?Carba casi fue una protección de las sierras?
Resignado a que la cantera ya no volverá, el empresario dice que “de haberse respetado las reglas” hoy estarían a poco de terminar, no existirían juicios millonarios y en vez del gran agujero en la sierra habría un bello paisaje
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-La cantera Carba cerró pero usted ha dicho que la historia no está terminada.
-Obviamente que no. Porque la ley ha ido en contra de una actividad lícita y a la empresa no se le reconoció nada. Hay una causa por resarcimiento económico contra la Provincia de Buenos Aires.
-Contra la Provincia, no contra la Municipalidad de Tandil.
-La autoridad minera es la Provincia. Tuvimos que reclamar, porque lo que hicieron no fue justo. Teníamos aprobados nuestros informes de impacto ambiental desde el ‘98, que cada dos años se renovaban, o sea, cuando salió la ley estábamos habilitados, el informe nuestro estaba vigente en ese momento.
-Muchos de los que lucharon contra la explotación de las canteras no previeron que lo que iba a venir -la construcción indiscriminada en las faldas- iba a ser terrible también para las sierras, ¿qué opina?
-No sé cómo está eso allá. Pero fíjese: me dice que las sierras están llenas de casas y cuando la cantera estaba en funcionamiento, teníamos 500 hectáreas de sierras vírgenes…
-El problema era -y es- ese agujero que destroza el mejor paisaje de Tandil.
-Para mitigar eso contratamos al estudio Thays, el más importante del país. Ese frente no se iba a ver desde ningún lado. Quedaba un espacio único para Tandil, único, eh. De acceso libre. Pero cayó todo en saco roto, porque no nos escuchaban. No quisieron saber nada.
-Si como tandilense le digo que usted y Carba con ese agujero nos robaron una parte, tal vez la más linda de nuestra ciudad, ¿qué me dice?
-Que si se para enfrente puede recorrer 495 hectáreas que están tan cual, como siempre. Nosotros no hicimos nada ahí. No las tocamos. Trabajábamos sobre el uno por ciento de la propiedad.
-Ya pasó mucho tiempo y se fueron, Blanchard: ¿el uno por ciento? Vamos…
-(Se enoja. Pasa al tuteo) ¡Todavía insistís con eso! Y sí: ¡El uno por ciento son cinco hectáreas, las del frente, nada más que eso! ¿Sabe cuántos años hay para poder explotar hacia abajo? Más de 3.000.
-Si el cese o no de la cantera pasaba por el voto popular, ¿qué cree que hubiese pasado?
-No sé, había muchos en los periódicos -como usted- que hablaban permanentemente, aunque yo no sé si esa era la opinión generalizada, porque luego veíamos encuestas serias y lo que más le preocupaba a la gente de Tandil eran la inseguridad, otras cosas. Y las autoridades no nos escuchaban. Nosotros les hablábamos pero no, seguían hablando de las vibraciones, que se rajaban las casas, del ruido.
-Bueno, ¡había casas con grietas!
-Eso dígaselo al arquitecto que le hizo la casa. Yo tengo grietas en mi casa acá en Buenos Aires, ¿y a quién voy a culpar? ¿a las canteras? Carba compró el sismógrafo en el ‘94 para ver si se estaba haciendo daño en las casas aledañas y ustedes empezaron a decir que el sismógrafo estaba truchado. Luego la Municipalidad compró un sismógrafo y le daba igual que a nosotros.
-¿Va a quedar eternamente ese hueco en las sierras?
-Es lo que quisimos hacerle entender a las autoridades. “¡Déjennos por lo menos terminar! ¡Achiquemos los ángulos! ¡Démosle forma!”, tratamos de decirle, porque es como dejar un edificio sin terminar.
-Hay un argumento que me parece irrefutable: plantear una extracción minera moderna en un cordón serrano como el de Tandil, con tres sierras locas, es una locura. ¿Qué dice?
-Que teníamos los días contados. No podíamos explotar eternamente, teníamos aprobado para avanzar un tiempo determinado y los frentes no iban a cambiar, porque los frentes no son más altos, más bajos ni más anchos. Estábamos autorizados a determinada cantidad de extracción.
-Si se mantenían los términos originales del acuerdo con la comuna, ¿a cuánto estarían de irse?
-Supongamos que quedaban no sé, diez años, bueno yo hice una oferta a la Provincia para achicar el plazo a cinco. Hoy estaríamos a dos de terminar y hubiese quedado algo infinitamente mejor.
