Cambio automático
Sin las convulsionadas horas de otros tiempos, la semana colocó al recambio legislativo comunal casi como una mera cuestión de forma.
El oficialismo, amo y señor del recinto del Concejo Deliberante, paseó su supremacía por el Salón Blanco, la que enrostrará en las sesiones toda vez que sea necesario.
Mientras tanto, el jueves se quedó sin discusión con las autoridades del cuerpo colegiado y el manejo de las comisiones.
Se le hará muy difícil a la oposición, en este contexto, lograr introducir ideas para una búsqueda de consenso. Antecedentes sobran. Hasta aquí, los radicales no se han mostrado muy propensos a aceptar modificaciones a lo que diseña el Ejecutivo.
Para colmo, el justicialismo, en todas sus gamas, perdió a su más filosa espada: Carlos Mansilla. Durante su mandato, incapacitado para herir, el edil cooperativista se las arregló al menos para incomodar al statu quo concejalicio.
Como consuelo, ahora, leales y disidentes a Kirchner en el plano nacional tienen ante sí el desafío nunca cumplido: Articular una fuerza lo suficientemente homogénea y parir un proyecto de ciudad alternativo y sustentable. Sólo así podrán soñar con intentar arrebatarle a Lunghi el sillón más caro de Belgrano al 400.
Pero no todo quedó ahí en los últimos siete días. La denuncia de una paciente del Hospital Santamarina, a la que se le aplicó morfina, que habría salido de la farmacia del nosocomio, desempolvó viejas flaquezas en el seno del Gobierno.
Por otra parte, el dilatado problema del déficit ocupacional también salió a escena, con denuncias cruzadas y una dura ofensiva de Lunghi a Kirchner.
Con todo, sobre fines de año, las piedras en el zapato de la gestión la harán desplazarse con mayor dificultad que la esperada. Habrá que ver si logra quitárselas.
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