Ausencias reiteradas y críticas recurrentes
Fue conmovedor el aliento que envolvió a Berlocq para impulsarlo a que rescate del precipicio a Argentina dando el batacazo frente a Berdych. Pero, más allá del respaldo hacia el nacido en Chascomús, desde horas antes se vivía un clima extraño en Parque Roca.
Un nuevo “faltazo” de Del Potro se robaba la escena y en torno a él, otra vez las especulaciones.
El tandilense salió de la serie ante los checos y con ello “les dio de comer” a quienes ponen en duda su fidelidad copera, creyendo que sólo le importa su carrera en el circuito ATP, o al menos que por allí pasa su prioridad. Comparándolo en todo momento con Nalbandian, hasta llegando a niveles de confrontación totalmente innecesarios, como si el cordobés perteneciera a otro equipo. Deberemos entender que juegan con la misma camiseta y ambos persiguen el objetivo de quedar en la historia del tenis argentino.
La distensión en un ligamento de la muñeca izquierda de Del Potro terminó siendo un talón de Aquiles, tanto en el desarrollo de la semifinal como en el ángulo de las charlas en la sala de prensa, los pasillos del Mary Terán de Weiss y en lo reflejado por cada medio.
La noticia de la ausencia del tandilense en el día D comenzó a flotar como un rumor el sábado a primera hora, un rato antes de un doble que pasó casi desapercibido ante la abrumadora superioridad checa y otro tema que lo relegaba.
Pero la decisión, según explicó Jaite en la conferencia de prensa sabatina, se había tomado el viernes por la noche, cuando Del Potro vio incrementado el dolor en su muñeca tras una victoria ante Stepanek que no dejó ningún tipo de dudas.
Fue el punto de partida para cuestionamientos de todo tipo hacia el 8 del mundo. Que en la previa de la serie eligió entrenar en Palermo con Franco Davín y no con el equipo, que su relación distante con Jaite, que prefirió ver el doble con Martín Palermo antes que junto al resto del equipo, que su disputa con Nalbandian, que era su chance de asumir el liderazgo y la dejó ir… y demás yerbas.
Todos puntos que, independientemente de que puedan ser reales o merecedores de ser repudiados, hubiesen quedado tapados en caso de salir el tandilense a la cancha o bien de mediar otro resultado en la serie.
Poco importó el riesgo que corrió Del Potro al salir a la cancha el viernes, en peligro de hipotecar el resto de su temporada o su futuro cercano en el circuito. Y con los fantasmas de una lesión que, menor en su gravedad, arroja reminiscencias de aquélla de 2010 que lo marginó de la actividad por casi un año.
Es cierto que generacionalmente Argentina se encuentra por estos años ante una oportunidad grande de conquistar su primera Davis, pero para algunos ello se ha transformado en una cuestión de vida o muerte, casi en una obligación. Y ya no sirve sólo llegar a una final, parece poco. Y ya no importa la integridad de los protagonistas, parece mucho.
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