Carta de lectores
Mamá, vos prometiste que a nosotros no
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Señor Director:
Amigos lectores, escribo estas líneas la noche después de que nuestra familia se haya constituido en una víctima más de la inseguridad que estamos viviendo por estos tiempos en Tandil.
Pensé mucho antes de de acercar mi carta a esta editorial, pero el insomnio de todos y cada uno de los integrantes de mi familia, la impotencia, y sobre todo mi sensibilidad de mamá embarazada de seis meses me indicaron que al menos esto iba a aliviar un poco la indignación que siento por haberle fallado a mi pichona.
A las 4.30, aproximadamente, de la madrugada del 14 de septiembre, las rejas de hierro que “protegen” el doble vidriado de mi cocina fueron violentadas por malvivientes que ingresaron, transitaron por la planta baja de mi vivienda y sustrayendo algunos objetos de valor; salieron por la puerta principal no sin antes llevarse consigo el manojo con todas las llaves de mi propiedad.
Ustedes reflexionarán conmigo: “¡Qué locura!”, “¡cómo nos puede estar pasando esto!” o simplemente pensarán, como tantos nos han dicho: “¿Nadie escuchó nada?”.
Lamentablemente, la respuesta es sí. Mi hija mayor de ocho años escuchó ruidos, se asomó a la ventana de la planta alta que vincula con la planta inferior, y vio cómo salía de su casa, en la oscuridad, gente que ella no conocía.
Entonces, al saber que esta “gente” no tuvo contacto con nosotros, nuestros padres, amigos y todos los que nos quieren, se alegran, dan gracias a Dios, y nos preguntan: “¿Se llevaron mucho?”. Y yo les digo: “Sí”.
Se llevaron la tranquilidad que velaba todas las noches el sueño de mis tres nenas, las últimas fotos que no habíamos podido bajar de nuestra cámara y que contenía los logros que ellas habían conquistado el último mes; los videos y fotos de los últimos cinco años de monerías que contenía nuestra notebook y que deseábamos atesorar…
A cambio nos dejaron: Además del cricket y la barreta que utilizaron para ingresar, y algunas de nuestras pertenencias desparramadas por todo el patio; la enorme frustración de saber que mis hijas no pueden sentir hoy lo que yo sentía por mis padres en mi niñez. Que eran súper poderosos y que podían protegerme de todo mal.
Yo les pregunto a Uds., papás y mamás de hoy: ¿Qué le puedo responder a mi hija cuando me dice: “Vos me prometiste que en Tandil no nos iba a pasar”? Cómo hago ahora para que cuando llega la noche, cada nena mía vuelva a dormir en su cama? ¿Cómo hago para darle al bebé que tengo en mi panza la posibilidad de estar contenido hasta que le toque llegar?
Yo les pregunto a Uds., porque son las preguntas que nos hacemos como familia y que quería compartir en esta noche de insomnio familiar: mientras seguimos invirtiendo en llaves, rejas, candados, cercas y alarmas, que sólo hacen que tengamos que privarnos más de nuestra libertad, ¿cómo le explico a mi hija que la promesa que le hice no se la puedo cumplir?
Amigos lectores, escribo estas líneas la noche después de que nuestra familia se haya constituido en una víctima más de la inseguridad que estamos viviendo por estos tiempos en Tandil.
Pensé mucho antes de de acercar mi carta a esta editorial, pero el insomnio de todos y cada uno de los integrantes de mi familia, la impotencia, y sobre todo mi sensibilidad de mamá embarazada de seis meses me indicaron que al menos esto iba a aliviar un poco la indignación que siento por haberle fallado a mi pichona.
A las 4.30, aproximadamente, de la madrugada del 14 de septiembre, las rejas de hierro que “protegen” el doble vidriado de mi cocina fueron violentadas por malvivientes que ingresaron, transitaron por la planta baja de mi vivienda y sustrayendo algunos objetos de valor; salieron por la puerta principal no sin antes llevarse consigo el manojo con todas las llaves de mi propiedad.
Ustedes reflexionarán conmigo: “¡Qué locura!”, “¡cómo nos puede estar pasando esto!” o simplemente pensarán, como tantos nos han dicho: “¿Nadie escuchó nada?”.
Lamentablemente, la respuesta es sí. Mi hija mayor de ocho años escuchó ruidos, se asomó a la ventana de la planta alta que vincula con la planta inferior, y vio cómo salía de su casa, en la oscuridad, gente que ella no conocía.
Entonces, al saber que esta “gente” no tuvo contacto con nosotros, nuestros padres, amigos y todos los que nos quieren, se alegran, dan gracias a Dios, y nos preguntan: “¿Se llevaron mucho?”. Y yo les digo: “Sí”.
