?Borges? sorprendió por su puesta en escena
?Borges? cuestiona la figura de Jorge Luis Borges, a través del protagonista, que es un personaje obsesionado con la posibilidad de encontrarse con el escritor, a quien admira e idolatra.
La personalidad del escritor y su carácter polémico hacen que la admiración que éste siente por su ídolo se convierta en odio. Esto lo lleva a cuestionar, entre otras problemáticas, el valor que se le da a la cultura en el mundo contemporáneo y la relación de los fanáticos con sus ídolos.
-Presentaron Borges en Tandil…
Marcelo Jaureguiberry: -Sí, la obra pone a Borges en un lugar muy crítico… esta cosa de la persona de Borges y por otro lado, la vida del autor.
-Sale a relucir la relación entre la persona, el autor, el fanático…
M.J: -En el estreno en Buenos Aires la gente se paraba y se iba, porque pensaban que iban a ver un recital de poesía de Borges. Y es una cachetada…
-¿Cómo viviste el encuentro con la obra?
M.J: -Yo estaba en Valencia haciendo un doctorado y en una publicación de una revista literaria de la Universidad la encontré y ahí nomás la leí. Yo no hago obras que no me desafíen, que no me pongan en riesgo. Y la obra me desafió en dos segundos. En el secundario había hecho una monografía sobre Borges y siempre me había gustado el tema de su poesía, que no está muy difundida. Me encantó por la otra cara de Borges. Además, está escrita de una manera muy trasgresora, ?en el medio del charco? porque, por un lado, tiene referencias argentinas y, por otro, está escrita en español.
Rodrigo García es un argentino que se fue allá y ahora es el nene mimado del teatro europeo. La obra hay que decirla en español… y pensé en Pablo Moro…
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-La puesta en escena se hace con la incorporación de video…
M.J: -Sí, en el año 2001, cuando empezaba esto del videoarte fue una revolución, porque hay una multiplicidad de medios. La puesta en escena está hecha bajo la teoría cubista, se filma a medida que va transcurriendo la obra. Hay un simultáneo entre el video y el momento de la obra. La gente no sabe si mirar el actor en vivo o el video, porque la puesta está armada en un eje de simetría, que hace que lo que sale en el video surja como una composición en el cuadro. De pronto se acerca la cámara y se ve sólo una boca, un ojo. Hay todo un juego con la cámara que se transmite en paralelo en las paredes del teatro, entonces eso te saca de la dimensión del espectador clásico que va a ver un escenario con un actor. Hay gente que va dos veces a verla, porque unos se enganchan con la cámara y no ven al actor, y viceversa.
-Hoy el espectador está más preparado para este tipo de puestas en escena…
M.J: -Estamos en un ámbito universitario, donde hay un riesgo estético. De pronto es como una cuestión que se busca desde el teatro universitario. Entonces, esto también hace que haya un receptor preparado.
Creíamos que en Buenos Aires iba a ser distinto, que la propuesta estaba agotada desde el punto de vista que ya se había hecho mucho con video. Era como una onda ?modernosa? y no pasó nada de eso, porque el uso del video era totalmente nuevo, todos lo usaban para ilustrar algo atrás y nosotros lo incorporamos como parte de la escena, con otro concepto y eso pegó mucho.
Tarea actoral
-¿Qué desafío se te impuso desde lo actoral?
Pablo Moro: -Primero esa mezcla de la que hablaba Marcelo, de un texto que está escrito en español, pero está hecho por alguien que vivió en Argentina hasta los veinte años, con lo cual tiene referencias argentinas.
Desde el extranjero Borges no se ve como lo describe Rodrigo García. Allí sólo se conoce el escritor, de manera que lo primero que tuve que hacer fue empaparme de esa visión argentina que no es la que tenía, que había estudiado, de un escritor maravilloso, que nada tiene que ver con su pensamiento político y social, aunque no hay muchas declaraciones al respecto.
Lo primero que hice fue empaparme de eso para entender el código que está manejando el texto, que está estableciendo esta línea tan fina entre el amor y el odio. Para mí es un canto de amor. Es un hombre que ama tanto a Borges que no soporta su presencia. Lo que muchos no pueden llegar a entender, es que simplemente alguien tan grande como Borges puede provocar algo así en la gente. Un zafio no puede provocar ese tipo de pasión como le provoca al admirador. Eso es un nivel de lectura muy sutil, que hay gente que no llega a ver porque la forma es muy contundente, se trabaja la fragmentación del discurso.
-¿Y desde la actuación?
P.M: -Marcelo me marcó que teníamos que trabajar con diversos personajes, con dualidades. En la obra tengo que desarrollar dos roles absolutamente opuestos y pasar de uno a otro, sin tiempo para la transición. Después fuimos incorporando un narrador.
Lo más complejo de la obra fue añadir a la actuación todas las voces que están en el texto y que no resultara falso, que fuera natural y orgánico, que pudiera ser entendido por el espectador, a pesar de la extrañeza. La idea es un canto de amor a Borges, en el que se critica que, como persona, quizá no fue lo que mucha gente hubiese querido que fuera. ¿Por qué hay que pedirle que piense de una determinada forma? La obra está jugando con esas preguntas y ambigüedades y, por eso, mucha gente se pone nerviosa. Preferirían que uno dijera: ?Borges es maravilloso?.
M.J: -El lenguaje escénico también tiene una cuestión de dureza, que continuamente te saca. Hay escenas donde habla con el público. Continuamente se produce una sensación de inestabilidad, porque no se sabe lo que el personaje va a hacer.
