Cartas de lectores
Yo no quería jugar a la ruleta rusa
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Señor Director:
La ruta tiene un ”dueño” o varios “dueños”, alguien que determina por dónde circular, a qué velocidad se debe conducir, que decide cuándo repararla, cuándo ensancharla, etc., etc.
Yo me pregunto, quien toma esas decisiones ¿también decide que los baches jueguen a la ruleta rusa con las personas que sobre ella transitan?
Porque después de lo vivido el domingo 21, Día de la Madre, sobre la Ruta 30, saliendo de Las Flores, en dirección a Rauch, en la zona que los vecinos que nos auxiliaron denominaban El Gualicho, sólo me queda pensar que los baches ruteros tienen intenciones asesinas. Y que, como la ruleta rusa, a un participante lo asusta y a otro, lo mata.
Tuve, junto con mi familia, la suerte de que esta vez el gigantesco bache que arruinó nuestro fin de semana no disparara la bala mortal.
El destino tiene para nosotros otra fecha final en el calendario. No era ese domingo, y Dios estaba ahí para protegernos.
Quitamos tiempo de visita a nuestros hijos porque tuvimos la precaución de salir temprano para evitar el posible peligro que es transitar de noche.
Veníamos a una velocidad baja, tranquilos, felices. Y de pronto, el bache, el pozo, el cráter con su boca abierta para acabar en un instante con esa sensación de placidez que se logra cuando uno visita a los hijos.
Fue un pestañeo, un flash, un vaivén del auto sobre la ruta, un desplazamiento a la banquina, dos vueltas en el aire y quedamos volcados de costado en medio de una cuneta cubierta de agua.
Podríamos haber muerto los cuatro. El auto comenzó a inundarse, logramos soltar los cinturones y por suerte varias personas que regresaban de una doma nos auxiliaron. Increíblemente, apenas unos golpes. Empapados por el agua sucia del lugar, pero de pie.
El auto había caído al agua a aproximadamente a 30 metros de la banquina, el seguro sólo engancha el vehículo sobre la ruta. ¿A quién llamar? Los celulares no tenían señal; la policía no llegaba; dijeron que los bomberos habían salido pero no sé porqué cuestión burocrática se habían vuelto. Se intentó contactar una grúa particular, pero no estaba en la ciudad.
La suerte quiso que pasara por el lugar el señor Julio Mendizábal, quien con su camioneta y la colaboración de otras personas, enganchó el auto, lo levantó hasta la ruta y lo trasladó hasta Rauch. Su solidaridad no acabó ahí, junto a su señora Ana, dieron a mi esposo ropa, comida y alojamiento hasta el día siguiente en que pudo acercar el auto hasta Tandil.
Todo lo material que se nos arruinó se recuperará o se perderá, pero es material. Mi esposo es taxista, por lo tanto quedó sin trabajo porque el auto tiene un buen tiempo de reparación y un costo aún más importante que todavía desconocemos.
Pero la angustia profunda que nos invade y la bronca de enterarnos que ese bache está hace mucho tiempo y que ha provocado otros accidentes, es otro tema. No sabemos a quién reclamar. O sí sabemos, pero ¿quién escuchará?, ¿quién se hará cargo? Fuimos víctimas con suerte, pero ¿quién hará algo antes de que vuelva a ocurrir otro accidente que, como otros ya sucedidos, puede ser trágico? Por eso, insisto: ¿quién es el “dueño” del bache?
De ése y de otros tantos pozos que andan ilustrando las distintas rutas del país. Por mi zona, la Ruta 74, la 227 y las que no transito pero de las que me llega, lamentablemente, información de otros hechos parecidos. Hasta donde tengo noticias, los baches zonales siguen diciendo ‘¡presente!’. Nadie los ha cubierto.
