Cartas de lectores
Dudas e inseguridades del príncipe de Tandil
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Cierto grado de asombro me produce ser espectador neutral de las marchas y contramarchas de Miguel I Príncipe de Tandil, como si nuestro mandamás local fuese un mítico personaje de las ficciones líricas de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm podemos apreciamos a don Miguel Lunghi Piagentini como ha devenido hoy en un ruinoso y desgarbado príncipe quien es envuelto en las intrigas cortesanas que se producen en el Palais italianizante de Belgrano 485.
Marchas y contramarchas ha dado el Príncipe Miguel: ¿Voy o no voy? ¿Será conveniente ir ahora?¿O no? Y otras decenas de cavilaciones asolaron por estos días la mente de nuestro Príncipe electivo y vitalicio quien carga además de las decisiones domésticas del Principado tandilense, los fragmentos ominosos de un pasado brumoso que lo condena y lo asola en ocasiones.
Por estos días el Príncipe Miguel debió juzgar si era prudente concurrir o no a la audiencia con su santidad Francisco, allá en el célibe y onanista enclave del viejo continente.
Al parecer, además del complejo de Edipo negativo que experimenta el Príncipe Miguel mostrando enorme devoción hacia su perecido padre, y sumado al idílico amor que posee hacia Tandil, hay que adicionarle un espíritu dubitativo a Miguel I.
Días atrás lo veíamos declarar y declamar a la prensa sumisa con Belgrano 485 que no viajaría a la Santa Sede porque a su preclaro entender: “No es momento político para hacer un viaje de esta naturaleza”.
Distó poco menos de una semana para que Miguel I cambie de opinión y decidiera ir a conocer al Vicario de Cristo, por tanto lo que analizo es lo siguiente: ¿Acaso cambió la actual situación del país, donde se respira un aire álgido de estallido económico y financiero, en donde se tiene la latencia de una acefalía del país inminente?
Pasando a la realidad local: acaso en estos días se mejoraron las condiciones de vida de los vecinos de Las Tunitas, turbada por unos pocos truhanes (lacayos de Miguel I a la sazón)? ¿Se solucionó quizás la internilla palaciega entre sus bufones Civale y Nicolini?, ¿acaso le encontró utilidad en su corte al Delfín “Miguelito”?
¿Ah, no? ¿El Príncipe Miguel nos dice que todos esos problemas del país y la ciudad siguen igual?… Entonces ¿con qué finalidad va a molestar son su supina presencia al Sumo Pontífice? ¿Desea acaso el príncipe serrano traer de tierras vaticanas algún bálsamo que remedie la épica derrota que sufrió en octubre su alicaída y ralentizada camarilla adicta con sede en Mitre 550? ¿Buscará Miguel I alguna virgencita desatanudos para desatar los que tiene en el Parlamento local sin que al desatarse esos nudos queden a la luz los lazos que unen el poder de la dinastía Lunghi con poderosos empresarios de la liliputiense Tandil?
Este abogado de la gente se niega a pensar que lo único que desea del viaje a las tierras de Cicerón sea tener unas vacaciones gratuitas, o acaso Miguel I busca eternizarse de la mano de sendas y funestas gigantografías en donde luzca su hipócrita sonrisa campechana junto al rostro papal aprovechando la Franciscomanía, como así lo han hecho políticos que usted desprecia y dice repeler.
Sepa a sus actos, Príncipe Miguel, darle más cordura y diligencia y desde el humilde lugar que ocupo le deseo un buen viaje, bueno si es que su alma dubitativa lo deja arribar a la aeronave.
Con el aprecio que me hace característico…
Claudio G. Castaño
DNI: 22.086.747
Tandilense.
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Destacamento en Las Tunitas
Señor Director:
Al enterarme por versiones periodísticas de que se correría riesgo de no ponerse la comisaría en el barrio Las Tunitas, decidí escribir estas líneas al ciudadano honrado y trabajador de Tandil.
Ciudadanos: olvidémonos de lo que quiere Lunghi, Bossio, Ersinger y demás políticos, unámonos todos en apoyo a la gente trabajadora de Las Tunitas para que se pueda poner el destacamento. No dejemos que un grupo de delincuentes nos gane.
