Carta de lectores
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2015/10/ruta226.jpg)
Un viaje a la era del hielo
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailGeneralmente cada quince días debo viajar a Mar del Plata al Inareps, para realizarme los estudios preparatorios para tres intervenciones quirúrgicas, una de ellas en la columna vertebral.
Mi obra social, Unión Personal, se ha portado maravillosamente bien, enviándome en tiempo y forma las excelentes nuevas unidades que posee Ocicom, con un personal altamente idóneo y amable. Casi completaría el cuadro una azafata sirviendo café y sanguchitos.
No sé por qué razón, en el día de ayer (julio 5), y no por culpa de Unión Personal, me enviaron una especie de cascajo de Meditandil, una organización solventada por algunos energúmenos con dinero y que hoy ahorra a costas de la salud de los poco avisados que la utilizan.
Para empezar la “agradable” jornada debían pasar a buscarme a las siete menos cuarto y vinieron a las siete y diez. Los dos improvisados ambulancistas, de movida me pidieron una almohada, porque ellos no tenían. También necesitaban una frazada.
Cuando me subieron a ese mamotreto llamado ambulancia noté que el mamparo que separa a los conductores de los transportados era completo. Como lechuza cascoteada que soy, le pregunté si tenían calefacción: me juró desde Juan XIII hasta Francisco que sí.
Arrancamos, nos dejaron solos y aislado en la parte posterior del desguazado vehículo y el frío cada vez se hacía más intenso, sin poder tener comunicación con los choferes, quienes gozaban sí en la cabina de una agradable temperatura.
Acomodados como pudimos, sin calefacción y soportando los ventichelos que entraban por todos lados, mientras el chofer bajaba cada tanto a preguntar dónde estaba y para dónde tenía que ir, finalmente llegamos al Instituto a las 10.30, donde tenía turno a las 9.40. Tardamos un buen rato en recuperarnos de la hipotermia.
Allí nos dejaron los “servidores” y nos dieron un número de teléfono para que los llamáramos cuando hubiéramos quedado libres de las consultas médicas
.
Así lo hicimos, y como la tardanza era en demasía, volvimos a llamarlos. “Estamos cargando nafta (por el tiempo que tardaron no sé si era a la ambulancia o agarraron un changa de playeros) y ya vamos para allá” dijeron. Aunque, como seguían tardando, supuse tres hipótesis: una; el gordo estaba eructando los mariscos y esperando el tiempo prudencial para andar con alcohol cero, dos, fueron a visitar a un pariente preso en Batán y, tres, querían recuperar las fichas en el Casino.
Como seguían sin aparecer, llamamos desde Mar del Plata a Tandil para preguntar si el espantomóvil había sufrido algún percance. Quedaron en contestar. Estamos esperando.
Al fin apareció ese camión frigorífico. Pensamos que por ser más tarde no haría tanto frío. Craso error. Los vidrios se congelaban de afuera, cuando hablaba con mi mujer un humito blanco salían de nuestras bocas. Dos horas después estábamos en casa, ateridos de frío que no se pasaba con nada.
Por eso, amigos, cuando pidan una ambulancia tengan cuidado que no les manden una morguera.
Dr. Marcos Vistalli
DNI 4530461
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios