CARLOS SEMORILE Y EL RESCATE DE LA OBRA DE BUENAVENTURA LUNA ?Yo tengo de la palabra sentido claro y diverso, a veces se me hace canto porque la entiendo a la vida como una canción perdida en medio del Universo?
?Me propongo demostrar que se puede hacer una audición radiofónica de verdadera trascendencia nacional, sin necesidad de apelar a esos recursos de quienes no tienen nada que decirle al oyente, tales como ofrecer premios o sobornar de un modo u otro al público?.
Esta expresión de don Buenaventura Luna parece actual, pero es del año 1937. Se lo manifestaba a Pablo Osvaldo Valle, uno de los pioneros de la radio en la Argentina, que le había abierto las puertas de Radio El Mundo a él y al conjunto ?La Tropilla de Huachi Pampa?.
Eusebio Dojorti era su verdadero nombre. Fue escritor, periodista, político, músico y letrista. Su gran obsesión y pasión fue difundir las expresiones populares argentinas. Actualmente, el estudio principal de Radio Nacional lleva su nombre.
Falleció en 1955, a los 49 años.
Su nieto, Carlos Semorile, ha publicado tres libros en los que rescata y recuerda la gran obra de este excepcional colega del periodismo como lo fue Buenaventura Luna.
Los trabajos de Semorile, escritor de 45 años, serán presentados en la próxima Feria del Libro de Tandil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Alcanzó a conocer a su abuelo?
-No, yo nací ocho años después que él falleciera. Pero mi abuela había guardado prolijamente sus escritos para el programa de radio, sus poemas y demás y me fui entusiasmando para publicar libros que rescaten su obra. Debo el reconocimiento a mucha gente, pero deseo citar a la investigadora de San Juan Hebe Almeida de Gargiulo, que leyó atentamente mis páginas, para mejorarlas.
-Es muy importante. Son esos trabajos que si alguien no se encarga de escribirlos y publicarlos, se perderían para siempre estos elementos tan valiosos de la cultura nacional.
-Creo que es así. Por eso que estoy muy contento de haber podido publicar estos libros, ya que él no pudo hacerlo, con toda la vasta y rica obra que dejó. Ahora me queda una tarea que no es menor, que es la difusión y la circulación de estas obras.
-Volviendo al tema del rico rescate que usted hace, leyendo los libros vemos que todo ello va más allá de considerar el mero concepto de ?tradición?.
-Por supuesto. Siempre digo que me niego a todo lo que hay de reaccionario disfrazado de tradición. Estamos en el año yupanquiano. Queda bien hablar de Don Ata, como queda bien hablar de Don Buenaventura, pero de ahí a conocerlos hay un trecho importante. Es hasta fácil cantar ?Piedra y camino? y seguir. Este tipo de facilismo es pereza intelectual, pintoresquismo en el peor sentido, reaccionario en última instancia. Para hacer una memoria justa hay que atreverse a indagar en ese pensamiento poético, literario y musical. Por suerte, aunque la tele muestre otra cosa, son muchos los que trabajan en ese sentido.
LA VOZ DE LOS SIN VOZ
-¿A qué se llamó exactamente ?El canto perdido??
-Fue una audición de Buenaventura Luna emitida por Radio Belgrano entre agosto y diciembre de 1949. Sus libretos para aquel ciclo son una suerte de ?antología bárbara? que buscaba rescatar y difundir ?el canto perdido en las tradiciones populares argentinas?. Para llevar adelante este propósito debió nacer ?Los manseros del Tulum?, un conjunto de intérpretes de los distintos acentos del país especialmente creado para el estudio del canto popular.
-Suponemos que con ?El canto perdido?, lo que intentó su abuelo fue abrir un cauce a músicas y poéticas relegadas de los medios de comunicación.
-Exacto. Su idea no fue difundir por radio el canto de los profesionales de la música o de los letristas más o menos en boga, sino todo lo contrario.
-Un poco la voz de los sin voz.
-Eso. Y lo fue logrando, porque en apenas un mes de iniciado el programa fue recibiendo colaboraciones muy valiosas por parte de los oyentes. Y no había mail, como ahora. Había que meter el material en un sobre y gastar unas monedas en estampillas para enviarlo a la radio. Pero la gente lo hacía espontáneamente y con gran gusto. De todo eso también se nutría Buenaventura Luna para ese ?canto perdido?.
GLOBALIZACION Y
EMPOBRECIMIENTO CULTURAL
-¿De qué más se nutrió?
-Yo diría que de una trabajada y reflexiva nostalgia desde la cual producía un balance de las pérdidas que provoca el así llamado ?progreso? de la civilización industrial. Planteos vigentes que forman parte del debate sobre las implicancias y responsabilidades de contar con una literatura musical propia, la misma que es amenazada por la globalización.