No olviden que ya una vez nos ganaron cuando tuvimos que comenzar a poner rejas en nuestras casas y vivir como presos, mientras ellos andan sueltos, haciendo lo que quieren.
Lo que está pasando en Las Tunitas puede pasar en cualquier barrio de Tandil, si los delincuentes logran que no se abra la comisaría, otra vez saldrían triunfadores, los maleantes de todas partes se agrandarían, total una vez más ganan, nadie los toca, siguen haciendo lo que quieren y la gente trabajadora otra vez es la que pierde, la que resulta perjudicada.
Disculpen mi atrevimiento de convocarlos a unirnos todos en esta “batalla” ¿Hasta cuándo vamos a permitir que estas injusticias sucedan? No nos dejemos pisotear, la unión hace la fuerza, luchemos todos por el bien de los ciudadanos. Muchas gracias.
Mónica
14.122.748
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Prohibido olvidar
Señor Director:
No los conocí. Seguramente nos hemos cruzado muchas veces por las calles de la ciudad. Ahora cuando miro las fotos me parece haberlos visto alguna vez, pero eso no tiene ninguna relevancia. Sí la tiene la forma y el porqué comienzo a conocerlos y por eso, está prohibido olvidar.
Veo las fotos debajo de los titulares de los diarios, son jóvenes y esa imagen hace que los sospeche alegres, llenos de vida, llenos de sueños, de proyectos. Leo que tienen esposas e hijos pequeñitos aún pero lo suficientemente grandes como para sufrir su ausencia. Por eso, está prohibido olvidar.
Se les adivina una vida sencilla, sana, de trabajo, seguramente con la lógica aspiración y las promesas a los suyos de un pasar más holgado, de un futuro promisorio, de un esfuerzo compartido para “salir adelante”. La preocupación cotidiana por el bienestar de los hijos, la alegría de verlos crecer. Todo pensado con plazos muy largos, propio de quien es joven y siente que tiene todo el tiempo del mundo para cumplir con sus sueños. Sin embargo ya nada de esto va a ser posible, no para ellos. Por eso está prohibido olvidar
Cuántas personas se pueden lastimar, cuántos sueños se pueden abortar, cuántas vidas se pueden truncar solamente con una decisión. Aquí no fue el destino, ni la fatalidad, ni Dios quienes la tomaron, esta decisión tiene nombre y apellido, las causas de estos sucesos tienen responsables-culpables. Por eso, está prohibido olvidar.
No pongamos a estos muchachos como héroes, no lo son. Son víctimas, víctimas inocentes de la codicia, de la avaricia, víctimas de la insolente prepotencia de quienes priorizan una cuenta bancaria poderosa y que no les importa cómo la lograron sino lo que con ella pueden hacer y a quién pueden mandar. Por eso, está prohibido olvidar.
También fueron víctimas de la indiferencia de los dirigentes empresariales que sostuvieron que las acusaciones a la empresa eran absurdas e infundadas. De ciertos dirigentes políticos que se empecinaron en mostrarla como parte del Tandil soñado y ocultaron las pesadillas. Ambas dirigencias defendieron lo indefendible. Minimizaron los hechos. Quisieron invisibilizar lo que estaba a la vista. ¿Y ahora? Ahora no se los escucha, seguramente, acostumbrados como están en poner las responsabilidades en otros dirán que está en manos de la Justicia. Por eso, está prohibido olvidar.
La muerte de un héroe causa mucho sufrimiento y aunque nos cueste aceptarla la podemos entender porque quien la padece fue consciente del riesgo que corría y lo asumió voluntariamente. La muerte de una víctima nos oscurece el alma y la razón por el dolor, lo inesperado y sorpresivo la hace incomprensible y sólo puede encontrar la luz con un acto de justicia. Por eso está prohibido olvidar.
Por sus padres, por sus hermanos, por sus esposas, por sus hijos, por sus familiares, por sus amigos. Por sus compañeros, que rehenes de la necesidad y de las presiones tuvieron que volver al trabajo, siendo que las condiciones cambiaron poco y nada. Porque somos vecinos de Tandil que tenemos la obligación de exigir justicia, por todo eso, por todo eso está prohibido olvidar.
HUGO BASUALDO
DNI 12.059.176
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Acto de discriminación
Señor Director:
Soy Pablo, papá de un nene de tres años y medio con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y quería denunciar un acto de discriminación por parte de la directora de Aipin (Atención Interdisciplinaria para el Desarrollo Integral del Niño), situado en 9 de Julio casi Garibaldi.
Llegamos a esta institución por medio del Hospital para tratar a nuestro hijo ya que en Aipin se tratan y diagnostican trastornos generalizados del desarrollo.
Y la señora siempre nos tuvo a las vueltas. Fuimos por primera vez a principios de agosto y recién nos dio turno para la entrevista a fines de septiembre (de admisión). Conseguimos esta entrevista y luego tuvimos que esperar a mediados de octubre para que lo vea a nuestro nene y le haga el diagnóstico donde le diagnostican TEA. Una vez hecho esto, la licenciada nos dice que el nene necesita tratamiento urgente y como no tenemos obra social que fuéramos haciendo los trámites para sacar el certificado de discapacidad en el Hospital para luego acceder a la pensión y a la obra social IOMA.
Y como este trámite tarda no menos de seis meses le dijimos si por favor podía empezar a atender a nuestro nene y que le pagábamos la consulta, ya que necesita urgente el tratamiento cognitivo conductual que se hace en Aipin. Esto fue a principios de diciembre y esta señora nos dijo que en diciembre no podía, que esperáramos al 6 de enero para empezar con la terapia.
Como llegó el 6 de enero y no nos llamó como habíamos acordado intentamos contactarnos nosotros y nos dijo que se encontraba todavía de vacaciones y que volviéramos en febrero.
En febrero la volvimos a llamar y como nuevamente no nos atendió, mi señora fue a hablar con ella el martes 11 de febrero a ver por favor cuándo podía empezar con la terapia ya que veíamos peor al nene. Le dijo que la disculpara porque no lo iba a poder atender al nene por problemas personales y que no atendían por IOMA.
Nuestra bronca es porqué no nos avisó antes que no podía atender a nuestro hijo. Además sabía que necesitaba con urgencia la terapia cognitiva conductual. Nos indigna cómo nos tuvo a las vueltas por más de tres meses para después decirnos que no lo podía atender.
Para nosotros fue un acto de discriminación por el solo hecho de no tener obra social. Seguramente esto les pase a otras familias que al no tener obra social ni suficientes recursos económicos, los niños con estos problemas quedan sin el tratamiento adecuado ya que en el Hospital tampoco existe un gabinete interdisciplinario para tratar estos problemas.
Es indignante como una psicóloga, que supuestamente debía estar a favor de los derechos de integración de los nenes con discapacidad, nos haya tratado de esa manera.
Pablo Monove
DNI 22.985.697
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Los vecinos y los espectáculos en el Parque
Señor Director:
Por su intermedio nos dirigimos al intendente Lunghi.
Desde hace años que los vecinos del Parque venimos soportando el destrato municipal. Parece que hubiera cierto ensañamiento, menosprecio o indiferencia de parte del Municipio, o bien la sumatoria de todo. Los cortes de la calle Callao al 0 entre la portada y el anfiteatro (única sin cloacas pese a los reiterados pedidos) y de la diagonal del parque para los espectáculos públicos y privados han ido aumentando en el tiempo, y en estruendo, superando las reglamentaciones sobre decibeles y cualquier norma civilizada. Por lo visto quien decide dar el ok para su realización ha encontrado un lindo lugar para plasmar sus veleidosas decisiones.
Todos los años en ciertas fechas tenemos las calles cortadas, pero en ocasiones con peatones transitando, así es que debemos esquivarlos con nuestros autos, con el peligro que ello conlleva. Peligro para el que circula en auto, y para quien va a pie, en su integridad física, ni más ni menos.
