Autocrítica
En estos nuevos tiempos todo se ha puesto en crisis y saludablemente se debate sobre el rol de distintos actores sociales que les caben determinadas responsabilidades, desde políticos, militares, empresarios, jueces hasta la prensa, por citar algunos.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPrecisamente en estos días, en el que a nivel nacional se discute sobre el poder del Estado y las corporaciones, y puntualmente se padece la lucha encarnizada entre un gobierno y un monopolio mediático, bien merece la pena detenerse en estas horas vertiginosas en las que todo pasa sin demasiada reflexión, imponiéndose la espontaneidad y el rigor de las sentencias a puro impulso, sin fundamentos previos.
Esto viene a cuento sobre el rol de los medios, de la prensa particularmente, en su afán de informar al compás de las exigencias de aquel vértigo citado. Todo empujado además por las nuevas herramientas informáticas desde las redes sociales que instalan “noticias” y “protagonistas” sin más, con el riesgo de imponer sus verdades más allá de la constatación efectiva de un hecho particular.
Citar como ejemplo que un hombre fue “acusado” de abusador sexual de menores por las redes sociales sin intervención y mucho menos decisión judicial al respecto y desde una dependencia oficial donde trabajaba se decidió expulsarlo, por el miedo al escrache y quedar pegados en el escabroso caso. Incluso enviando una gacetilla a los medios para informar sobre la decisión tomada, citando con nombre y apellido al “sindicado”.
Un drama y el después
En ese frenesí mediático, no escapa al menos a la discusión y el replanteo el rol que emprendieron los medios frente al reciente drama de una pareja signada por la violencia que terminó en fatalidad, con víctima y victimario muertos, dejando huérfanos dos hijos.
Conocido el trágico final comenzó a destilarse ciertas dudas y ensayando críticas sobre el accionar judicial y policial por los tiempos manejados en el caso, sin repararse que sus tiempos claramente no son los mismos que aquella inmediatez que demanda presuntamente la opinión pública al a cual responden los medios.
A saber, cuando la justicia todavía no podía acreditar siquiera si el cadáver hallado en el descampado era el de la mujer a la cual se había denunciado su desaparición, desde la prensa oral y escrita, montados en aquella supuesta demanda social y con el afán de informar primero, lanzó cual sentencia que aquel cuerpo era de esa mujer y, sin pausa, hilvanó que el crimen tenía un responsable, que estaba ya en su finca con uno de los hijos de la pareja.
Si bien los hechos constataron la hipótesis y la prensa no mintió, bien merece el replanteo de aquella premura, habida cuenta que se apostó una guardia mediática inmediata en la casa del hasta ahí apenas sospechado y no se salió de la escena hasta que la policía fue a detenerlo, con el consabido luctuoso final decidido por el buscado.
Cuando los medios aguardaban que fuera detenido, los investigadores aún trataban de confirmar que efectivamente la mujer era la que pensaban, a la par de se tomaban testimonios, se labraban informes por escrito, se aguardaban resultados periciales en pos de recabar pruebas, al menos indicios vehementes que permitiesen arribar a una orden de detención del hombre señalado.
El sujeto, entonces, conviviendo con la tortura de haber matado a su mujer, miraba por la ventana y veía policías, móviles de prensa y reporteros rodeando su casa, donde seguramente escuchaba la radio o miraba la televisión que decía que se había encontrado el cuerpo que él había tirado y escondido en un descampado y que era inminente su detención. El final, muy factiblemente no podía haber sido otro.
No se puede asegurar que por aquella presión mediática el hombre se quitó la vida. Se podría aventurar que tras haber cometido semejante atrocidad hubiera forzado el mismo final, en la casa o en una cárcel, pero que aquella presencia no ayudó a cambiar el desenlace, permítaseme plantearlo como autocrítica, al menos para el debate.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios