Carlos Fernández balancea fortalezas y debilidades de la gestión L: ?La oposición es muy mala?
Con 50 años recién cumplidos, Carlos Alberto Fernández cree que le llegó la hora de intentar dar un salto cualitativo en su dilatada carrera política. Es por eso que, a su rol de jefe de Gabinete del gobierno lunghista, le suma horas y horas de proselitismo por la Quinta Sección Electoral, a la que pretende representar en el Senado provincial.
Sabe que sus únicas chances de convertirse en legislador bonaerense se sostienen en un triunfo en la siempre controvertida interna de la UCR. Pero está confiado. Calcula con precisión quirúrgica los eventuales números de los 26 distritos en pugna y no duda a la hora de definir cuál sería su perfil en la Cámara baja.
En la Entrevista Semanal con El Eco de Tandil, aborda el tema, pero no escapa al análisis de la gestión que en el orden local lo tiene como actor protagónico desde 2003. Habla de las fortalezas y debilidades del Gobierno y de la oposición, y no duda de que ?hay Miguel Lunghi para rato? al pensar en sucesiones.
Por lo demás, repasa hitos de su trayectoria, tanto desde lo profesional como desde la faz personal.
-A veces pareciera que tiene respuestas para todo, así que, en esa línea de pensamiento, le puedo preguntar tranquilo. Ahora, ¿eso habla bien o mal de usted? ¿Es capaz de defender lo indefendible?
-No, no defiendo lo indefendible. Yo cumplo el rol que tengo que cumplir. Estudio para saber de los temas, no contesto cualquier pavada sobre cualquier tema. Se podrá coincidir o no con la respuesta que uno brinda o con el planteo que uno realiza, lo que creo es que en el ciento por ciento de los casos tengo fundamento. Aspiro a ser serio, a veces han resultado impolíticos determinados posicionamientos que he tenido, pero trato de ser serio y responsable en mis planteos, aunque no sean los más convenientes desde el punto de vista político. Pero he aprendido que es mejor que uno plantee de entrada las dificultades que hay. Es preferible que se enojen con uno, que lo puteen, una sola vez, y no sucesivas veces porque uno engañó en la primera reunión que tuvo. Es mejor decir que no de entrada, plantear las cosas tal cual como son.
-¿Cree que en Tandil se lo valora en su justa medida, o siente que se lo subestima?, a partir de un Carlitos que tiene sus connotaciones…
-No siento que se me subestime. Creo que tengo el respeto de propios y ajenos. Pero por lo que le decía, he tratado de ser serio. Sucede que también es cierto que después de tantos años uno llega a un determinado nivel, que se lo da la experiencia, el haberse equivocado muchas veces. Uno aprende mucho más profundamente cuando recibe cachetazos, y yo he recibido muchos. Como los boxeadores viejos, uno ya sabe cabecear para que no duelan tanto.
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Cuestiones tácticas
y de equilibrios
-Este presente, con Miguel Lunghi, ¿es una suerte de revancha del ninguneo de la campaña de 2003? Recuerdo que no lo dejaban aparecer ni en las fotos porque argumentaban que era un piantavotos. Es más, llegaron a recortar alguna imagen proselitista….
-No, mi relación con Miguel siempre fue buena. Pero me parece que no hay que confundir cuestiones tácticas con cuestiones de fondo. Hay un enorme trabajo para poner en primera plana cuestiones que son absolutamente menores. Con Miguel tengo una relación de 30 años, en los que hemos coincidido y disentido muchas veces. Tengo una relación de amistad con él, excelente, producto también de la lealtad de decirnos lo que pensamos el uno al otro con total franqueza. Son más las veces que no coincido que las veces que coincido con él, pero me parece que mi aporte es ése. Creo que un intendente no necesita rodearse de tipos que le digan ?está todo bárbaro, metele para adelante?, por el contrario. Rescato desde lo personal mi lealtad para plantear con claridad mi pensamiento, y rescato la inteligencia del Intendente para aceptar con absoluta hidalguía cuando alguien opina distinto, y hasta para dejarse influenciar. Me parece que eso habla muy bien de él.
-Usted es uno de los dirigentes más escuchados por Lunghi. Algunos hasta dicen que es el Intendente real, y Lunghi el formal. ¿Lo siente así?
-Me siento escuchado, como seguramente otros. Creo que todo el gabinete es escuchado. Este es un gabinete conformado por mucha gente que opina con total seriedad, profundidad y claridad. Más allá de la opinión dominante del propio Intendente, cada uno expresa lo que cree y lo que siente. Eso es lo que nos da un equilibrio que ha permitido una gestión como ésta, que a juzgar por los resultados ha sido calificada como buena por la gente.
