Bienal de turismo: cuando Tandil perdió la brújula
Cierre los ojos por algunos instantes y déjese llevar con su mente a esos lugares de nuestro país a los que por falta de tiempo o de dinero no puede ir en estos momentos. La posibilidad de conectarse de manera virtual, por los medios audiovisuales, es el paso previo al que se considera efectivamente hacer turismo. Pero convengamos que es una forma de viajar. No puedo dejar de decirle que su imaginación va demasiado rápido si usted cree que es posible una Fiesta de la Vendimia en Mendoza, sin el vino. O que pudiera existir una Fiesta de la Nieve en Bariloche, pero en verano. Sin ir tan lejos, es como pensar que nuestros vecinos de Rauch pudieran hacer la Fiesta Nacional del Ave de Raza sin esos ejemplares. La imaginación perdió su capacidad de asombro porque en Tandil estamos en plena Bienal de Turismo… sin turistas. Va por su tercera edición y casualmente coincide con los años impares, que son los electorales. Muchos intentarán aclararme que no es una Fiesta. Otros dirán que esta iniciativa es del Municipio y los privados, bajo el paraguas del Instituto Mixto de Turismo, que se financia con una controvertida tasa comunal. Algunos responderán que se realiza para que la comunidad aprenda y se capacite en este rubro. Pero este encuentro se parece a la desacertada preparación del equipaje para un viaje, cuando ignoramos el clima y la estacionalidad de nuestro destino y llevamos la ropa equivocada. Un sobrevuelo por la agenda de la Bienal 2013 muestra la primera experiencia de una Expo Gourmet, dedicada a la cocina local e internacional, y el lanzamiento del tan ansiado Circuito de Quesos y Salames, que se inspira en la Ruta del Vino de los cuyanos. Con una diferencia muy importante, porque no causa la misma impresión ver los viñedos y la elaboración de un malbec, añejado en vasija de roble en la cava de una bodega, que ingresar a un tambo para el ordeñe de una holando-argentina o espiar en un frigorífico la manufactura de un cerdo para un salame con denominación de origen. Esto, sin entrar en el terreno de las restricciones sanitarias, por ejemplo del Senasa. Como hacer turismo es dejar volar todos los sentidos, quizás podamos encontrar la figurita difícil del álbum, que es el sentido común. La Bienal del Turismo local tiene dos espacios para promocionar: Azul y Rosario. Sí, Azul y Rosario. También una serie de charlas de especialistas que insistirán en obsoletos manuales de procedimiento, para un destino que no hace nada para lograr ocupación en días hábiles, o para atraer negocios corporativos y convenciones, o mejorar las rutas y las formas de acceso, o fijar una política de precios acorde al mercado, al país y a la calidad de lo que ofrece. Además, en la Bienal hay un Concurso de Mucamas; una visita guiada en inglés,… sí, en idioma inglés; una presentación de supuestos nuevos circuitos turísticos; un torneo de ajedrez; un espectáculo musical y una cata de vinos; entre otras acciones. ¿Por qué algo tan ecléctico, movería y aumentaría el turismo en las sierras? La ciudad perdió su identidad turística, envuelta en graves problemas sociales, con trágicos y violentos hechos con los que convivimos diariamente, que el marketing pretende maquillar. Por supuesto que los organizadores desmentirán lo que aquí describo. Porque son los mismos que aseguran públicamente que el turismo en Tandil sigue creciendo, aunque viven lamentándose porque casi no pueden completar las apenas 8500 plazas de hoteles y cabañas, ni siquiera en los fines de semana largos. El próximo será ultra, de 4 días, dentro de dos semanas, y el último fue hace más de dos meses, que duró 6 días. La Bienal coincide con el Día del Turismo Tandilense, promovido por Ernesto Palacios en su etapa de concejal. Es un homenaje al 4 de junio de 1938, en que se creaba la Dirección de Turismo Municipal. En aquella época, Tandil tenía la misma capacidad de alojamiento que tiene hoy. Muchos grandes hoteles de época ya no existen y son reemplazados por emprendimientos de cabañas en las sierras, que en muchos casos tienen pocas unidades. ¿Podemos decir que creció el turismo 75 años después, o cambió la modalidad de viajar y consumir? La Bienal también coincide con el día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio. Sin embargo, no se ha organizado una sola actividad que aluda a esta fecha, en un destino que se jacta de nutrirse del politizado paisaje protegido. Ernesto Palacios ha dicho acertadamente, en varias oportunidades, que Tandil no es una ciudad turística sino una ciudad con turismo. La prueba está en la incidencia de ese multi-rubro en el PBI local, en el orden del 12 %, superado ampliamente por el agro y la metalmecánica, entre otras industrias. De la misma forma en que John Lennon imaginó desde la canción un mundo sin fronteras, nuestra ciudad tampoco tiene límites, y parece que todo cabe en el turismo transversal de una Bienal de nueve jornadas consecutivas. Si fuera una fiesta, estaría llena de organizadores, aunque se olvidaron de los invitados. Promocionan localmente su calendario como una fiesta, a una Bienal de Turismo, sin huéspedes.
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