Bronca e impotencia de muchos por la diversión de unos pocos
Por Rogelio A. Rotonda
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl crecimiento, sin embargo, también trae aparejados problemas como mayor inseguridad, más accidentes y por ende, menos trabajo (aumenta la demanda en mayor proporción que la oferta).
Hay más ulular de sirenas, se incrementa el número de personas que piden, se multiplican los malabaristas en las esquinas, empezaron a verse chicos (y no tan chicos) ofreciendo limpiar parabrisas y “cuidar” autos , lo cual agrava la economía del ciudadano común, que además de tener que pagar por el estacionamiento medido en el centro, ahora también debe darle unas monedas a esos chicos (y no tan chicos) para garantizarse encontrar el vehículo en idénticas condiciones al que lucía al momento de parar junto al cordón.
Eso debería controlarse, frenarse o al menos regularse desde el Municipio, pero parece que los ojos de los funcionarios están empañados y sus oídos, sordos.
Pero hay más. Los afiches que se pegan -y nunca se despegan- sin respetar a nada ni a nadie (ni siquiera, por supuesto, al que pegó el suyo quizás unos minutos antes).
Y más: los graffitis que, en realidad, al buen decir y escribir de Marcos González en una de las contratapas de El Eco, no son tales sino mamarrachos.
Desde estas páginas nos hemos ocupado en varias ocasiones del tema (también por supuesto en el canal, en la radio y en el portal del Multimedios), pero oficialmente no hubo ni un atisbo por solucionar la cuestión.
Sin ton ni son, se arruinan monumentos, edificios públicos, paredones, muredones, estatuas…
Así como otrora se imponía el ring-raje o el patear tachos de basura, o como en algún momento se hizo (muy mala) costumbre de los chicos caminar en las madrugadas por arriba de autos estacionados, desde hace bastante tiempo hay quienes encuentran divertido dejar “su sello” por doquier.
Las reacciones de la gente
Ayer, un conocido deportista de nuestra ciudad publicó en Facebook: “Les escribo desde mi total indignación. Desde hace dos días están pintando mis paredes (en realidad no solamente la mía sino las de todo el barrio). Uno intenta mantener su casa limpia y pintada, porque si algo aprendimos de nuestras familias es el valor del hogar de uno, y se trata de mantenerlo. Sin embargo, tenemos a estos buenos muchachos que se encargan de arruinar todo lo que uno hace. Ahora, opino: ¿quién nos defiende?, ¿quién le devuelve a uno el tiempo y el costo de pintar la pared de vuelta?, ¿qué debe hacer uno si los encuentra? La verdad es que ya pareciera no saberse qué está bien ni mal, si es uno el que está equivocado o no, y eso es lo peor de todo. La pérdida de valores, el cambio de las reglas de convivencia, el no hacer a otro lo que no le gusta que le hagan a uno… Hoy parecen cosas del pasado y hasta arcaicas. Espero que podamos encontrar una solución entre todos a este flagelo”.
Por supuesto, hubo varias personas que se hicieron eco de la cuestión y comenzaron a opinar. Como no siempre el que se expresa en Facebook con nombre y apellido desea hacer lo mismo en un medio masivo, vale repasar lo expuesto por algunos de ellos mencionando nombres de pila y preservando apellidos.
"En mi casa tengo la misma inscripción, borregos de m…". (Sandra Z.)
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"¡Son un asco! ¿Por qué no los ponen a trabajar?, tantas contemplaciones…". (Norma O.)
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"Nos pasó lo mismo; nos pintaron el frente de la pelu. Lo pudimos sacar, pero no es el caso, uno se esfuerza y gasta plata en mantener todo pintado y arreglado, y estos chiquitos sin nada que hacer te rayan todo… indignación, impotencia…". (Una conocida peluquera)
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"A veces no son tan jóvenes… El mal ejemplo cunde desde los adultos… Probá con un cartel que diga que no arruinen tu trabajo, a veces funciona si te hacés un poco la víctima, ja". (Gabriela M.)
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"En el año 76 escribí en la pared de un vecino todo el equipo del Boca campeón. Me agarró mi viejo y no sólo me la hizo limpiar, sino que la tuve que pintar toda. Tenía 12 años. Te puedo asegurar que no se me ocurrió jamás hacerlo". (Carlos C.)
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"También tengo mi casa con esos mamarrachos, la pintamos y lo volvieron a hacer. En una reunión de padres de la escuela de mi hija toqué el tema, al ver los mismos dibujos en los bancos, y varios padres se sintieron acusados y dijeron que la reunión no era para ese tema. Eso fue en la Escuela de Comercio, hace 2 años. La directora me miró con cara de resignada y todo quedó en la nada. Yo creo que la educación empieza en casa, pero si en casa y en la escuela hablamos del tema y nos ocupamos y les hacemos limpiar la mugre, van a dejar de hacerlo. Ahora, si a los padres no les preocupa, ¿qué podemos esperar de esos chicos?". (Mónica R.)
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"Pasá por mi pelu y fijate la decoración que se mandaron en la persiana mía y en la de la quiniela, más las paredes de ahí… yo ya no reniego… por más que los agarren no les hacen nada". (Nati P.)
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"La verdad, esto se solucionaría con un montón de patadas en el c…, a ellos y a los padres por ser tan bol… para educarlos". (Nicolás P.)
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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