Desde hace un par de años el gobierno municipal decidió cortar la calle Callao al 0 para organizar una feria gastronómica que acompaña al Festival de la Sierra. Así es que por uno o dos días antes, y durante cuatro, más uno o dos días después, los vecinos nos vemos obligados a ir sorteando con nuestros vehículos cables, herramientas, fardos, camionetas mal estacionadas, personal dedicado al armado de toda la parafernalia de las estructuras que soportan la cartelería (sujetas al asfalto con cables que sobresalen hacia los lados), los puestos de venta de productos alimenticios y los de propaganda política, con estos últimos invadiendo todo el ancho de la calle en las horas pico. Durante estas horas que suelen ser nocturnas, durante viernes y sábado hay centenares de personas que van y vienen paseando por esa cuadra, distendidas. Familias enteras con niños pequeños y en brazos pasean y disfrutan los espectáculos musicales en el anfiteatro y compran o degustan los quesos y chacinados. Y es en ese ambiente festivo donde necesariamente debe uno “irrumpir” con su auto para poder entrar o salir de su casa. La gente que ve un auto maniobrando a centímetros de sus cuerpos se molesta y se preocupa por sus niños y ancianos, como es lógico entender.
El hecho puntual que contaré es el siguiente. El viernes 7 por la noche mi mujer y mi pequeño hijo fueron a buscarme porque yo trabajo hasta tarde. Al poco de subir al auto, mi mujer me cuenta que tuvo un problema para poder salir de casa, algo que a uno lo predispone mal porque sabe de qué puede tratarse. El caso es que saliendo hacia la portada tuvo que pedirles permiso a quienes estaban en uno de estos puestos que invaden todo el ancho de la calle, cerca de la esquina, donde se forma un embudo de gente, y la cantidad de personas circulando a pie, sumada a la mala voluntad de los sujetos para correr un poco más el vallado por ellos colocado, tornaba la maniobra en una situación tensa y de cuidado. Para poder salir pasó un muy mal momento ya que estos valerosos caballeros no sólo le tomaron el pelo durante la maniobra sino que uno de ellos la mandó literalmente a la c… de su madre a grito pelado. Este valiente no estaba cuando yo regresé, lamentablemente. Pero la cosa no terminó ahí.
Cuando regresamos, el inspector de tránsito se limitó a correr el vallado para que pasáramos y ahí concluyó su trabajo. Entonces, en esa subida luego del badén, entre las estructuras y sus cables sobresaliendo a los costados, con la mala iluminación y los centenares de personas, tuve yo mismo que bajarme a acomodar a la gente pidiendo permiso, haciendo señas y vociferando por delante del auto, que avanzaba de a centímetros, para que nadie se cruzara y ocurriera una tragedia, tarea de cuidado y que no me corresponde (¿se pone en mi lugar, Lunghi?). A todo esto la gente ve un tipo diciendo que se corran, con un auto atrás haciendo señas de luces, y se molesta. Y tiene razón en molestarse toda esa gente, porque está paseando por una calle cortada, pero que en realidad no está cortada. Es entonces, de entre toda esa gente que se detiene a curiosear, que a un sujeto se le ocurre decir qué clase de privilegios debe tener uno para meterse en auto de esa manera y bla, bla… El asunto es que en ese ambiente hostil, de muchedumbre cuasi enardecida contra uno y a los insultos, casi me trompeo con el “héroe” que llevaba la voz cantante.
Por último, logramos entrar el auto y vi que en la vereda reposaba un cúmulo de toldos que habían dejado los del puesto de enfrente y de los cuales uno había caído hacia el interior de mi terreno, así que le pedí a quien estaba ahí que lo corriera. Bien, el tipo no tenía nada que ver, sólo estaba sentado en un costado, así que uno de los empleados se acercó y lo hizo. Y también lo hizo quien estaba a cargo, que me dio la mano en “son de paz”. Intentó alguna explicación sobre la organización, que ellos habían querido lograr… que una mano quedara libre y que… en fin, palabras para tranquilizarme. Entonces le expliqué que ahí no deben realizar más esa feria porque causa severos trastornos, no sólo por el corte en sí, sino por el añadido de los hechos que he contado y que no sólo me ocurrieron a mí, sino a otros vecinos. En particular una vecina directamente se fue del barrio y me dejó la llave por esos días. Le dije entonces al encargado, o quien fuera, que cualquier persona con dos dedos de frente y de vocación por el prójimo se da cuenta que semejante feria va a provocar trastornos muy seguramente, más cuando la ausencia del municipio es total, salvo con un agente de tránsito corriendo y volviendo a su lugar una valla. ¿Policía? No vi. Le dije que de última, y otra vez cortando calles, la opción podía ser la diagonal del parque, si es que querían estar cerca de la gente para vender más.