-O sea que ya por entonces, más de medio siglo atrás, él intuyó estas pérdidas.
-Sí, claro. Buenaventura Luna asistió al inicio de este proceso de empobrecimiento y, por ello mismo, al escribir ?El canto perdido? -y al dirigir a Los manseros del Tulum- entendía que continuaba la obra de un rescate colectivo y plural. Y que situar al canto perdido en el marco de nuestras ?tradiciones populares?, era velar por un legado del que podemos y debemos sentirnos orgullosos. La suya no es la nostalgia de la falsa poética, es una nostalgia muy trabajada y reflexiva. Sabía que lo que escribía eran también cantos perdidos.
CON EL LIBRO, UN DISCO
-Al rescate literario usted ha conseguido sumar el musical, porque el libro ?El canto perdido y Los manseros del Tulum? va acompañado de un disco compacto.
-El disco compila siete composiciones de Buenaventura Luna que fueron rescatadas por uno de los integrantes de los Manseros, el español Hilario Pueyo. Gracias a un encuentro con su hijo, Héctor Hilario Pueyo, que reside en Mar del Plata, obtuve ese y otros valiosos aportes. Y ese disco compacto que adjuntamos al libro, rescata también un intento que fue precursor en el mundo, me refiero a la edición sonora de un libro. En este caso, ?El país de la selva?, de Ricardo Rojas.
-El mismo gran escritor que estaba en Tandil en 1912 cuando se derrumbó la Piedra Movediza y mandó su emocionado testimonio al diario La Nación.
-¡Claro! Y que dejó para la posteridad una obra literaria magnífica. Don Buenaventura Luna se tomó el trabajo de realizar un excelente extracto de ?El país de la selva?. Son cuatro pistas, hay una introducción del propio Rojas, hay lectura de Luna y musicalización a cargo de Los manseros del Tulum. En esos antiguos discos de pasta, ellos intentaron plasmar la ?geografía espiritual? de una comarca amenazada porque, decían, ?los buscadores del oro han comenzado a destruir las selvas mediterráneas en nombre de la civilización?.
-Cualquier parecido con la actualidad? Sin ir más lejos, aquí en Tandil estamos luchando para que no nos sigan destruyendo el paisaje serrano, que se lo siguen llevando, también, ?en nombre de la civilización?.
-Bueno, esa es la realidad, esa es la lucha. Y ellos lo vieron tanto tiempo atrás. Es como que la tenían clara. Calcule que en los años cuarenta, Buenaventura Luna hablaba de la necesidad de rescatar los cantos argentinos que ya no se escuchaban. El ya advertía que la radio había dejado de lado su función como instrumento de educación o esparcimiento popular, para pasar a ser un instrumento meramente comercial.
-¡Mire si hubiera llegado a conocer la televisión de ahora!
-¡Uy! Mejor ni pensarlo. Creo que hubiera sido para él un gran sufrimiento.
LA PALABRA COMO DIBUJO, COLOR Y MUSICA?
-Buenaventura Luna escribió: ?Yo tengo de la palabra/ sentido claro y diverso./ A veces se me hace canto/ porque la entiendo a la vida/ como una canción perdida/ en medio del Universo?. ¡Qué maravillosa valorización de la palabra!
-Es que si el lenguaje es una consecuencia de las emociones que nos provoca estar en el mundo, su transformación en poesía, es decir su expresión más acabada, y en canto seguiría un derrotero casi inevitable. Luna decía que la palabra es el arte supremo. Y agregaba: ?¿Acaso la palabra no es dibujo, forma y color, y también música en el aire??. Sucede que don Buenaventura no solamente fue un tremendo poeta, sino también un gran músico.
-¿Qué puede decirnos acerca del ?pensamiento salvaje? del canto perdido?
-Considero que fue la movida más jugada del programa emprendido por Luna en 1949. Fecha emblemática si las hubo, porque el 11 de marzo de aquel año se había sancionado una nueva y revolucionaria Constitución que instituyó, al decir de Galasso, ?la concepción más articulada de una alternativa nacional y popular en la Argentina?.
-Sobre todo por la idea de difundir más y mejor la cuestión de las identidades regionales y nacionales.
-Sí. Por ejemplo se recomendaba a las universidades que irían a establecerse en cada región universitaria en que se dividiría el territorio nacional, ?profundizar el estudio de la literatura, historia y folklore de su zona de influencia cultural?.
-¿Y también la difusión a través de la radio??
-Por esos mismos años, estaba vigente una ley que garantizaba la difusión de un cincuenta por ciento de música nacional. Pero el problema, para Dojorti, no se reducía a los porcentajes, porque él sostenía que no se trataba de acercar al micrófono el canto de los profesionales sino ese canto perdido que tanto trabajó para que no se pierda del todo, precisamente.
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