Básquetbol: Por el buen camino
En muchos análisis, en pos de hacer justicia se vuelve oportuno prescindir del resultado final, y éste es el caso. La eliminación en los octavos del Torneo Federal dejó a Independiente con gusto a poco, o a nada. Es que su desenvolvimiento a través de la temporada invitó a ilusionarse con más, al extremo de soñar con un regreso al TNA. Pero más allá de no haber podido meterse entre los ocho mejores, la campaña del rojinegro fue de alto vuelo, con picos de gran nivel, hasta terminar de constituirse, sin dudas, en una de las mejores del club en su historia en el ámbito nacional.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailObtener victorias con holgura resolviendo en el tercer cuarto varios encuentros -algo inusual en una categoría donde suele reinar la paridad-, jugar de igual y hasta vencer a protagonistas excluyentes del certamen como Estudiantes de Olavarría y Ferro Carril Oeste fueron algunos de los indicios que llevan a descubrir que se tomó el camino adecuado.
Y el resultado, al fin y al cabo lo más importante para todos, se vuelve minúsculo cuando el enfoque llega desde otro ángulo.
El exitoso proceso tuvo su punto de partida con un acierto dirigencial: la renovación de Alvaro Castiñeira, entrenador que, además de su jerarquía y experiencia, oficia como “imán” para la contratación de jugadores de valía; y la permanencia de elementos de probado rendimiento como Leandro Portillo y Sebastián Sevegnani. Ellos se sumaron a los dos grandes baluartes de la campaña: Lucas Picarelli y Alejandro Arca. El base dejó en claro que sus rendimientos exceden largamente la media de la categoría y, al margen de ellos, desplegó un profesionalismo encomiable, mostrando con su enjundia que, aún con lesiones a cuestas, tomó el torneo como si fuera el último de su carrera, algo que bien podría no esperarse de alguien con dilatada trayectoria en categorías superiores. Mientras que el interno formado en el club ratificó que su evolución es permanente y se erigió en uno de los mejores pivotes de la categoría, haciendo que pensar en su continuidad aparezca casi como utópico.
En tanto, Valerio Andrizzi, el emblemático capitán, tras venir teniendo una temporada discreta apareció levantando ostensiblemente su nivel en los momentos cumbres de la misma.
Este quinteto estuvo bien respaldado por los relevos. Con un Santiago Dilascio cada vez más desenvuelto y desfachatado, un Facundo Varela que fue de menor a mayor erigiéndose en un suplente confiable y un Ezequiel Manzanares que ofreció un interesante aporte llegando con la temporada en curso para adosar una variantes más en ataque con su puntería desde el perímetro y paulatinamente fue captando el mensaje defensivo que sus compañeros y el cuerpo técnico le demandaban. En una defensa voluntariosa y aplicada, el equipo de Castiñeira encontró la llave de varios partidos cuando las cosas no le salían bien del otro lado.
Cerrado un nuevo ciclo, nuevamente la pelota está en manos de los dirigentes, quienes tendrán el desafío de continuar con un proceso que temporada a temporada se va fortaleciendo.
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