Es la boca del lobo”, graficaron los vecinos, siendo que enfrente hay un gran terreno baldío donde, posiblemente en este caso los cacos se escondieron al aguardo de su “presa”.
Al cierre de esta edición, la policía (intervino por razones de jurisdicción la comisaría Segunda), trabajaba en una tarea de rastrillaje por distintos puntos de la ciudad para dar con los maleantes, fundamentalmente tratando de ubicar el auto de la víctima, con el que huyeron con el botín detallado en párrafos anteriores.
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