Bouchard, el prócer olvidado

No se sabe bien si por su condición de corsario o de francés de origen, pero muy pocos recuerdan al corsario Hipólito Bouchard y sus marinos en un periplo que tuvo su inicio un día como hoy, en 1817, en el viejo puerto de la Ensenada.
Tal vez por haber escrito la historia a miles de kilómetros, muchos historiadores tradicionales lo condenan a la ignorancia, pero bien se sabe que su participación fue clave en algunas batallas por la Independencia y en su obra cumbre de recorrer el mundo para debilitar el poderío español en aquellos lugares recónditos desde donde se podía organizar una reconquista en las rebeldes Provincias Unidas del Río de la Plata.
Fue así que un día como tantos otros, en el primer cumpleaños de la Patria independiente, zarpó el buque “La Argentina” al mando de Bouchard, con varias medallas que sustentaban su nombramiento a cargo de esa misión. Entre otras, la de haber participado en la batalla de San Lorenzo y en otras lides históricas.
La misión del corsario tuvo un papel estratégico en la debilitación de bases portuarias pertenecientes a las fuerzas realistas con el bloqueo al puerto de Filipinas y el combate a fortalezas de California bajo dominio Hispano y a Monterrey.
Pero el punto culminante -y que lo deriva al capítulo de los grandes- fue su paso por el reino de Hawai, con el cual se estableció un tratado que significó nada más ni nada menos que el primer reconocimiento formal de nuestra Independencia.
Historiadores de distintas tendencias reconocen en Bouchard su papel preponderante en distintas acciones para lograr y fortalecer la independencia nacional.
En su obra de historia, Bartolomé Mitre -de quien nadie se atreve a discutir su rigor en este trabajo-, lo resaltó en su actitud de compromiso hacia el gobierno que daba sus primeros pasos en su condición emancipadora.
También Felipe Pigna en muchas de sus obras destaca su rol no sólo en su máximo derrotero, como fue la odisea de La Argentina, sino también en su labor junto al almirante Guillermo Brown y al general José de San Martín, quien lo convocó para las batallas finales por la Independencia de la región en el Perú.
También debe destacarse el libro “Bouchard, el corsario del Plata”, escrito por el periodista Daniel Cicchero, que detalla notablemente la loable labor de este prócer.
En una opinión muy personal, Hipólito Bouchard tuvo virtudes y defectos que deben ser analizados en un contexto especial histórico y de determinada vigencia cultural y social. Pero en el balance pesa y mucho su dedicación plena a la proeza emancipadora.
Lamentablemente no hay muchos datos que alienten la perpetuidad de su nombre. Una pequeña cortada y un monolito en Capital Federal, un pueblo en la provincia de Córdoba y algunas escuelas de náutica son escasas pruebas de su recuerdo. En el Fuerte Barragán de Ensenada una pequeña sala con dos cuadros también son prueba de su paso en la historia.
Parece demasiado poco para quien hizo una contribución estratégica militar importante y por la cual no debería estar en un tercer o cuarto peldaño de los recordatorios históricos de quienes escribieron la historia argentina dejando jirones de su vida.
Bouchard espera su homenaje, como tantos otros sobre quienes la caprichosa interpretación de algunos historiadores y algunos gobiernos se siguen postergando. (Por Martín López Lastra, especial para Agencia NOVA)

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