Cartas de lectores
En recuerdo de Josefina Olesen
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Señor Director:
Cuando añoro su figura fresca, juvenil, bella.
Cuando rememoro su carisma especial.
Cuando revivo la angustia de aquel día…
Cuando recreo el dolor infinito de los padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, amigos, compañeros, todos…
Cuando percibo el reflejo aún de la incredulidad y el desconcierto tallado en sus cuerpos y sus rostros.
Cuando recuerdo la desazón, el abatimiento, las miradas desencajadas, aturdidas, intentando entender lo inexplicable…
Cuando evoco el silencio, el deambular autómata de los compañeros en diferentes centros de salud, acompañando, dando fuerzas desde allí a compañeros internados por idéntica y tremenda causa.
Cuando regreso al festejo de egresados en aquel bonito lugar, un día lluvioso lleno de melancolía y no encuentro a Josefina.
Cuando concurro al acto de fin de curso, acompañando a mi nieto, compañero de la niña y escucho y participo con amor del aplauso cerrado, vibrante, largo, sentido, que recibe Ana Paula.
Cuando comparto con emoción y me contagio del llanto que produce el recuerdo de “Jocha” en el sentir de profesores y compañeros.
Cuando leo las cartas, las sensibles notas de los padres, hermanos, familiares.
Cuando los acompaño, junto con tantos otros, desde nuestros lugares, con sentimientos auténticos, fuertes, tratando de sostenerlos y acariciarles el alma y el corazón.
Cuando escucho las canciones maravillosas, plenas de amor, nostalgia y esperanza que han escrito y musicalizado compañeros y amigos.
Cuando miro cada una de sus fotos y me detengo en sus expresiones, su mirada dulce, sus ojos, su alegría contagiosa.
Cuando descubro el entorno y el dolor no cesa.
Cuando me sumerjo en mi propio dolor que es invariable desde entonces.
Cuando vuelvo mi mirada a ese maravilloso hogar destrozado para siempre, a la tristeza que lo inunda.
Cuando contemplo a los padres mutilados por el dolor, a Graciana, su hermana, su mejor amiga, estudiando lejos… A Juanchi, su hermano, que en cada cumpleaños revivirá el espanto, la congoja de aquel día…
Cuando imagino a Lucas, el pequeño “visitando” la morada de su hermanita, llevando adornos y flores y repitiendo desde su inocencia y ternura: “El jardincito de José es el más lindo…”.
Cuando la fatalidad fue la invitada trágica de aquella madrugada, pero esa alocada carrera fue la descollada imprudencia que firmó la nota.
Cuando la suma de todos esos “cuandos”… da por resultado la indiferencia, la desidia, la arbitrariedad.
Cuando la resolución es un insulto a la justicia, vacía de contenidos que expliquen la decisión tomada.
Cuando el verdadero amor al prójimo se muestra ausente.
Cuando parece todo una “interesada ceguera” y prevalece la ineptitud y la desidia.
Cuando una jueza manifiesta -conforme a los medios locales- que ni siquiera ha leído la investigación de la causa…
Cuando toda la sociedad se siente burlada.
Cuando no se analizan hechos como éste para que no se repitan.
Cuando no se toman las medidas esperadas.
Cuando se eluden responsabilidades.
Cuando la liviandad y la inoperancia dominan la escena.
Cuando se pierden los valores, que son los pilares de nuestras vidas.
Cuando se renueva el dolor con actitudes ligeras, alimentando la impotencia y la tristeza.
Así nos damos cuenta de qué solos estamos. Cuán despojados de esos valores tan necesarios que marcan nuestro modo de conducta, entonces es imposible no sentirnos desamparados, desconfiados, infelices, huérfanos de justicia y de verdades…
Pero como siempre hay luces de esperanza que iluminan nuestro camino y ellas nos instan a seguir, vivamos esperando ahora que esa luz obre el milagro que deseamos. ¡Lo que debe ser! Que el amor, la razón, los sentidos, las conductas nobles prevalezcan a la hora de las verdades y llegue, con la apelación, la claridad esperada.
Así, sólo así, podremos tener confianza en un futuro mejor y creer en la Justicia.
Ana María Andersen
DNI: 4.748.482
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Santamarina nos adelantó el Mundial
Señor Director:
Se cuenta que en un momento de no saber qué hacer con Santamarina, convocaron a Duilio Botella con el fin de que dirija a dicho equipo.
Duilio lo piensa y acepta el desafío. Ya en sus manos el equipo empieza a organizarse.
Sabe que él solo no podrá lograr ningún objetivo, entonces decide formar un equipo de trabajo para que lo asista.
Ya en el campo de juego con sus dirigidos, comienza su compromiso a seguir para lograr su objetivo propuesto por él y su equipo de trabajo. Saben que no será fácil transitar ese largo camino. Saben también que habrá muchas decepciones, críticas constructivas y destructivas, sinsabores, piedras en el camino. Todo será necesario para dejarlas atrás y alcanzar la meta. Y así lo harán.
