Buscan a más de 200 desaparecidos como consecuencia de las lluvias y el alud en Brasil
Unos 300 rescatistas removían ayer toneladas de lodo y basura deslizados el miércoles último desde un cerro sobre una favela en el estado brasileño de Río de Janeiro, en busca de unos 200 desaparecidos, informaron fuentes de bomberos.
El trabajo se hacía con lentitud y con el marco de desesperación de los familiares de los desaparecidos, en la favela del cerro Bumba, en Niterói, donde esa noche sucedió en pocos segundos la peor tragedia causada por las lluvias que comenzaron en ese estado el lunes pasado.
Grandes equipos mecánicos retiraban escombros, bajo la mirada atenta de los bomberos, que buscaban rastros de las víctimas del derrumbe, con el temor de que se duplique el número de muertos por las lluvias en Río de Janeiro, que hasta ayer era de 182, según un despacho de la agencia de noticias DPA.
La esperanza de encontrar a sobrevivientes era mínima, según el subcomandante del Cuerpo de Bomberos, coronel José Paulo Miranda, quien señaló que “siempre decimos que trabajamos con el objetivo de encontrar a gente viva. En esa situación, sin embargo, eso es muy difícil. Es un evento muy rápido. Tenemos muy poca esperanza”.
En las primeras horas de búsqueda tras el derrumbe, los socorristas rescataron 25 sobrevivientes, pero después sólo encontraron muertos: 17 cadáveres fueron retirados de los escombros de unas 50 viviendas, en las que, según se estima, vivían unas 200 personas.
El trabajo de búsqueda también contempla riesgos de contaminación, por lo cual los bomberos utilizan equipos mecánicos para revolver la tierra y usan máscaras.
“Toda la familia de mi vecino se fue con el lodo. Sólo en su casa vivían siete personas”, afirmó el vendedor Carlos Eduardo Moreira, uno de los sobrevivientes del alud que destruyó gran parte de la favela, construida sobre el terreno de un antiguo basurero.
Otra vecina, Gisele Barbosa, sostuvo que “parecía una película de terror. La gente empezaba a gritar e, instantes después, era llevada por la tierra. Gritaban y se morían, gritaban y se morían”.
Los relatos sobre la tragedia coinciden en que todo empezó con ruidos de explosiones, tras los cuales la tierra se desplomó y arrastró a las casas y a la gente.
Según el secretario de Servicios Públicos de Niterói, José Mocarzel, la hipótesis más probable es que las explosiones fueron causadas por el gas metano liberado por el basurero que operaba en el lugar.
El alcalde de Niterói, Jorge Roberto Silveira, aseguró que ignoraba que la comunidad del cerro de Bumba estuviera instalada en una región sujeta a derrumbes: “El basurero estaba desactivado hace 30 años… La región es muy pobre y las informaciones que yo tenía eran de que el basurero era muy antiguo y no contemplaba riesgo alguno”.
Sin embargo, el diario “Folha de Sao Paulo” reveló ayer que un estudio realizado en 2004 por el Instituto de Geociencia de la Universidad Federal Fluminense, por encargo del Ministerio de las Ciudades, advirtió que el área donde estaba instalada la favela presentaba un “elevado riesgo de accidentes”.
La Orden de Abogados de Brasil anunció que pedirá al Ministerio Público una investigación completa sobre la tragedia, inclusive para confirmar las informaciones de que ese estado recibió el año pasado sólo el 0,65 por ciento del presupuesto del gobierno federal para obras de prevención de desastres naturales.
Tras la tragedia, el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunció la liberación de poco más de 100 millones de dólares en carácter de emergencia, para atender a las víctimas de las lluvias en Río de Janeiro, que obligaron a evacuar unas 14 mil personas, aunque el dinero tardará dos semanas en ser puesto a disposición.
Al mismo tiempo, el Ministerio de Salud anunció que enviará a ese estado 75 mil juegos de medicamentos para prevenir brotes epidémicos de enfermedades, como leptospirosis, hepatitis y dengue.
Durante los próximos días, Río de Janeiro y otras ciudades afectadas por las lluvias se dedicarán al trabajo de limpieza y reconstrucción, pero en Niterói, todos los esfuerzos seguirán concentrados en la búsqueda de cuerpos enterrados bajo el lodo y la basura. (Télam)
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