Se llevaron la tranquilidad que velaba todas las noches el sueño de mis tres nenas, las últimas fotos que no habíamos podido bajar de nuestra cámara y que contenía los logros que ellas habían conquistado el último mes; los videos y fotos de los últimos cinco años de monerías que contenía nuestra notebook y que deseábamos atesorar…
A cambio nos dejaron: Además del cricket y la barreta que utilizaron para ingresar, y algunas de nuestras pertenencias desparramadas por todo el patio; la enorme frustración de saber que mis hijas no pueden sentir hoy lo que yo sentía por mis padres en mi niñez. Que eran súper poderosos y que podían protegerme de todo mal.
Yo les pregunto a Uds., papás y mamás de hoy: ¿Qué le puedo responder a mi hija cuando me dice: “Vos me prometiste que en Tandil no nos iba a pasar”? Cómo hago ahora para que cuando llega la noche, cada nena mía vuelva a dormir en su cama? ¿Cómo hago para darle al bebé que tengo en mi panza la posibilidad de estar contenido hasta que le toque llegar?
Yo les pregunto a Uds., porque son las preguntas que nos hacemos como familia y que quería compartir en esta noche de insomnio familiar: mientras seguimos invirtiendo en llaves, rejas, candados, cercas y alarmas, que sólo hacen que tengamos que privarnos más de nuestra libertad, ¿cómo le explico a mi hija que la promesa que le hice no se la puedo cumplir?
M. Celeste Sanso
DNI 24.610.546
DNI 24.610.546
Nuestro edificio municipal
Señor Director:
No sé si habrá otro igual o parecido, tan hermoso y bien conservado como el nuestro, orgullo para todo tandilense.
Su magnífica entrada con sus sólidas columnas revestidas en porcelana, realizadas por el padre y sus dos hijos Rius. La sobria escalera que nos conduce al primer piso con su prestigiosa sala, todo neoclásico.
Fue a la Municipalidad creyendo encontrar ese contexto, habitual en un tandilense, y no fue así. Me encontré con una escultura a la que no sé dar ni quitar mérito pero que es ajena al lugar, estoy seguro.
Es ajena al estilo del lugar donde la han colocado.
Por favor, otra ubicación donde luzca en un ambiente acorde a su estilo.
No sé si habrá otro igual o parecido, tan hermoso y bien conservado como el nuestro, orgullo para todo tandilense.
Su magnífica entrada con sus sólidas columnas revestidas en porcelana, realizadas por el padre y sus dos hijos Rius. La sobria escalera que nos conduce al primer piso con su prestigiosa sala, todo neoclásico.
Fue a la Municipalidad creyendo encontrar ese contexto, habitual en un tandilense, y no fue así. Me encontré con una escultura a la que no sé dar ni quitar mérito pero que es ajena al lugar, estoy seguro.
Es ajena al estilo del lugar donde la han colocado.
Por favor, otra ubicación donde luzca en un ambiente acorde a su estilo.
Carlos Leeson
LE 5.347.465
LE 5.347.465
Hay que sacarse el sombrero
Señor Director:
Me dirijo a Ud., y por su intermedio a los queridos lectores, con motivo de transmitir por este medio el más sincero agradecimiento a quienes trabajan en urgencias del Hospital de Niños “Dr. Debilio Blanco Villegas”. Aunque nunca nos alcanzarán las palabras para transmitir nuestra gratitud.
Uds. se preguntarán el porqué. Pues lamentablemente, el martes 18, alrededor de las 23, tuvimos que experimentar la angustia de que nuestro hijo recién nacido (tan sólo de 8 días) se ahogara cuando lo estaba amamantando. Sentir que la fragilidad de su ser se esfumaba. Y, en ese sentir, el instinto de supervivencia nos hizo comunicarnos al 107, urgencias del Hospital. Desde ese momento, nuestras tácticas se redujeron a escuchar la voz de una enfermera que, además de cedernos tranquilidad, nos iba guiando para reanimar a nuestro hijito. Y, mientras ella hablaba, en menos de cinco minutos, sentimos la cercanía de la sirena de la ambulancia que llegaba con dos excelentes profesionales desde el otro lado de la ciudad. Ambos, enseguida, nos serenaron porque nuestro bebé había comenzado a respirar.
Aunque “el gran susto” había pasado, como medida preventiva nos trasladaron al Hospital de Niños. Allí fuimos atendidos por un grupo “muy humano” de enfermeras y un neonatólogo de excelencia, quienes revisaron a nuestro bebé y nos contuvieron en ese momento de crisis.
Como bien expresé al comienzo, hay que sacarse el sombrero ante los excelentes profesionales que conforman el personal de urgencias del Hospital de Niños y ante la rapidez de reacción de respuesta desde nuestro llamado.