Duilio piensa cómo hacer para superar los obstáculos sin decaer. Decide tomar de su apellido -Botella- y dentro de ella mete todos los obstáculos y emprende el desafío que finalmente llega a buen puerto: el ascenso a la B Nacional.
Hoy ya con el triunfo en sus manos, Duilio y su equipo de trabajo devuelven a la sociedad tandilense una alegría inmersa. ¡Felicitaciones! Tandil fue noticia porque Santa nos adelantó al Mundial.
Fani Ríos
DNI 4.968.011
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Cliente
Señor Director:
A veces las empresas no se hacen cargo de las garantías. Deberían recordar que el cliente que es mal atendido no vuelve y que la voz se propaga.
Cuando una empresa tiene frecuentes reclamos, tienen que pensar sus administradores que van por caminos contrarios a su interés empresarial. Si el cliente llega y ve una cola permanente de gente con notas de reclamo, percibe que ahí no es buena idea comprar.
E. M. García
DNI 26.303.422
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El PJ Tandil y el recuerdo inalterable de Evita
Señor Director:
El Partido Justicialista de Tandil hizo llegar a esta Redacción que ayer fue el nacimiento de Eva Duarte de Perón, a quien la recuerdan vivamente a quien fuera bautizada, con justicia, como la “abanderada de los humildes” y nombrada popularmente como “Evita”.
Nació en Los Toldos, el 7 de mayo de 1919. Su madre la bautizó como “María Eva”, sus amigas le decían “Chola” o “China” y las inmensas mayorías populares argentinas la abrazaron con el cariñoso diminutivo: Evita. Sería luego una de las mujeres más importantes del siglo.
“No tenía ni tengo más que una sola ambición, una sola y gran ambición personal: que de mí se diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso que la historia seguramente dedicará a Perón, que hubo a su lado una mujer que se dedicó a llevar al presidente las esperanzas del pueblo y que a esa mujer el pueblo la llamaba cariñosamente Evita”, dijo una vez, en agosto de 1951, durante un acto de la CGT.
“Declaro que pertenezco ineludiblemente y para siempre a la ignominiosa raza de los pueblos. De mí no se dirá jamás que traicioné a mi pueblo mareada por las alturas del poder y la gloria. Eso lo saben todos los pobres y todos los ricos de mi tierra, por eso me quieren mis descamisados y los otros me odian y me calumnian. Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle”, escribió en 1952.
Por su parte, Norberto Galasso, en la biografía que le dedicó a la figura de Evita, escribe: “Algunos la mantienen viva en los retratos en las villas, en los últimos rincones del país, otros encuentran en su imagen el fuego para continuar enarbolando proyectos de profunda transformación social. No es casual que hoy aparezca su rostro en el edificio del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, mirando, desde un lado, severamente, a los barrios donde viven los privilegiados y desde el otro incitando al protagonismo de los trabajadores, arengando hacia el sur”.
El Partido Justicialista de Tandil recuerda a la mujer que torció la historia a favor de los más humildes y que fue recompensada con el cariño y la admiración que ni la muerte ni el tiempo pueden mermar.
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Un llamado a la solidaridad y a la concientización
Señor Director:
Me dirijo a usted con el fin de expresarle mi preocupación y angustia sobre cierta circunstancia que vivimos el pasado 21 de abril del corriente año.
Mi nieta de 4 años tuvo una gran complicación por la cual no estuve ni estoy tranquila, al igual que los padres, debido a que la información que nos proporcionan es escasa y la seguridad que nos transmiten, más que insuficiente.
Voy a relatarle el verdadero suceso de los acontecimientos. El día lunes 21 de abril fue a una consulta con su pediatra de siempre por decaimiento, vómitos y diarrea. La consulta concluye en que no la mandara más al jardín por una semana ya que cabía la posibilidad de que estuviera circulando un virus, al haber muchos otros chicos con síntomas similares. Llega la noche del viernes 26 y los síntomas empeoran, sumándose a la diarrea, la sangre. Al no poder comunicarse con su doctora, mi hijo decide llevarla al Sanatorio Tandil.
La doctora de guardia le aconseja, luego de revisarla, que vuelva a su casa, descanse y que a la mañana siguiente la llevase nuevamente. Dicho y hecho, el malestar empeoró y el sábado 27 de abril la internan en le Sanatorio para conectarle suero y hacerle los análisis correspondientes para descartar, entre otras cosas, la escherichia coli. La madrugada del domingo 28 la intervienen quirúrgicamente al diagnosticarle, el grupo de médicos de guardia, una invaginación intestinal.