Escuchamos como casi “normal” las síntesis de “un muerto”, “tres muertos” o “diez muertos”. Los muertos pasan a ser sólo cifras. Y si este año muere uno menos, “bajó el índice de accidentes”. Qué triste. Qué impotencia. Qué desilusión. Los muertos que matan las rutas que no están en condiciones no son sólo muertos. Son muertos que arrastran familias fundidas en el dolor, son proyectos truncos, son planes sin acabar, son sueños sin cumplir…
¿Dónde están las autoridades que no se hacen cargo? ¿No les pesan los cadáveres de su inoperancia? ¡Por favor! Que aparezca el “dueño” de cada bache y lo tape para que las rutas sean un tranquilo camino de regreso a casa.
En todo lo nefasto siempre hay algo positivo y en este caso fue la gente de Rauch. Eran muchos y no recuerdo sus nombres, sólo puedo mencionar al matrimonio Mendizábal, a José Luis Irusquibelar, a la señora Stella Astobiza. De los demás no retuve nombres, pero cada uno de los que estuvo ahí será recordado por nosotros, siempre y con el mayor afecto, a los que nos trasladaron, a los que nos prestaron sus celulares, a los que nos contuvieron y acompañaron hasta que la gentileza de Maximiliano Granato nos trajo de regreso a Tandil, nuestra ciudad.
En estas circunstancias uno se siente extraviado, impotente, angustiado. Por eso ¡gracias! Mil veces ¡gracias! a cada uno que brindó su apoyo y su tiempo. Seguimos agradeciendo a Dios y a la vida por estar relatando lo sucedido, pero estamos desorientados, asustados, porque en cualquier lugar puede haber otra grieta agazapada esperando a sus próximas víctimas…
Norma Rodríguez
DNI 12.059.174
La ruta tiene un ”dueño” o varios “dueños”, alguien que determina por dónde circular, a qué velocidad se debe conducir, que decide cuándo repararla, cuándo ensancharla, etc., etc.
Yo me pregunto, quien toma esas decisiones ¿también decide que los baches jueguen a la ruleta rusa con las personas que sobre ella transitan?
Porque después de lo vivido el domingo 21, Día de la Madre, sobre la Ruta 30, saliendo de Las Flores, en dirección a Rauch, en la zona que los vecinos que nos auxiliaron denominaban El Gualicho, sólo me queda pensar que los baches ruteros tienen intenciones asesinas. Y que, como la ruleta rusa, a un participante lo asusta y a otro, lo mata.
Tuve, junto con mi familia, la suerte de que esta vez el gigantesco bache que arruinó nuestro fin de semana no disparara la bala mortal.
El destino tiene para nosotros otra fecha final en el calendario. No era ese domingo, y Dios estaba ahí para protegernos.
Quitamos tiempo de visita a nuestros hijos porque tuvimos la precaución de salir temprano para evitar el posible peligro que es transitar de noche.
Veníamos a una velocidad baja, tranquilos, felices. Y de pronto, el bache, el pozo, el cráter con su boca abierta para acabar en un instante con esa sensación de placidez que se logra cuando uno visita a los hijos.
Fue un pestañeo, un flash, un vaivén del auto sobre la ruta, un desplazamiento a la banquina, dos vueltas en el aire y quedamos volcados de costado en medio de una cuneta cubierta de agua.
Podríamos haber muerto los cuatro. El auto comenzó a inundarse, logramos soltar los cinturones y por suerte varias personas que regresaban de una doma nos auxiliaron. Increíblemente, apenas unos golpes. Empapados por el agua sucia del lugar, pero de pie.
El auto había caído al agua a aproximadamente a 30 metros de la banquina, el seguro sólo engancha el vehículo sobre la ruta. ¿A quién llamar? Los celulares no tenían señal; la policía no llegaba; dijeron que los bomberos habían salido pero no sé porqué cuestión burocrática se habían vuelto. Se intentó contactar una grúa particular, pero no estaba en la ciudad.
La suerte quiso que pasara por el lugar el señor Julio Mendizábal, quien con su camioneta y la colaboración de otras personas, enganchó el auto, lo levantó hasta la ruta y lo trasladó hasta Rauch. Su solidaridad no acabó ahí, junto a su señora Ana, dieron a mi esposo ropa, comida y alojamiento hasta el día siguiente en que pudo acercar el auto hasta Tandil.
