Cartas de lectores
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTerrenos peligrosos
Señor Director:
Si bien el título de la carta parodia a una conocida película americana, lo que no es parodia fue lo ocurrido días pasados en la avenida Bolívar entre Chile, Fugl y Lamadrid. En menos de una hora tres comercios lindantes fueron robados con total impunidad, y las crónicas de los medios fueron elocuentes: “entraron por los fondos, y la entrada fue facilitada por un terreno baldío que desde hace décadas está en total estado de abandonado en la calle Bolívar”.
No quiero caer en aquello de “la propiedad es un insulto” de los anarquistas, en la antípoda, en este caso prefiero recordar lo que sostenía el histórico economista David Ricardo “la propiedad es una institución social por excelencia, cumple la función de salvaguardar la libertad de las personas y asegurarlos contra los riesgos de la vida”.
A esta altura ya nadie puede ignorar la falsedad que hay en la afirmación del gran economista. Con sólo ver el uso que hacen los propietarios de terrenos baldíos abandonados se llega a una conclusión muy simple: generan en la ciudad tanta inseguridad los chorros como los vecinos desaprensivos que no cuidan sus terrenos, sólo que la ley protege a estos últimos, que hacen gala del derecho de usufructo al tiempo que, como queda demostrado con los robos de Bolívar, perjudican impunemente a los vecinos.
Tal como lo han destacado las crónicas de su Diario, en Tandil el problema de la vivienda y la seguridad son prioritarios y están permanentemente en la agenda de los gobernantes. Si por caso alguien sumara la tasación en pesos de los terrenos abandonados que se encuentran en la manzana anteriormente nombrada, y que dan especial cobertura a toda clase de malvivientes, ya que lindan con más de 15 patios, seguramente se podrían llegar a levantar más de media docena de casas.
Sin embargo esta injusta situación persiste desde hace tiempo, y a pesar de los encomiables esfuerzos de algunos vecinos que por su cuenta encaran el cuidado de esos terrenos, pareciera que no hay coto a semejante estado de inseguridad y desidia, pero se judicializa y se ataca a los pobres cuando en su desarraigo ocupan alguna propiedad privada. Se ve entonces que el Estado defiende la propiedad cuando se la intrusa, pero cuando los propietarios tienen sus bienes raíces abandonados y crean inseguridad y riesgo sanitario nadie hace nada.
Habida cuenta de los distintos hechos que vienen sucediendo, y ahora que la cuestión está en plena vigencia, hay que decirlo con todas las letras, tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo de nuestra ciudad deben y tienen que llevar adelante acciones concretas y urgentes para poner fin a semejante situación de injusticia e inseguridad. No sólo el agua trae problemas, la tierra si no se la cuida puede ser tan peligrosa como 300 milímetros de lluvia. Por último recuerdo que por fortuna en los tres negocios robados no había gente, quizás la próxima no sea así.
Angel Orbea
DNI 11288794
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Nueva política
Estimado Director:
Desde principios de marzo hasta hoy tenía ganas de escribir sobre la política y el Frente para la Victoria en particular, pero eran tantos los acontecimientos que nunca llegaba la oportunidad.
Aclaro que soy ciudadano de la provincia de Buenos Aires y ciudadano de la ciudad de Tandil, que respaldo la forma republicana y la distribución de la riqueza. También que soy peronista desde que tengo memoria.
El motivo por el que explico esto es porque la verdad, no puedo comprender como a nivel local, provincial y nacional, los distintos integrantes del FPV dejan que los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires sufran por lo que ellos llaman “alinear a un gobernador”.
Es inadmisible que los integrantes del FPV no hayan repudiado la actitud del Gobierno nacional, por más que forman parte del mismo movimiento, a la negativa de no transferir fondos o permitirle tomar deuda al gobernador de la provincia para aumentar los salarios docentes. ¿No saben que al no haber clases se perjudican los más pobres, que esto ayuda a que la brecha entre ricos y pobres sea cada vez mayor?
¿Cómo no se quejan pensando en los compañeros que los votaron -mínimamente en ellos si es que no quieren pensar en todo el pueblo- en lo injusto de estas políticas? ¿Cómo no se quejan de ser discriminados como ciudadanos de la provincia de Buenos Aires al no permitirle a ésta hacer lo que sí se permitió a Chaco y Entre Ríos, que tomaron deuda? No es culpa nuestra que los gobernadores de Chaco y Entre Ríos fogoneen la re-reelección y Scioli, no.
En estos días, yendo a la tragedia sucedida en La Plata y el conurbano, vemos con tristeza como a la gran movilización ciudadana por colaborar la empañan los políticos mintiendo, llegando tarde, falsificando fotos, colocándose remeras y chalecos partidarios, pegando calcomanías a los camiones con provisiones para hacerlas propias, etc.
Cómo no piden explicaciones los peronistas de bien sobre estos hechos, sobre como no se hacen las obras necesarias, cómo con la mitad de lo que costó Tecnópolis se podrían haber realizado las obras de los arroyos que castigaron a la Capital Federal.
Como conclusión le digo que la nueva política no significa gente joven solamente, sino que significa decir no a la obediencia debida, no aprovecharse del sufrimiento de los demás para su beneficio, no hacer sacar a TN de lugares públicos, no es homenajear a Chávez, sino enfrentar con decisión al gobierno nacional, provincial o municipal sin importar el partido si algo está mal, o apoyar al gobierno nacional, provincial o municipal si lo que hace está bien.
No se puede trabajar por Tandil dependiendo de los humores en Capital. Se trabaja y se ganan elecciones ocupándose, preguntando, sirviendo y estando con la gente. Creo que no se forma ideológicamente a las personas a través de un puesto administrativo.
Todo esto es, y seguirá siendo, la vieja política, si los que no estamos de acuerdo con esto no hacemos algo.
Marcelo Valle
DNI 21.502.157
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Mujica, la coartada ideal
Señor Director:
Sabida es la gran adhesión que se le profesa al presidente uruguayo Pepe Mujica. Tandil no escapa a eso, y tras el comentario que ha hecho Mujica sobre la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, como uruguayo que vivo en Tandil deseo expresar una opinión al respecto.
Es verdad, Mujica no podría caerle mal a nadie: un tipo con esa filosofía de vida y a la vez con mucho intelecto, ¿Cómo no quererlo? Pero el asunto no es nomás que Mujica es un granjero loco, renegado y filósofo que se las sabe todas, sino que es presidente de un país y tiene que hacer política. Cuando eran las elecciones en Uruguay -yo soy uruguayo- y me preguntaban si votaría a Mujica, yo contestaba que “lo voto con los ojos cerrados, porque si los abro, no lo voto”. Y cada vez estuve más seguro de esa contradicción.
Uruguayos, uruguayos en Argentina, es hora de tomar aire, y quedarse así un rato antes de decir o pensar algo. Aunque algo habría que decir. Lo primero es reconocer el hecho en su esencia: Mujica, el presidente de Uruguay, ofendió feo a la presidenta de Argentina (“la vieja es peor que el tuerto”). Varias cuestiones, ninguna descabellada, hay en ese muy infeliz comentario: 1- ¿Ofendió sólo a Cristina? 2- ¿Expresa un sentimiento antiargentino? 3- ¿Es contra todo el gobierno de Cristina, por ende contra el peronismo o los peronistas? 4- ¿Es una opinión personal, o representa un sentir de buena parte de los uruguayos?
Disculpe alguno si lo entusiasmé, pero ahora no me voy referir a estas cuestiones, sino a lo siguiente: dejando de lado el desagrado natural del oficialismo, la frase será, ya está siendo, festejada por muchos argentinos. Usada. Yo digo que Mujica, desde hace tiempo, es la coartada perfecta de las ideas conservadoras, y esto hasta dicho sin juicio de valor, ya que hay gente conservadora horrible y otra que no. Hay unos que lo elogian de buena fe, pero no dejan de ser conservadores políticamente. Entiéndase, lo que aquí escribo no es un ataque a quienes defienden a Mujica, sino es una opinión sobre lo que entiendo significa esa simpatía.
Demás está decir que el “mujiquismo” es coartada del antikirchnerismo, es usado como eso. Y no por la izquierda anti K, sino por la derecha, la centroderecha y todo lo que hay del muy ambiguo progresismo hacia la derecha. O sea, al ser Pepe Mujica, es una coartada progresista.
Hace pocos días, alguien subió al Facebook una de las tantas loas a la austeridad, a la casi pobreza franciscana en que vive Mujica. “Quiero un presidente así para mi país”, decía una foto de Unasur en la que varios presidentes, entre ellos Cristina, le señalan riéndose a Mujica sus zapatos, unos zapatos que sólo él podría ponerse para una cumbre de ese tipo. Y de esas, hay muchas. Hay que leer: queremos ese presidente-no queremos esta presidenta. ¿Cuál es la misión de un presidente: usar zapatos rotos y ropa sin planchar (por mí todo bien con eso), o hacer un sistema más vivible para todos y no para unos pocos? ¿Usar la misma heladera desde hace cincuenta años y fundamentar así una inapelable filosofía contra el consumismo, o enfrentarse a ciertos poderes para producir cambios necesarios en el rumbo de un país? ¿Cuál es la misión del gobernante, ya no del vecino Pepe Mujica?
