Ascenso meteórico y futuro sin techo
Muchos han preguntado cuál es el secreto para formar tenistas de élite, qué tiene Tandil de especial, qué pasa en el Club Independiente y la respuesta fue siempre la misma: desde chicos les inculcamos que para llegar a cumplir sus objetivos tienen que trabajador duro, con humildad, responsabilidad, disciplina, entrega, profesionalismo y fortaleza. Premisas indispensables a la hora de gestar un buen deportista que sumadas a las cualidades técnicas generalmente derivan en un gran campeón. Justamente la corta trayectoria como profesional de Juan Martín Del Potro revalida y afirma que esos valores fueron marcados a fuego durante la formación tenística de la Torre de Tandil.
Desde sus inicios en los torneos importantes de la gira ATP, el tandilense fue superando obstáculos que se le iban planteando, las lesiones, inconvenientes físicos en partidos largos, derrotas previsibles con grandes exponentes y tal vez algunas falencias técnicas. Pero siempre acompañado de un gran grupo de trabajo, de su familia y sus amigos Delpo pudo no sólo mejorar su juego y su físico sino también ir evolucionando y madurando para convertirse de a poco en uno de los mejores.
El segundo semestre de 2008 lo vio explotar y sorprender al mundo, en la gira previa al US Open y en el propio torneo. Ubicado entre los ochos mejores del año, viajó a China para cumplir con 20 años uno de sus sueños jugar el Master, derrotas con Novak Djokovic y Nikolay Davydenko, victoria sobre Jo-Wilfried Tsonga, para pocos días después extenuado por la seguidilla de partidos y los kilómetros recorridos, regresar al país y ser el abanderado de la legión argentina con la misión de conseguir por primera vez la Copa Davis en Mar del Plata.
La caída ante Feliciano López, la lesión y la derrota en la serie final con España, lo expusieron mediáticamente como el responsable del traspié deportivo impensado antes de jugar el match. La pelea con Nalbandian y el cuestionamiento por participar de la Copa Master lo pusieron como un jugador que equivocó sus prioridades, pasó de ser el héroe del Parque Roca en la serie con los rusos al villano del estadio Islas Malvinas.
Se dudó de su entrega, su capacidad, hasta se llegó a decir ?no le ganó a nadie?. Pero a pesar de su edad, Del Potro, en silencio y con la humildad que le inculcaron, retomó su preparación seguramente convencido que en 2009 debía demostrarle a muchos lo equivocado que estaban. Venció a Murray por primera vez en los cuartos de final del ATP World Tour Masters 1000 Madrid, hizo lo propio con Nadal en el ATP World Tour Masters 1000 Miami, en el ATP World Tour Masters 1000 Canadá y la semifinal del US Open, mostrando tal vez su mejor tenis.
Justamente durante el último Grand Slam del año, demostró desde el inicio mismo, estar recuperado de los inconvenientes físicos que en la gira previa lo llevaron a perder en la final de Montreal con Andy Murray, golpe del cual también se recuperó.
En la supuesta lista de nombres a vencer, solamente restaba Roger Federer, su ídolo, el único al que el tandilense todavía no había podido doblegar. Seis derrotas en igual cantidad de juegos, victorias fáciles para el suizo en su gran mayoría. Como si todo esto fuera poco en aquella final atípica, por jugarse un lunes, el helvético buscaba su decimosexto título de Grand Slam, su sexta corona consecutiva en el abierto estadounidense, donde permanecía invicto desde 2003 (41 partidos).
Pero no hay hazaña si ese hecho o acción no está signado por lo heroico, por eso no alcanzaba sólo con ganarle al ídolo, tenía que ser como se dio, luchado, sufrido, recuperando en dos ocasiones sets abajo, quiebres en contra, imponiéndose en los dos tie breaks para demostrarle a todos que no sólo es grande en altura y convertirse en el único que venció en un major a Federer y Nadal.
Como seguro tantas veces ocurriera en su mente, luego de las extensas jornadas de entrenamiento en el club Independiente con frío y calor, el lunes Juan Martín abrazó la gloria, levantó el trofeo y se vistió de Roger, sólo que esta vez ocurrió en el mítico estadio Arthur Ashe ante la ovación de miles de aficionados que fueron testigos de cómo un pibe de Tandil cumplió su sueño.
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