Todo lo material que se nos arruinó se recuperará o se perderá, pero es material. Mi esposo es taxista, por lo tanto quedó sin trabajo porque el auto tiene un buen tiempo de reparación y un costo aún más importante que todavía desconocemos.
Pero la angustia profunda que nos invade y la bronca de enterarnos que ese bache está hace mucho tiempo y que ha provocado otros accidentes, es otro tema. No sabemos a quién reclamar. O sí sabemos, pero ¿quién escuchará?, ¿quién se hará cargo? Fuimos víctimas con suerte, pero ¿quién hará algo antes de que vuelva a ocurrir otro accidente que, como otros ya sucedidos, puede ser trágico? Por eso, insisto: ¿quién es el “dueño” del bache?
De ése y de otros tantos pozos que andan ilustrando las distintas rutas del país. Por mi zona, la Ruta 74, la 227 y las que no transito pero de las que me llega, lamentablemente, información de otros hechos parecidos. Hasta donde tengo noticias, los baches zonales siguen diciendo ‘¡presente!’. Nadie los ha cubierto.
Escuchamos como casi “normal” las síntesis de “un muerto”, “tres muertos” o “diez muertos”. Los muertos pasan a ser sólo cifras. Y si este año muere uno menos, “bajó el índice de accidentes”. Qué triste. Qué impotencia. Qué desilusión. Los muertos que matan las rutas que no están en condiciones no son sólo muertos. Son muertos que arrastran familias fundidas en el dolor, son proyectos truncos, son planes sin acabar, son sueños sin cumplir…
¿Dónde están las autoridades que no se hacen cargo? ¿No les pesan los cadáveres de su inoperancia? ¡Por favor! Que aparezca el “dueño” de cada bache y lo tape para que las rutas sean un tranquilo camino de regreso a casa.
En todo lo nefasto siempre hay algo positivo y en este caso fue la gente de Rauch. Eran muchos y no recuerdo sus nombres, sólo puedo mencionar al matrimonio Mendizábal, a José Luis Irusquibelar, a la señora Stella Astobiza. De los demás no retuve nombres, pero cada uno de los que estuvo ahí será recordado por nosotros, siempre y con el mayor afecto, a los que nos trasladaron, a los que nos prestaron sus celulares, a los que nos contuvieron y acompañaron hasta que la gentileza de Maximiliano Granato nos trajo de regreso a Tandil, nuestra ciudad.
En estas circunstancias uno se siente extraviado, impotente, angustiado. Por eso ¡gracias! Mil veces ¡gracias! a cada uno que brindó su apoyo y su tiempo. Seguimos agradeciendo a Dios y a la vida por estar relatando lo sucedido, pero estamos desorientados, asustados, porque en cualquier lugar puede haber otra grieta agazapada esperando a sus próximas víctimas…
Norma Rodríguez
DNI 12.059.174
********************************
Jóvenes creativos, ¡avanti!
Señor Director:
El pasado domingo un grupo de jóvenes pertenecientes al Instituto Superior de Formación Docente 10, de la carrera de Gestión Cultural, concretó su programada caminata cultural.
Denis, Maribel, Daiana y Alejo entendieron que hay un sector de la ciudad desconocido con enorme potencial, espacios con artistas, muchas veces no suficientemente reconocidos, que debían ser conocidos y puestos en valor. Armaron la caminata partiendo de La Compañía, siguieron por el Teatro de la Confraternidad, enorme tesoro de nuestra historia lugareña; luego fue la Escuela de Música Popular, no sabíamos que esa casa era la primera estación de Ferrocarril; de allí al Centro cultural La Vía, también valioso trabajo de jóvenes comprometidos.
En la Estación propiamente dicha surgían de las viejas instalaciones, jóvenes y no tan jóvenes en la Feria del Andén, en la Escuela Municipal de Teatro y la Incubadora de Arte. Luego, como si nos trasladáramos a la Edad Media, allí estaba el Taller de los Picapedreros con sus herramientas, su relato y sus obras.