La obra está planteada con el público muy cerca, no hay distanciamiento. Es todo como un solo espacio y esto hace que el público esté en un lugar diferente. Cuando el público se quiere relajar, continuamente pasa algo que lo moviliza. Cuando finaliza la obra los actores salen a saludar y todos se quedan sentados, sin poder moverse, sobre todo, porque la escena final es muy contundente.
-Pedro, vos cantás…
Pedro Tissier: -Sí, yo canto, gracias al director que me dio la oportunidad. La propuesta era bastante atractiva porque pude seguir aprendiendo sobre Borges. Presenté un libreto de música en latín; propuse trabajar con una obra, un réquiem… es como el purgatorio. Es esa situación que tiene el personaje. Mi personaje canta en latín sobre qué es la muerte, la tierra, la liberación del alma. El hecho de llevar el canto a la actuación es distinto. Es muy fuerte la entrada con la voz y un personaje que es la Bandera argentina, y otros signos muy fuertes de la historia argentina….
M.J: -Es un personaje muy intenso, desestabilizante. Es un cantante que actúa. Esto es muy difícil. Nosotros requeríamos un cantante que hiciera actuación. Toda la obra está cruzada por cosas que aparentemente no tienen coherencia.
Dualidades
-La incomodidad también es interesante para el espectador.
M.J: -Sí, porque lo tiene vivo.
P.M: -Sí, se trata sacarlo de la identificación pura y nula, para que realmente piense. Aparte, en el texto, Rodrigo está manejando distintos niveles de discurso: tiene un contenido político muy claro, de la historia argentina, una anécdota que es la de Borges, y un correlato paralelo, que es su historia de vida. Resulta autobiográfico. Se va moviendo desde lo macropolítico a su historia particular, cuando un día se encontró a Borges en una charla. En ese ir y venir, desde la actuación, están dichas las diferentes voces de todo ese discurso. Esa reflexión macropolítica hace una bajada ideológica al público, que lo sorprende y lo pone incómodo.
-También es la figura del fanático, que no se sabe hacia dónde va a virar…
P.M: -Lo mismo te pide un autógrafo o te mata…
M.J: -Hay una escena donde le da unos besos al retrato de Borges y a los dos segundos, lo prende fuego.
P.M: -Pero eso se debe a la ambigüedad. En toda la obra lo que se está trabajando es esa idea del ?puede ser, puede no ser?. Lo ama, pero puede ser que lo odie.
-El ser humano convive en la dualidad…
PM: -Totalmente.
MJ: -Lo que más me seduce de la obra es el borde de la ambigüedad, donde la artisticidad es su compañera; hay un movimiento que tiene y no tiene forma. A mí me gusta trabajar en obras de borde, donde cruzan los mundos y se pueden decir cosas desde el arte.
-¿Cómo fue la repercusión de la obra para el autor?
M.J: -Rodrigo García era un autor casi maldito en Buenos Aires. Cuando había llegado con sus obras, la crítica lo atacó muy mal y él es como que no quiere venir con sus puestas, porque se siente incomprendido, porque sus temas y su lenguaje escénico son duros. En Buenos Aires, instalamos a Rodrigo García desde otro lado. Fue muy curioso para la crítica que desde Tandil lo instaláramos en la cartelera porteña.
Cuando estrenamos esta obra, Paula Fernández subió con ?El Pony…? de Rodrigo García. En el festival regional de teatro nosotros ganamos el primer premio y ella, el segundo. Fueron dos reconocimientos para Rodrigo García desde la provincia de Buenos Aires, cuando la crítica porteña lo había desechado. De pronto, en Buenos Aires decían ?los de Tandil son los que hacen Rodrigo García? y eso nos permitió ganar un respeto y consideración dentro del sistema teatral porteño.
SOBRE EL AUTOR
Rodrigo García nació en 1964 en Buenos Aires y reside en España desde 1986, donde ha desarrollado gran parte de su actividad profesional. Es autor, escenógrafo, videoartista y director de escena. Su producción dramática es abundante, y muchos la han calificado de atípica. En 1989 fundó su actual compañía, La Carnicería Teatro.
Su labor teatral se caracteriza por una continua experimentación que lo aleja del teatro convencional, así como la búsqueda de un lenguaje personal.
Sus textos, entre los que figuran títulos como ?Prometeo? (1992), ?Notas de cocina? (1994), ?Carnicero español? (1995), ?Rey Lear? (1997), se han traducido a varios idiomas y han sido representados en diversos países europeos y latinoamericanos, con puestas en escena de La Carnicería Teatro y otras compañías. De sus últimas producciones se destacan ?¡Haberos quedado en casa, capullos!? (2000), ?After sun? (2000), ?Ignorante? (2000), estrenada en Caen (Francia), ?Lo bueno de los animales es que te quieren sin preguntar?, estrenada en Rennes (Francia, 2001), ?A veces estoy tan cansado que hago estas cosas?, estrenada en el Festival Internacional de Teatro de Sitges (España, 2001), ?Creo que no me habéis entendido bien? (2002), ?Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba? (2002), ?Jardinería humana? (2003) y ?Ronald, el payaso de McDonald? (2004).
Como autor, las principales influencias de Rodrigo García son, en una primera etapa, los escritores Samuel Beckett, Harold Pinter, Eduardo Pavlovsky, Fernando Arrabal y el director de escena Tadeusz Kantor.
Más adelante, la escritura de García recibe influencias de los autores teatrales Heinner Müller y Thomas Bernhard y de los novelistas Louis Ferdinand Cèline y Peter Handke.
En la actualidad, tanto los textos, como los espacios escénicos creados por Rodrigo García guardan algún parentesco con el trabajo de artistas plásticos, como lo son Jenny Holzer, Bruce Nauman, Gary Hill, Bill Viola o Sol Lewitt.
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