Por eso, queridos lectores, éste es un claro ejemplo en el que debemos agradecer, acompañar y confiar en que los servicios de nuestra salud pública tandilense funcionan gracias a personas idóneas y responsables.
Gracias a los paramédicos de la ambulancia Damián y Santiago, al neonatólogo Bernardo y al grupo de enfermeras/os que nos brindaron su profesionalidad y calidez humana.
Me dirijo a Ud., y por su intermedio a los queridos lectores, con motivo de transmitir por este medio el más sincero agradecimiento a quienes trabajan en urgencias del Hospital de Niños “Dr. Debilio Blanco Villegas”. Aunque nunca nos alcanzarán las palabras para transmitir nuestra gratitud.
Uds. se preguntarán el porqué. Pues lamentablemente, el martes 18, alrededor de las 23, tuvimos que experimentar la angustia de que nuestro hijo recién nacido (tan sólo de 8 días) se ahogara cuando lo estaba amamantando. Sentir que la fragilidad de su ser se esfumaba. Y, en ese sentir, el instinto de supervivencia nos hizo comunicarnos al 107, urgencias del Hospital. Desde ese momento, nuestras tácticas se redujeron a escuchar la voz de una enfermera que, además de cedernos tranquilidad, nos iba guiando para reanimar a nuestro hijito. Y, mientras ella hablaba, en menos de cinco minutos, sentimos la cercanía de la sirena de la ambulancia que llegaba con dos excelentes profesionales desde el otro lado de la ciudad. Ambos, enseguida, nos serenaron porque nuestro bebé había comenzado a respirar.
Aunque “el gran susto” había pasado, como medida preventiva nos trasladaron al Hospital de Niños. Allí fuimos atendidos por un grupo “muy humano” de enfermeras y un neonatólogo de excelencia, quienes revisaron a nuestro bebé y nos contuvieron en ese momento de crisis.
Como bien expresé al comienzo, hay que sacarse el sombrero ante los excelentes profesionales que conforman el personal de urgencias del Hospital de Niños y ante la rapidez de reacción de respuesta desde nuestro llamado.
Por eso, queridos lectores, éste es un claro ejemplo en el que debemos agradecer, acompañar y confiar en que los servicios de nuestra salud pública tandilense funcionan gracias a personas idóneas y responsables.
Gracias a los paramédicos de la ambulancia Damián y Santiago, al neonatólogo Bernardo y al grupo de enfermeras/os que nos brindaron su profesionalidad y calidez humana.
María Luz Peralta y familia
DNI 26.963.428
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DNI 26.963.428
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Educación no es adoctrinamiento
Señor Director:
Educación no es adoctrinamiento. Educar es formar, instruir, transmitir conocimiento, valores y costumbres. Adoctrinar es utilizar un conjunto de medidas y prácticas educativas y de propaganda política usada por el poder gobernante como medio de control social no explícito, a veces coactivo, pero netamente influyente.
Introducir un movimiento partidario en la escuela sin preparación docente -La Cámpora- ya es de por sí nefasto, como que los maestros hagan política partidaria o se defiende utilizando la escuela y dando mensajes que dividen en vez de propender a la búsqueda de unión e identidad.
En la sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta descalificó el ejercicio de la docencia en alusión a los continuos paros…”sólo hablar de salarios y nunca de hablar de qué pasa con los pibes que no tienen clases”. En ese sentido, advirtió que el ausentismo docente supera el 24 por ciento promedio en el país, aunque en algunas provincias es hasta mayor del 47 por ciento. No puede un docente que se precie de ser… dividir, abrir brechas entre clases sociales, despreciando a quienes tienen mejor vida y catalogando a otros como víctimas de estos.
Los niños y jóvenes deben por medio de la educación aprender conocimientos, normas de conducta, modos de ser y ver el mundo para mejorar y crear estas y futuras generaciones.
Mirta Rivero
Introducir un movimiento partidario en la escuela sin preparación docente -La Cámpora- ya es de por sí nefasto, como que los maestros hagan política partidaria o se defiende utilizando la escuela y dando mensajes que dividen en vez de propender a la búsqueda de unión e identidad.
En la sesiones ordinarias del Congreso, la Presidenta descalificó el ejercicio de la docencia en alusión a los continuos paros…”sólo hablar de salarios y nunca de hablar de qué pasa con los pibes que no tienen clases”. En ese sentido, advirtió que el ausentismo docente supera el 24 por ciento promedio en el país, aunque en algunas provincias es hasta mayor del 47 por ciento. No puede un docente que se precie de ser… dividir, abrir brechas entre clases sociales, despreciando a quienes tienen mejor vida y catalogando a otros como víctimas de estos.
Los niños y jóvenes deben por medio de la educación aprender conocimientos, normas de conducta, modos de ser y ver el mundo para mejorar y crear estas y futuras generaciones.
Mirta Rivero
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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