Después fue la fiesta de los sentidos; el coro Almafuerte, el teatro de clown de las alumnas de teatro, los bandoneones de la Escuela de Música Popular, Barboza y Cía. con sus ritmos y tambores, Paula Bidegain, el grupo Sikuris y fotografías de Jennifer Wagner, grabados de Clarisa Rodríguez y por último y no menos importante la picada… ¡genial!
Aplausos para los jóvenes creativos que muchas veces en soledad apuestan a lo que sueñan y trabajan para la puesta en marcha de sus sueños, teoría y praxis…
Detectaron la fuerza de un barrio, conocieron las instituciones, promocionaron sus actividades, vistieron de fiesta la zona y nos mostraron nuevos rincones de la ciudad.
Porque habitualmente las noticias periodísticas nos traen más policiales y pálidas cuando se trata del mundo juvenil, debemos resaltar, darle empuje y recibir con alegría las acciones como éstas, que nos renuevan la esperanza y nos comprometen a los más grandes a acompañar estas iniciativas si no queremos quedarnos al costado del camino.
¡Felicitaciones!
El pasado domingo un grupo de jóvenes pertenecientes al Instituto Superior de Formación Docente 10, de la carrera de Gestión Cultural, concretó su programada caminata cultural.
Denis, Maribel, Daiana y Alejo entendieron que hay un sector de la ciudad desconocido con enorme potencial, espacios con artistas, muchas veces no suficientemente reconocidos, que debían ser conocidos y puestos en valor. Armaron la caminata partiendo de La Compañía, siguieron por el Teatro de la Confraternidad, enorme tesoro de nuestra historia lugareña; luego fue la Escuela de Música Popular, no sabíamos que esa casa era la primera estación de Ferrocarril; de allí al Centro cultural La Vía, también valioso trabajo de jóvenes comprometidos.
En la Estación propiamente dicha surgían de las viejas instalaciones, jóvenes y no tan jóvenes en la Feria del Andén, en la Escuela Municipal de Teatro y la Incubadora de Arte. Luego, como si nos trasladáramos a la Edad Media, allí estaba el Taller de los Picapedreros con sus herramientas, su relato y sus obras.
Después fue la fiesta de los sentidos; el coro Almafuerte, el teatro de clown de las alumnas de teatro, los bandoneones de la Escuela de Música Popular, Barboza y Cía. con sus ritmos y tambores, Paula Bidegain, el grupo Sikuris y fotografías de Jennifer Wagner, grabados de Clarisa Rodríguez y por último y no menos importante la picada… ¡genial!
Aplausos para los jóvenes creativos que muchas veces en soledad apuestan a lo que sueñan y trabajan para la puesta en marcha de sus sueños, teoría y praxis…
Detectaron la fuerza de un barrio, conocieron las instituciones, promocionaron sus actividades, vistieron de fiesta la zona y nos mostraron nuevos rincones de la ciudad.
Porque habitualmente las noticias periodísticas nos traen más policiales y pálidas cuando se trata del mundo juvenil, debemos resaltar, darle empuje y recibir con alegría las acciones como éstas, que nos renuevan la esperanza y nos comprometen a los más grandes a acompañar estas iniciativas si no queremos quedarnos al costado del camino.
¡Felicitaciones!
Liliana Edith Giannatasio
DNI 10.211.994
——–
Las escuelas de concentración
Señor Director:
Somos los padres de alumnos de una concentración rural educativa, las mismas fueron creadas cerrando escuelas unitarias cercanas a nuestros hogares, con trasporte educativo a nuestros hijos, por lo cual dicha concentración fue ubicada equidistante y buscando favorecer el acceso a todos, pero muchos quedaron a más de 50 kilómetros.