Y Mujica es una coartada perfecta del anticambio porque tiene un pasado de lucha indudable. ¿Ven?, Mujica no divide al país, no genera choques, no “crispa” a nadie, no usa joyas ni ropas de marca… No hace lío. Mujica es presidente y es pobre. Uruguay está en paz. Esa es la visión. ¿Y la gestión? Ah, eso no importa, porque encima los argentinos van de turistas, y esos lugares siempre están bien.
Uruguay crece y brilla en toda la costa, pero Montevideo tiene una pobreza que asusta y que la van reteniendo en algunos barrios. La inclusión social, la desocupación, la justicia, los derechos de las mayorías son temas muy pendientes. La democracia uruguaya sigue siendo rehén de oscuros y elitistas intereses que están desde tiempos de la dictadura. Como símbolo, vergonzante por cierto, es que la impunidad de los crímenes de la represión (torturas, violaciones, fusilamientos, robos y muchos etcéteras) está, aún hoy, intacta. En febrero último, la Suprema Corte frenó las pocas causas judiciales que se habían abierto, y todo siguió igual.
El elogio a Mujica en Argentina sirve incluso para darse un barniz de encanto y simpatía con la lucha social, aunque nunca lo hayan practicado y en algunos casos hasta sean lo opuesto a eso. Sirve en este sentido: ¿ven?, ese luchador me gusta, fue guerrillero, estuvo preso, y ahora gobierna para todos. Como diciendo: si la izquierda es así, yo también podría ser de izquierda, ¡Qué tanto! (Todo esto sumado a ese aura de gente intachable y buenísima que gozamos los uruguayos, esa “discriminación positiva”, y que a mí ya me rompe bastante las pelotas). O sea, el elogio a Mujica siempre tiene segundas intenciones y es un tiro por elevación al “cristinismo”.
Creo que Mujica es un hombre derrotado. Eso debería ser doloroso –para mí lo es-. Y creo que si le hacemos caso, ya no sabe más cómo decirlo. Lo dice en cada declaración sobre Botnia y las nuevas mineras, sobre los capitales, sobre el paraíso fiscal que es Uruguay y la imposibilidad –sí, así lo reconoce- de eliminarlo, sobre la impunidad, sobre la desigualdad social, sobre los marginados, sobre la inseguridad y cómo combatirla con operativos policiales en los barrios de más miseria cuando en su vida anterior eso hubiera sido una herejía, sobre la imposibilidad de revolución, acaso lo que fue su sueño más caro.
Es una cruel paradoja miserable de la política, de la vida: a Mujica lo derrotaron ideológicamente y después fue presidente. El sistema le ganó a Mujica. Se puede decir que le ganó a la izquierda uruguaya, con su heroica historia que no merece este presente. En Uruguay no hay participación política. Cuando terminó la dictadura, el Frente Amplio no gobernaba, pero Montevideo parecía tomada por la izquierda. Los comités de base del Frente Amplio eran el sustento y la esperanza de la democracia incipiente. Miles de jóvenes y veteranos vivían participando, opinando, militando. Hasta que llegó Tabaré Vázquez y demostró que la izquierda uruguaya tenía una receta pero cocinaba otra cosa. La dirigencia y las derrotas políticas (por más que ganara el partido) mandaron a toda esa gente a sus casas. Y el sueño se acabó. La rebeldía se apagó. La juventud se fue, como dice el tango.
Y Mujica cree que todo eso abona a la pacificación del país. Que tampoco hay que sacudir el pasado. Incluso, como si fuera algo personal, porque él sabe mejor que nadie esto de aclarar cuentas con la historia. Que ésta ya no es época de enemigos. Y vuelve la coartada perfecta: miren, ¡y éste sí que fue guerrillero en serio, miren cómo él sí perdona, y no como acá en Argentina! Mujica se transformó en posibilista, y las posibilidades de que haya grandes cambios en Uruguay son pocas, eso es hoy el Frente Amplio en el gobierno.
Las ideas de izquierda son y serán siempre ideas de cambio, esperanzas de justicia social, de hacer un sistema para todos, de hermandad entre los seres humanos y para eso debe desaparecer todo lo que hace que una persona ejerza todo tipo de poder sobre otra, ni más ni menos. Cueste lo que cueste. Y Pepe Mujica cree interiormente que en el actual sistema uruguayo esas son batallas perdidas. Entonces, después de tanto luchar, ¿para qué estás ahí, Pepe?
Gustavo Primucci
DNI 92.337.870
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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