-¿Una expropiación sería imposible? El Estado no va a poder comprar las 500 hectáreas de sierra.
-Nunca se habló de expropiación. Y sí… es mucha guita.
-La dueña es Carba. ¿Qué va a ser de las Animas?
-Carba es dueña de esas sierras y bueno, tendrán que ver qué van a hacer.
-¿Final abierto entonces? Y con usted, que parece guardar rencor a unos cuantos en Tandil…
-Final abierto, sí, pero no guardo rencor a nadie. Hemos hablado sinceramente, creo, ¿no?
-Sí.
-Me deja preguntar a mí entonces: ¿usted no cambió en nada su opinión después de ser tan crítico?
-Si sabía que la lucha contra las canteras cercanas tenía como beneficiarios a unos pocos que hicieron sus casas en las faldas me replantearía el objetivo de fondo. Y creo que no fue el mismo empeño el que se le gastó contra Carba que con otros. Pensando en los de afuera, perdimos con los de adentro y…
-Perdóneme: Carba no es de dueños extranjeros ni nada de esas cosas que se dijeron.
-¿El dueño es usted?
-No soy el dueño. Soy el apoderado. Presido la compañía y actúo como apoderado. Es una empresa familiar. Y sobre lo que usted me responde, mire, Carba, el único interés que tenía era explotar la cantera, no hizo ninguna otra cosa, construcciones, ni nada. Explotando la cantera casi que fue una protección de las sierras.
-Como sea, ya no volverá a funcionar.
-En eso estoy de acuerdo. Parte del capital era la gente que trabajaba y se perdió. Y los clientes también.
-¿Al final el único que no hizo un buen negocio fue usted?
-¿Sabe qué es lo único que digo? Que si el Estado decide, por ejemplo, que la ruta va a pasar por su casa, y que está bien que así sea por el bien común, tienen que reconocerle el valor, ¿no?
Poco ruido, muchas nueces
El día que la ley ordenó el cierre de Carba SA, la empresa optó por no continuar con la extracción de piedra en ningún otro lugar. Si bien aún cuenta con toda la maquinaria, la decisión de no seguir en otra parte obedeció a una sencilla ecuación: “El negocio de la piedra básicamente depende del flete, que más o menos vale el doble que la piedra”, explicó el empresario Miguel Blanchard.
Y como el destino del granito tandilense (de mejor calidad que el de Olavarría, donde la maquinaria dura entre un 20 y un 30 por ciento más porque la piedra allí es más blanda) siempre rondó la Capital Federal, Carba orientó su rumbo a otras actividades, especialmente a una que, al parecer, le dio tanto o más rédito económico y menos dolores de cabeza: la exportación de la nuez pecán a los Estados Unidos.
Considerada “la reina de las frutas secas”, la pecán posee además de una cáscara blanda, ácidos grasos no saturados -no originan colesterol ni otros inconvenientes circulatorios- en mayor porcentaje que la nuez clásica y la firma, con sus plantaciones en Misiones, se ha convertido en el principal vendedor al país del norte.
Si se compara año a año, los últimos balances dicen que con la nuez ha ganado tanto o más que con el granito tandilense en los últimos años de explotación aquí.
¿La extracción de granito no era tan jugosa entonces?
“Es una ganancia normal -aseguró el apoderado-. Si fuera muy jugosa todas las canteras tendrían máquinas último modelo y no las tienen. Las máquinas que se utilizan son costosísimas, pero además, trabajar minería es carísimo ya sea por las perforaciones, el explosivo o por los movimientos de la piedra. Y si además no vendés lo que estás produciendo, se hace muy difícil porque la piedra se vende a 30, 60, 90 días y los explosivos se compran al contado”.
Mientras tanto, la despedida de Tandil deparó, según Blanchard, un buen destino para sus empleados, quienes fueron tomados por la Municipalidad “con muy buenos sueldos”. Y supone que también lo fue para otras canteras, las que quedaron fuera de la poligonal y las de Olavarría. “Ellos deben tener más trabajo que antes”.
Ahora, mientras la demanda judicial contra la Provincia espera una decisión de los jueces, jura que en el pasado quedaron los enojos contra figuras de Tandil que protagonizaron feroces embates contra las canteras: “¿Si me acuerdo de Juan Boltiansky? Por supuesto, pero ya está, ya pasó. Creo que él hablaba desde su honestidad, él lo veía así y yo no: yo veía una actividad que trabajaba en el uno por ciento de su propiedad y que no ponía en peligro nada.
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