Baremboim y su dura crítica para el Teatro Colón (8-6-08)
El lunes 2 de junio por la noche pudimos asistir a través de la televisión pública de un maravilloso concierto brindado por la Staatskapelle de Berlín dirigida por el argentino Daniel Baremboim.
En el Luna Park, el músico dirigió a la orquesta cerrando el concierto con una soberbia interpretación de la Sinfonía Nº 5 en do sostenido menor de Gustav Mahler; decíamos se realizó en el Luna que no fue concebido para tal fin cultural sino para práctica y torneos boxísticos que con el tiempo devino en sala de megaespectáculos.
¿No es vergonzoso que para celebrar el centenario del Mayor Coliseo se haya elegido ese lugar? ¿No hubiera sido preferible ?ante lo irreparable- un espacio público y un concierto gratis? Realmente, aquellos que aman la música la escuchan en cualquier parte y la disfrutan vestidos de gala o en jeans y suéter, pero no es posible escindir el concierto, de su motivo. Y cuando se piensa en esto último da vergüenza ajena.
Ya lo había anticipado el maestro Aníbal Orbe en ediciones anteriores de La Vidriera:
?Tras la presentación del presuntuoso y por qué no, peligroso Master Plan, con su consiguiente soberbia promesa de la restauración total del coloso, llegamos a hoy, en esta fecha de tanto valor patrio, a encontrarnos con un Colón en silencio y que se viene abajo en un aparente callejón sin salida. El espléndido navío hace agua y nadie parece tener la solución en un plazo razonable, de poderlo reflotar.
Las responsabilidades se eluden y sobran dudas al respecto de la pericia de los profesionales intervinientes en este ambicioso Plan, a la luz del bochorno que se vive y lo incompleto de sus obras tras ocho años de iniciación.
También debe mover a investigación fiscal el respaldo brindado por los dos anteriores Gobiernos de la Ciudad a este colosal Plan y que desembocara en este fiasco como, asimismo, la falta de intervención de organismos nacionales responsables de la preservación del Patrimonio Nacional que debieron realizar una eficaz gestión de control, en todo este proceso tan trascendente.
Si pudiera ver nuevamente espléndido a mi querido Teatro, empeño mi palabra ante la comunidad que haré público ese reconocimiento a quienes puedan recuperarlo, presentando las debidas y públicas disculpas.
Mientras tanto, me siento totalmente apenado, como músico y argentino?, finalizó expresando el músico tandilense.
TOTALMENTE APENADO
Y así fue como se sintió el maestro Daniel Baremboim en su concierto del lunes en el Luna Park que lo llevó a protestar ante el público por el estado del Colón y fue por eso que el espectáculo en el Luna tuvo un final completamente inesperado cuando dijo de cara al público: “No me gusta hablar durante los conciertos, ni antes ni después, porque pienso que la música dice todo lo que hay que decir. Pero hoy es un día especial, porque este concierto y otros conciertos deberían haber sido en el Teatro Colón.
Que hoy estemos aquí habla poco positivamente de ese espíritu que sé que se puede tener en la Argentina?.
Los aplausos interrumpieron repetidas veces su discurso: “Que en su centenario el Colón no esté abierto es un indicio de que aquí algo no está funcionando. El Colón es un símbolo de la existencia de la cultura en la Argentina. Hoy pido a todas las personas, responsables o irresponsables, de todo tipo, que dejen de lado sus ambiciones personales, su orgullo personal, que son algo muy pequeño y de poco valor comparado con lo que este teatro representa.
En nuestro Himno, sostuvo el director, se habla de los laureles que conquistamos: \’Sean eternos los laureles que supimos conseguir\’. Los laureles no son eternos: hay que reinventarlos todos los días.”
Dicho esto se volvió hacia la orquesta alemana que comenzó a tocar el Himno Nacional.
Barenboim le imprimió mucha pasión ?y seguramente pena- entonándolo con el público.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailVERGÜENZA AJENA
Cuando se concluyan los actos de homenaje previstos en distintos ámbitos de la capital y se vayan aquietando las aguas, todo volverá a la normalidad que se entiende en estas cuestiones como el olvido momentáneo de que somos poseedores de los mejores teatros del mundo y que está cerrado y en manos de ineptos y corruptos y que, como es sabido, para el Estado Argentino la cultura sigue siendo furgón de cola.
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