Cámaras para algunos y algunas
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFinalmente, y tras 10 años sin inmutarse, el lunghismo cristalizó una acción contante y sonante en materia de seguridad, haciéndose eco del clamor ciudadano que no sabe de distingos a la hora de competencias y responsabilidades institucionales en la materia.
Se trató de poner en práctica lo anticipado por el propio Intendente en la apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, cuando por primera vez habló decididamente del delicado asunto y lo colocó como prioridad de los asuntos que competen a la gestión.
Habrá que aguardar el paso del tiempo para corroborar si las herramientas presentadas, a partir de una abultada suma de dinero de la administración comunal, se ve reflejada en resultados para lo que implica la compleja problemática de la inseguridad. Pero antes que los resultados están las respuestas a la demanda de los ciudadanos, y, en este caso, se optó por seguir el modelo massista.
Parece ser que el intendente de Tigre resulta hoy el modelo de intendencia a seguir en dicha materia, al menos así lo reflejan los sondeos de opinión que lo ubican como candidateable dentro de las turbias como movedizas aguas justicialistas.
La idea, se presume, es hacer sentir más seguro al vecino, léase más vigilado, con más presencia policial, cámaras y demás yerbas. Una receta falible al entender de las estadísticas, puesto que difícilmente el delito desaparezca por una cámara de video o un policía más en la calle.
Difícilmente prevenga como lo anuncian, apenas servirá en el mejor de los casos para colaborar en la investigación del hecho consumado.
Al decir de los últimos hechos, los crímenes se cometieron frente a cámaras mal colocadas, o que directamente no graban (las exigidas dentro del boliche), y hasta cometieron un robo a punta de pistola a escasos metros de la presencia de policías que, paradójicamente, se habían apostado en la cuadra donde días previos habían también asaltado.
Un “detalle” interesante del anuncio fue la creación de una nueva dependencia a cargo de un ex policía de la Federal. Llama la atención el nombre, no por su persona, pero sí por lo que representa. Estuvo a cargo de una fuerza que deja mucho que desear en su desempeño en la ciudad. Así lo dejan saber otros actores, como los judiciales, y hasta la propia bonaerense, que se han visto entorpecidos en sus tareas por una intervención de la Federal que poco aporta al combate de la inseguridad, que precisamente está para atender delitos federales como la droga y la trata de personas.
A la hora de poner en marcha las herramientas, también resulta curioso que buena parte de la inversión (botones antipánico, por caso) iría a parar a barrios de clase media, media alta, cuando la realidad indicaría que quien más sufre la inseguridad es el que menos tiene.
“Son los que pueden pagarlos”, responden sin más, marcando una clara distinción entre vecinos de primera y de segunda.
El mensaje es más o menos claro. No es lo mismo un asalto a una familia de “apellido” que a “muertos que no le interesan a nadie”. Sino, no se entiende porqué el pediatra va personalmente a visitar y mostrarse solidario con una familia conocida que sufrió un atraco y ofrece instalarle una cámara en la cuadra, mientras que a otra a la que le mataron al ser querido, a sangra fría en una pelea, le envía a un emisario a dar la cara, y en última instancia, al chofer.
Se trata entonces de prioridades y sensibilidad, pero también de gestos, sobre los cuales el lunghismo no está dispuesto a cambiar porque forma parte de su esencia, de su ideario.
Se ha dado un paso, un ensayo para responder a una demanda creciente que afecta directamente a su electorado. Al menos le servirá para contrarrestar la embestida de la oposición cuando llegue el tiempo de la confrontación electoral, quienes por cierto debieran sonrojarse cuando opinan y prometen otro modelo, cuando pertenecen a un partido que ha gobernado por más de dos décadas la provincia y poco, sino nada, cambió la realidad insegura de los bonaerenses.
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