Los políticos deben entender que la democracia es para todos, no para una mayoría, y menos para una minoría. Que el beneficio de las decisiones políticas debe ser para todos y no que se perjudique a una minoría, en este caso, los vecinos de Callao al 0. Esto es pensar democráticamente, ¿se entiende?
Estamos seguros en afirmar que usted, intendente Lunghi, se considera una persona civilizada, por ese motivo, también debe ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Por eso queremos que comparta con nosotros:
· No queremos más pruebas de sonido a las 23.30, como el jueves 6, cuando tuvimos que ir a quejarnos, una vez más, y van decenas de veces… porque se nos volaban los techos.
· No queremos cortes de calles arbitrariamente y sin aviso alguno. Los cortes deben ser por motivos urgentes, como un accidente o una tubería rota, no por otros motivos.
· No queremos estar librados a la buena de Dios, a hacer la nuestra como podamos para poder entrar en nuestras casas o tener que dejar el auto a la vuelta y poner el reloj para despertarnos a la madrugada para entrarlo, como ha ocurrido.
· No queremos tener que irnos de nuestra casa a otro lugar hasta que termine la feria.
· No queremos espectáculos callejeros o en el anfiteatro con volúmenes que superan cómodamente la reglamentación, o estar rezando para que cambie el viento y se lleve el sonido para otro lado. Queremos escuchar el TV en el living de nuestras casas.
· No queremos que no nos dejen entrar a nuestras casas cuando llegamos en auto, como le ocurrió a una vecina cuando trajo a Julio Iglesias.
· Entienda que la zona no da para que se acumulen cientos o miles de personas, hay vecinos que viven en esas casas que están ahí, y que así seamos pocos, tenemos derechos.
Las leyes, ordenanzas, reglamentaciones, deben cumplirlas todos, claro está, incluso el Municipio, que contradictoriamente obliga a los vehículos y motos a transitar en doble mano por el arco de la portada, cuando hay una clara flecha indicadora de que quien sube debe doblar primero bordeando la portada, dando prioridad a quien desciende desde el parque. El Municipio infringe la ley al obligar a los ciudadanos y vehículos a compartir, y transitar, una misma vía (calle Callao), con el riesgo que esto representa, atentando además contra toda razonabilidad y civilidad (¿qué haría Ud. si pisa a alguien?).
Un caso patente se repite en Semana Santa cuando decenas de autos y carpas colonizan las dos plazas de la diagonal. Autos que van y vienen por el pasto sin problema alguno, en las mismas narices y ante la atenta mirada, e inacción, de los inspectores de tránsito, porque los feriantes ya pagaron “buen precio” por sus puestos al Municipio. Por eso los agentes de tránsito sobre la calle Echeverría y la diagonal hacen caso omiso a las reiteradas violaciones de la ley, es más, tienen indicando “no mover un dedo”, como me han dicho. Para esas fechas ambas plazas se transforman en “tierra de nadie”. Adiós en pensar sentarse con los niños en el pasto o ir a los juegos porque se corre riesgo de ser atropellado. Desde la óptica municipal está bien que, dependiendo del beneficio de la ocasión, los autos puedan circular por las plazas y los transeúntes deban hacerlo por las calles entre los autos. A ver si entendemos: esto es incivilidad, desprecio por la ley y autoritarismo.
Tenemos en claro que cuando los políticos tienen un interés variopinto de por medio, todo vale. Por eso decimos que la ley debe ser para todos, no para algunos sí y otros no, algunas veces sí y otras, no. El municipio debe estar presente incluso después de cobrar el canon y evaluar los éxitos no por la cantidad de gente que va a un festival, sino por la organización y respeto hacia todos, sin reclamos como éste de por medio.
Los políticos deben entender que no son los patrones de la estancia, que no son los taitas del arrabal, que el municipio no se maneja como a una empresa privada donde ellos son los gerentes y accionistas mayoritarios, sino consensuando y pensando para servir al ciudadano, a todos los ciudadanos (para eso se hacen las leyes), y no en cuánto vale políticamente algo y cuánto rédito se le puede sacar, a todo. No queremos más atropellos, estamos hartos. Recapacite intendente Lunghi.
Luis García, vecino de Callao
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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