Del ninguneo de 2003,
al Carlitos for ever
-Quedó dando vueltas lo del ninguneo de 2003. Más allá de las cuestiones tácticas, hubo algunas hasta personales…
-No, yo no me sentí ninguneado. Es más, le escribí una biblioteca al Intendente. Le digo más, a manera de anécdota, el Intendente me ofreció el cargo uno o dos días después de que ganó la interna (ante Héctor Equiza), y a partir de ahí me pidió que le escribiera para transmitirle experiencias y conocimientos que tenía de la gestión, por estar yo adentro del Municipio. Le debo haber escrito una biblioteca, porque gran parte de lo que él decía era producto de lo que yo le había acercado, con datos, estadísticas y demás.
-Pero por las dudas, en la previa, lo pusieron al costado…
-Usted no se olvide que además, alrededor de los hombres públicos movilizados en algún proceso político hay muchos entornos. Hay entornos que a veces hablan por boca de… y que no tienen acceso a toda la información.
-¿O sea que no lo afectó para nada?
-De hecho, lo que uno tiene que aprender para dedicarse a esta actividad es a desarrollar su propio ego. Yo siento que estoy sentado en la cabecera de la mesa, más allá del lugar donde esté sentado. Si uno no se siente así, va a ser difícil que se pueda dedicar a esto.
Es una cuestión de compromiso y seguridad respecto a uno mismo. Yo siempre me sentí Carlitos Fernández, soy Carlitos Fernández y lo seguiré siendo, hasta el día que me muera, a pesar de que ya tengo muchos años para que me sigan llamando Carlitos.
La victoria y la derrota,
dos grandes impostoras
-Me hablaba de que ha recibido numerosos cachetazos. ¿El peor fue el de 1999, cuando perdió la Intendencia ante Julio Zanatelli por unos 800 votos?
-No, no. En política se gana y se pierde, el que no aprenda esto, que se dedique a otra cosa.
-Pero sus posibilidades eran inmejorables…
-Bueno, obviamente. Pero en política uno es un punto en una rueda de la bicicleta. Hoy se está arriba, mañana abajo. Eso cuando uno tiene una coherencia a lo largo de los años. Si no, en vez de un punto en una rueda, se es un punto en una calesita, da lo mismo ir en el caballito, que en el autito o el trencito. Pero allí nunca se avanza, sólo se da vueltas. Yo pretendo avanzar derecho.
-¿Qué les diría a los que dicen ¡otra vez Fernández!, que grafican a los políticos experimentados con el famoso ?pollo al spiedo?, porque están quemados hasta el c…. pero siguen dando vueltas?
-Mire, yo les preguntaría: Si tuvieran que hacerse una operación grave, ¿qué preferirían, que se las practicara el profesor que lleva varios años de carrera o el chico que sale de la facultad recién recibido? Porque pareciera que da lo mismo cualquier cosa. En esto hay que tener en cuenta que lo primero que hay que aprender en política es que no se puede estar de acuerdo con el ciento por ciento de la gente. Lo que uno tiene que aprender es a ser coherente con su pensamiento, con su convicción y, a partir de ahí, meterle para adelante. Porque si no, uno no se transforma en un dirigente, sino en un seguidor de encuestas. Yo siempre digo, la opinión pública es como cada uno de nosotros a lo largo de nuestras vidas: Una suma de contradicciones. Es absolutamente cambiante y dinámica. De coyuntura. Y para transformarse en dirigente uno debe tener claro hacia dónde quiere ir, generar una proyección de compromiso con la sociedad en la búsqueda de ese objetivo. En eso uno pretende ser lo más coherente posible, más allá de los errores. Yo no estoy en esto para ser un seguidor de encuestas, pretendo ser un elemento más de un gran engranaje que transforme la sociedad en la que vivo. Para eso abracé con pasión esta actividad hace más de 30 años, y sigo igual.
El carisma y las
circunstancias
-Alguna vez le pregunté si le faltaba carisma para captar al electorado, y me comentó aquello de una profesora venezolana…
-Fue así: Nos internamos tres días para un curso en Sierra de la Ventana. La profesora venezolana era una consultora de la OEA, de la ONU, una mujer que daba gusto escuchar. Decía que el carisma es uno de los grandes mitos, porque todos lo tenemos. El tema es que coincida el carisma de uno con lo que en ese momento pretende la sociedad. Si no, no se explicaría que tipos tan cambiantes fueran los dueños del carisma en cada momento. Observe, nomás, las páginas de El Eco…
-Un ejemplo cercano es el de su jefe político: Tercero en el ´95, ganador ajustado en el 2003, y holgado en el 2007…
-Bueno, por ejemplo. Pero, ¿qué pasó? ¿Cambió el carisma? No, lo que pasó es que coincidió con lo que en ese momento determinado buscaba la sociedad.
