Cartas de lectores
El Cervantes
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Señor Director:
Conforme narra en su "reseña histórica del Tandil" Néstor Dipaola, simbólicamente narraré que Carlos Gardel cantó en el mítico teatro Cervantes tres veces entre 1918 y 1933, dos años antes de su trágica muerte.
El Cervantes, fundado un 8 de septiembre de 1887, es hoy, en efecto, un mudo testigo del paso de nuestra historia. El otro emblemático teatro, el Italiano, fue inaugurado en 1910 y hoy no se guarda ni el rostro de ese pasado esplendoroso.
Seis años atrás, en 2008, un grupo de directores teatrales acompañados por la prensa y la comunidad, salvamos de su segura demolición los restos del viejo Cervantes: 4000 vecinos firmaron por su no desaparición y pronta reinauguración.
Durante el presente 2014, incesantes rumores de su instalación allí de una Iglesia Evangélica pasaron a ser casi confirmados por datos de la realidad: en efecto; colectas hogareñas en nombre de la Iglesia para reunir fondos; un comodato a 20 años otorgado por las autoridades de la Sociedad Española a cambio de su restauración en una suerte de administración conjunta; entre otras yerbas.
Ahora bien: una iglesia y un teatro son temáticamente incompatibles, por la elemental razón de que el teatro requiere del uso de una libertad que difícilmente se aceptaría desde un culto. ¿Cuáles serían las temáticas y criterios teatrales posibles en dicha situación? No hay teatro, si hay una prerrogativa en el uso de su libertad.
Algunas de estas reflexiones compartí por estos días con el presidente de la Sociedad Española Manuel Martínez Martínez, con quien guardo una cordial relación. No obstante, es mi deber advertir que la comunidad teatral en particular y los vecinos en general, dudo vean con positivos ojos esta situación. Una ley nacional protege los teatros y sostiene que "donde hubo un teatro, deberá seguir habiendo un teatro". Y así será.
Daniel Barboza
DNI 14.923.844
Carta abierta al rector de la Unicén
Señor Director:
Hace muchos años le envié una carta a un destacado neurólogo de la Universidad de Itaka en Nueva York. Allí le preguntaba sobre una droga y qué efecto podía tener en el tratamiento de la epilepsia en los perros. La contestación fue absolutamente breve: “No la conozco. Saludos”.
El profesor, con varios tratados sobre el tema y reconocido mundialmente, estaba verdaderamente comprometido con su labor de educador y no dudó, ni siquiera de hacerme saber, de su desconocimiento acerca de mi inquietud. Su actitud solícita aunque breve me hizo acordar que “la conducta es un espejo en que cada uno muestra su imagen”
No ocurre lo mismo cuando el consultado o advertido está montado en el rocín de la soberbia, carece de argumentos para responder, con su silencio pretender ocultar falencias directrices propias, o su grado de educación no le alcanza para saber que todo individuo civilizado -más si ocupa un puesto por el que le pagamos el sueldo- debe responder desde las válidas inquietudes de los ciudadanos hasta la excusa por no poder concurrir a un asado.
Hace ya algunos meses le envié una carta al rector de la Unicén por el desatino, la falta de coherencia en la construcción de las entradas, plenas de escalones en el Centro Universitario de la calle Yrigoyen, y la absoluta carencia de sensibilidad, sentido común, amén de un disparatado discurso partidista, donde la copia de la frase preferida de la Presidente, sonó hasta con eco, por lo mentirosa (‘para todos y todas’).
Creo haber sido lo suficientemente paciente esperando una respuesta. No la he recibido ni creo que la recibiré. Y no me extraña, hoy día los puestos más importantes están ocupados por las personas menos indicadas. Partiendo de su falta de buenos modales y educación -donde hay educación no hay distinción de condiciones- y viendo las barreras arquitectónicas copiadas de los peores ejemplos de las construcciones del siglo XIX, que nos creó a los discapacitados, no quiero imaginarme cómo será su desempeño en menesteres más importantes.
Sé y de muy buena fuente, que al arquitecto al que se encomendó la rampa hizo lo que quiso y nadie le dijo nada porque, al final de cuentas, quiénes son las autoridades para imponerse a un pariente en tercer grado del fundador de la Universidad.
A tantos meses de haberle escrito la misiva y no recibir ninguna contestación, imagino que aún menos existe la intención de solucionar el problema que puede aquejar al menos a un 4 por ciento de la población, sin contar a su familia. El germen por antonomasia del saber y la cultura que es la Universidad, está viviendo en la cápsula del tiempo, pero marcha atrás.
En mi carta anterior mencioné a José Ingenieros y al Hombre Mediocre. Creo que ante la actitud evasiva, la falta de civilizada y obligada respuesta del rector -no solamente por mi persona, sino por todos los excluidos- seguramente me he excedido, y simplemente digo que una actitud equívoca, si persiste, no es más que la máscara de la mediocridad.
Marcos Vistalli
DNI. 4.530.461
Gracias por Agustín
Señor Director:
Por su intermedio queremos agradecer a cada uno de los comercios o a cada una de las personas que dejaron en las alcancías su colaboración para acompañarnos en nuestra lucha por Agustín.
En todo momento nos sentimos muy acompañados por los gestos de tanta gente que se acercó a brindarnos su calor y su fe.
A pesar del dolor de no haber llegado al más esperado final, queremos darles muchas gracias a todos y a cada uno.
Familia de Agustín Acosta.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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