Cáncer de útero: se mantienen las tendencias
El cáncer de cuello uterino ocupa el tercer lugar entre los tipos de cáncer más frecuentes en mujeres argentinas
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“El cáncer de cuello uterino es uno de los pocos tipos de cáncer que puede prevenirse casi por completo. Sin embargo, sigue siendo un problema de salud relevante. La buena noticia es que hoy existen herramientas eficaces para evitar su desarrollo o detectarlo en etapas tempranas”, aseguró la doctora Valeria Valko, ginecóloga de OSPEDYC.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa principal causa de esta enfermedad es la infección persistente por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH). Se trata de un virus muy frecuente que se transmite por contacto sexual. En la mayoría de los casos el organismo lo elimina de forma natural, pero cuando la infección persiste con el tiempo puede provocar lesiones que, si no se detectan y tratan, pueden evolucionar a cáncer.
Según información del Ministerio de Salud de la Nación (Sistema de Vigilancia y Reporte del Cáncer – SIVER-Ca), la incidencia estimada (2024) fue de 16,8 nuevos casos de cáncer de cuello de útero por cada 100.000 mujeres. La tendencia de incidencia se mantiene prácticamente estable en la última década.
De todas formas, según datos de 2022, se registraron 2.222 defunciones por cáncer cervicouterino en Argentina, alcanzando una tasa bruta de mortalidad: de 9,4 defunciones por cada 100.000 mujeres. Mientras que, en 2023 se registraron más 4500 nuevos casos, con más de 2500 defunciones estimadas.
“La prevención comienza con la vacunación contra el VPH, incorporada al Calendario Nacional de Vacunación desde 2011 para niñas y niños de 11 años- explicó la Dra. Valko-. Su objetivo es generar inmunidad antes del inicio de las relaciones sexuales. Las personas adultas también pueden vacunarse. El uso de preservativo, además, ayuda a reducir el riesgo de transmisión del virus.”
Los controles ginecológicos cumplen un rol fundamental. El test de VPH permite detectar la presencia del virus mediante una muestra del cuello uterino y se recomienda a partir de los 30 años. “
Cuando el resultado es negativo, el estudio suele repetirse cada cinco años. Si se detecta VPH de alto riesgo, se realizan otros estudios para evaluar si existen lesiones”, comentó la especialista.
El Papanicolaou (PAP) y la colposcopía permiten identificar lesiones en el cuello del útero causadas por el virus antes de que se transformen en cáncer. Estas lesiones no suelen provocar síntomas, por lo que muchas veces pasan desapercibidas si no se realizan los controles periódicos.
A pesar de contar con herramientas eficaces de prevención y detección, todavía se diagnostican casos en etapas avanzadas. En muchos casos, esto ocurre porque las lesiones precancerosas no generan síntomas y los controles se postergan. También influye la falsa percepción de que el riesgo solo existe cuando hay antecedentes familiares.
Entre la infección por VPH y el posible desarrollo de un cáncer pueden pasar entre 10 y 15 años. Es un período largo en el que la medicina tiene la oportunidad de detectar cambios y actuar a tiempo.
"Mantener los controles ginecológicos al día es una de las decisiones más importantes para cuidar la salud. La prevención está al alcance: vacunación, preservativo y chequeos periódicos. Actuar a tiempo puede marcar la diferencia”, finalizó la doctora Valko.
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