Hago un paréntesis para plantear algunas cuestiones. En primer lugar, creo no equivocarme, si entra una criatura que presenta un cuadro clínico de diarrea con sangre (y no me refiero a la cantidad que surge ante una herida), ¿cómo es posible que no la deje en observación? Segundo, una invaginación intestinal sólo ocurre, con más que mayores posibilidades, en los dos primeros años de vida de un bebé. Reitero, mi nieta tiene cuatro años. Sabiendo esto, ¿por qué llevarla al quirófano cuando se encontraba débil y dolorida luego de otras observaciones? Quiero aclarar que se encontraba sola con su padre. Acá es donde entiendo y no entiendo la resolución que los médicos tomaron. Pudo haber sido una emergencia, pero sumado a todo lo anterior, no me parece correcto someter a una niña en ese estado a una operación, donde ni siquiera esperaron a que su madre, quien estaba cuidando a su beba de 20 días, estuviera presente. Pusieron a mi hijo, como quien dice, entre la espada y la pared. En el momento no pensó nada mejor y seguro que confiarle a su hija al conocimiento de los médicos. ¿Quién no haría eso? ¿Por qué, simplemente, no esperar hasta la mañana, consultar con otros colegas y estudiar el caso? En vez de eso, la operaron, descubrieron que no era invaginación, así que le extrajeron el apéndice, la lavaron, acomodaron y cerraron, como si fuese un bolso. Ninguno de los médicos pasó después. Ninguno de esos médicos dijo palabras de aliento a sus padres.
Cada hora que transcurría ese domingo era una nueva noticia. Desde temprano a la mañana, sus padres decidieron derivarla al Hospital Italiano de San Justo. Todo una complicación similar a un teléfono descompuesto. En el Sanatorio no tenían ambulancia y no se encontraban pediatras acompañantes, hasta que llegadas las 19, apareció una concedida por un tercero, equipada de alta complejidad.
El viaje fue largo para nosotros, no me quiero imaginar lo que fue para ella. Finalmente arribamos al Hospital. Estaba en grave estado. De forma inmediata un grupo de médicos la revisó y la trasladaron a terapia intensiva. Al día siguiente le colocaron una vía abdominal para dialisarla. Dados los análisis, era indudablemente el protagonista el escherichia coli. Nos dijeron que la operación llevada a cabo en las instalaciones de nuestra ciudad fue un hecho falto de toda razonabilidad y práctica profesional. Al abrirla propagaron, por así decirlo, la bacteria hacia los otros órganos. Si bien de todas formas la bacteria iba a completar su ciclo, aceleraron este proceso. Un día más que se quedaba en Tandil y hoy esta carta tendría un final diferente. Volviendo al hilo de la historia, la cánula aplicada no funcionaba, se tapaba con la magnitud de las secreciones. Con cada día que pasaba se iba hinchando más y más. Otra cirugía llegó. Esta vez para conectare un catéter a la carótida. La trasladaron nuevamente al Hospital Italiano Central para realizarle plasmaféresis y diálisis. Fueron dos meses de internación. Parecía un juego de la Oca. Un día mejoraba para que en dos segundos comenzara a empeorar. Un día el riñón se cansaba de ser el protagonista y pasaba a serlo otro órgano, para luego volver a reclamar el papel.
Gracias a Dios, los meses interminables pasaron y por fin comenzó a estabilizarse. Ahora está acá, viajando a Buenos Aires sólo por control. Sin embargo las peripecias siguen. Nadie quiere hacerse cargo del caso y contener a los padres. Nadie que haya estado involucrado en esta historia clínica asoma la cabeza. Ni siquiera su pediatra de cabecera, quien por entrar en discrepancia con mi hijo, alegando que ella es la profesional, quiere atenderla.
Yo no soy profesional. Sólo soy madre y abuela, pero por sobre todo humana, con los errores y caídas que ello conlleva. Y lo somos todos. Pero no todos reconocemos esos estancamientos. Como muchos otros niños, fue incluida en los vaivenes del destino.
Hoy ella asimila esos recuerdos como pesadillas. Hoy ella no debe ser la única. Hay muchos niños más que sufren o sufrieron esta enfermedad. Tristemente no todos tuvieron la misma suerte. Yo pienso y digo: si los profesionales, en especial los que estén dentro de esta jurisdicción, no están a la altura de las circunstancias o no cuentan con la aparatología necesaria, les pido que deriven el caso. Que no pongan una vida en riesgo por no desistir de aquello que se crean capaces. Que no actúen con orgullo o avaricia, sino con responsabilidad y autocrítica. No por esto son más o menos profesionales. Son más o menos personas.
Para concluir, no sólo hablo de mí, hablo por todos aquellos que quieren tener voz pero no pueden. Hablo por todas aquellas familias que pasaron por esta situación y por aquellas otras que no fue su caso, pero que así mismo no quisieran transitar lo mismo.
Le doy mis más sinceras disculpas. Esto no es una carta de reclamo, sino una carta de recapacitación. No es mi objetivo faltar el respeto a los profesionales, sino más bien, un pequeño llamado a la solidaridad y a la concientización.
Emilia Alvez de Sá
DNI 12.116.508
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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