-¿Es un convencido de esto, o le vino como anillo al dedo en su momento para minimizar los efectos de una derrota electoral?
-La realidad es que lo aprendí, como tantas otras cosas. Yo soy el mismo tipo que una vez sacó ocho mil votos y otra vez 24 mil. Soy el mismo Carlitos Fernández. Lo que habían cambiado eran las circunstancias, la coyuntura, el planteo político. Si uno lo tomara como algo estrictamente personal, se pegaría un tiro cada vez que tiene un resultado electoral adverso (risas).
Ahora, que es la hora
-Leí que Elías El Hage, en su portal La Tandilura, le preguntó si eventualmente sería un senador provincial al estilo Néstor Auza, por aquello de la publicidad de los subsidios….
-Le dije que no tendría esa característica, yo no creo en eso, lo digo francamente. Me parece legítimo y correcto lo de las entregas, pero yo aprendí otra cosa. Le doy la misma respuesta que le di a Elías: Lo aprendí cuando era asesor privado de Juan Carlos Pugliese padre, él como legislador, tenía un monto anual de subsidios para entregar a distintas instituciones. Dentro de mis tareas recepcionaba los pedidos y él decidía sobre los destinatarios, pero me tenía prohibido que saliera eso en los diarios. El no quería fotos entregando cheques, y a mí eso me quedó grabado.
-¿Cómo vislumbra hoy que será su perfil como legislador?
-Aspiraría a trabajar en los temas que más conozco. Yo creo saber mucho de política municipal, de temas que tienen la complejidad de lo cotidiano. Son temas a los que por ahí no se les da mucha bolilla, pero que resuelven problemas. Aspiraría a ser un representante de la región, no sólo de Tandil, ya que los 26 distritos de la Quinta Sección Electoral tienen una complejidad y una diversidad productiva sumamente importante. Aspiraría a hacer realidad aquello de que lo más importante que le puede pasar a alguien que se dedica a la política es que lo elijan sus vecinos: Ser el representante de la gente en la Legislatura. Además pienso ser un gestor de las cuestiones que tienen que ver con la ciudad. Aspiro a generar mayor cercanía entre las gestiones locales y provinciales, y a legislar sobre cuestiones centrales. Pero tampoco tengo todas las respuestas, habrá que conformar un equipo, en el que esté rodeado de gente que tenga que ver con la región y que hagan aportes sustantivos desde el punto de vista técnico. Apunto a ser la cabeza de ese equipo.
-¿La candidatura le llega en el momento justo?
-Nunca se sabe…
-Pero en algún momento creyó que no le iba a llegar nunca…
-Mire, la alineación de los astros no existen en estas cuestiones (risas). Son oportunidades que hay que jugarlas. La realidad es que las posibilidades de que yo sea legislador están dadas siempre y cuando gane la interna en un conglomerado de 26 distritos. Voy construyendo día a día esta alternativa y me siento acompañado por una cantidad importante de dirigentes de la Quinta Sección. Creo representar un sentimiento generalizado en mucha militancia, queremos construir un nuevo radicalismo, creemos que hay modelos de conducción absolutamente agotados y que hay que modificar. Para eso hay que generar una suerte de proceso profundo de cambio de abajo hacia arriba.
Fortalezas y debilidades
-¿Qué es lo mejor y qué lo peor del Gobierno que integra, y que conoce como nadie?
-Voy a empezar por lo peor…
-¿Eso sería la parte que Lunghi no leyó de la biblioteca que usted le escribió?
-No, no, porque como digo y escribo mucho, también me equivoco mucho. Y no lo digo con falsa humildad ni con falsa modestia, no tengo ninguna de las dos cosas. Muchas veces uno se encierra en un microclima, y cuando las cosas vienen bien, le parece que está todo bárbaro. Y el principal desafío que tenemos, y cuesta mucho asumirlo, es entender que a pesar de que nos va muy bien desde el punto de vista electoral, tenemos microclimas que no nos dejan ver todos los problemas. Debemos hacer un esfuerzo que nos cuesta para interactuar entre todas las áreas de gobiernos, en las que a veces se generan compartimentos estancos. A veces nos cuesta resolver este tipo de desafíos que se nos presentan en la acción de gobierno.
-¿Eso es lo más flojo de la gestión?
-Sí, es lo peor. Y lo mejor a la vez.
-Siempre y cuando se den cuenta…
-Sí, porque el darnos cuenta que tenemos ese problema nos permite ir corrigiéndolo. Esto es un movimiento pendular permanente, que hay que ir acompasándolo en el tiempo. Porque siempre hay una tendencia natural en todo gobierno a encerrarse en sí mismo. Tiene que haber un esfuerzo para abrirse e incorporar mediante alianzas estratégicas a distintos sectores de la comunidad.
-Esa suerte de autismo, ¿la puede hacer notar en alguna tema puntual?
-Es una cuestión diaria. Todas las semanas debatimos mucho en las reuniones de Gabinete sobre este tema, con la imposibilidad a veces de generar el remedio. Por lo demás, creo que el Gobierno se ha ido arrastrando a las circunstancias. Tenemos una herramienta electoral que tiene dificultades, como es el caso de la Unión Cívica Radical. ?Ser radical no es fácil?, decía don Arturo Illia. Y para atravesar determinados momentos, obviamente, ha sido muy difícil. Pero hemos logrado sobrellevarlo con hidalguía, sin renunciar a nuestros principios. Después, lo mejor es un equipo de gente muy sólida, que ha logrado amalgamarse con mucha coherencia y sin zancadillas. Si usted recorre las páginas de El Eco durante las últimas gestiones, se va a encontrar con cuestiones de celos entre secretarios, de inconvenientes de estas características, y nosotros no los hemos tenido a lo largo de estos cinco años de gestión.
De halcones y palomas
a un equipo sólido
-¿No hubo halcones y palomas en su momento? Por ejemplo, ante la gravedad del caso Galotto, o Balbín…
-No, no. Lo que hay es un debate permanente. Un amigo mío que trabaja en el gabinete dice que hay un piso y un techo de debate (risas). Nosotros decimos las cosas que sentimos y creemos con absoluta lealtad. Después, salimos de ahí y nos sentamos a tomar un café o a comer una pizza, que es lo que se tiene que lograr para tener un equipo político en serio. Que se debatan políticas y no cuestiones personales. Esa materia la hemos superado claramente. Eso ha sido la enorme fortaleza del Gobierno. Si uno tiene fisuras allí, le entran por todos los flancos. Eso le ha pasado a la oposición, que terminó discutiendo cuestiones absolutamente secundarias. Creo que una de las grandes fortalezas del Gobierno fue la oposición que ha tenido.
-No esperaba que lo reconociera…
-No sé si llamarlas fortalezas u oportunidades. La oposición no logró encontrar nunca un discurso que penetrara en la sociedad y se fue perdiendo en chisporroteos, pero nada concreto.
-¿Hoy la ve de la misma manera?
-El Intendente siempre dice que este Gobierno tiene tres grandes virtudes: Somos buenos tipos, hay un buen equipo y, además, tenemos suerte porque la oposición es muy mala. Lo dice un poco en chiste, pero la gestión ha sido sólida y la oposición nunca pudo pararse ante algo que no entendió nunca: Nosotros somos un radicalismo distinto a lo que habitualmente era el radicalismo. Hemos planteado un Gobierno con una fortaleza no habitual, que hace planeamiento estratégico, análisis de escenarios, que tiene en cuenta los distintos actores sociales que juegan en cada uno de los temas. Aquí hay una profesionalización en serio de la gestión pública; esto no es levantarse a la mañana y salir corriendo para determinado lado. Hay un debate previo, un esquema, un proyecto, se trabaja en serio.
Todo fríamente calculado
-Sin embargo, algunos se quejaron porque Lunghi se cortó solo y se subió a la cosechadora en el conflicto con el campo…
-No fue impensado. Hubo debate como en cada tema. Estábamos convencidos de cuál era la posición que había que adoptar.
-Pero hubo funcionarios que se quejaron en público por el exceso de afinidad al campo y las posibles represalias del Gobierno nacional y provincial…
-Somos todos gente grande, y cada uno tiene su propio pensamiento. Debatimos desde la lealtad y ahí se define la dirección a tomar. Obviamente que, más allá de la impronta personal, hay una enorme virtud que tiene Miguel, que es la que lo hace distinto: Un tipo con el 80 por ciento de imagen positiva a lo largo de cinco años por ahí se la termina creyendo, y él sigue trabajando como el primer día.
-¿Cree entonces que no tiene sucesor dentro de la UCR, y que debe ser el hombre para 2011?
-Creo que mientras Miguel tenga salud y quiera ser, va a ser él. Está claro que es el mejor candidato que podemos presentar. Obviamente que si el día de mañana no quiere presentarse se trabajará para generar otro candidato. Pero creo que hay Lunghi para rato.
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