Desde el año 1992 que se crearon las concentraciones estamos padeciendo la problemática de transporte escolar, por lo general se da a principio de cada año, a los transportes y el Consejo Escolar de cada distrito, la demora en este año fue de 20 días. Por el retraso de pagos por parte de la Dirección General de Cultura y Educación, los transportistas entraron en paro de actividades varias veces en el año, sumando 15 días más.
Manifestamos como padres nuestra preocupación ante la gran cantidad de días sin clase, a nuestra imposibilidad de trasladar a los niños y niñas a la escuela, ya sea por causas económicas, laborales, falta de movilidad, distancia (recordamos que hay familias que viven a 50 kilómetros de la escuela más cercana). Por ejemplo hay varias familias que tienen hijos en los tres niveles, jardín, primario y secundario: seis viajes. Léase, traer los niños a la mañana, volver a su casa (ida y vuelta). Ir a buscar los niños que salen al mediodía, volver a su casa (ida y vuelta). Ir por último a buscar el de secundaria que sale a las 16 (ida y vuelta). Tomemos un promedio de 30 kilómetros, por lo tanto recorre 180 km.
Esta problemática surge ante la falta de pagos en tiempo y forma, ejemplo de esto es que el Gobierno de Provincia de Buenos Aires pagará del 1 al 10 de noviembre el importe de junio de este año a los transportistas (aproximadamente 180 días sin cobrar).
En resumen en total nuestros hijos han perdido casi 40 días de clases, no llegando a los 190 días de clases propuestos por el Gobierno nacional. Además nos sentimos engañados ante la creación de una concentración educativa rural que ofrecían con transporte y hoy corre mucho riesgo, incluso de ser anulada para el año 2013.
Esperamos una solución definitiva a esta problemática, una gran esperanza en que nuestros hijos e hijas crezcan en un país en que el valor de la palabra educación sea la mayor herencia que podamos dejar como padres.
Hay una veintena de firmas responsables
Somos los padres de alumnos de una concentración rural educativa, las mismas fueron creadas cerrando escuelas unitarias cercanas a nuestros hogares, con trasporte educativo a nuestros hijos, por lo cual dicha concentración fue ubicada equidistante y buscando favorecer el acceso a todos, pero muchos quedaron a más de 50 kilómetros.
Desde el año 1992 que se crearon las concentraciones estamos padeciendo la problemática de transporte escolar, por lo general se da a principio de cada año, a los transportes y el Consejo Escolar de cada distrito, la demora en este año fue de 20 días. Por el retraso de pagos por parte de la Dirección General de Cultura y Educación, los transportistas entraron en paro de actividades varias veces en el año, sumando 15 días más.
Manifestamos como padres nuestra preocupación ante la gran cantidad de días sin clase, a nuestra imposibilidad de trasladar a los niños y niñas a la escuela, ya sea por causas económicas, laborales, falta de movilidad, distancia (recordamos que hay familias que viven a 50 kilómetros de la escuela más cercana). Por ejemplo hay varias familias que tienen hijos en los tres niveles, jardín, primario y secundario: seis viajes. Léase, traer los niños a la mañana, volver a su casa (ida y vuelta). Ir a buscar los niños que salen al mediodía, volver a su casa (ida y vuelta). Ir por último a buscar el de secundaria que sale a las 16 (ida y vuelta). Tomemos un promedio de 30 kilómetros, por lo tanto recorre 180 km.
Esta problemática surge ante la falta de pagos en tiempo y forma, ejemplo de esto es que el Gobierno de Provincia de Buenos Aires pagará del 1 al 10 de noviembre el importe de junio de este año a los transportistas (aproximadamente 180 días sin cobrar).
En resumen en total nuestros hijos han perdido casi 40 días de clases, no llegando a los 190 días de clases propuestos por el Gobierno nacional. Además nos sentimos engañados ante la creación de una concentración educativa rural que ofrecían con transporte y hoy corre mucho riesgo, incluso de ser anulada para el año 2013.
Esperamos una solución definitiva a esta problemática, una gran esperanza en que nuestros hijos e hijas crezcan en un país en que el valor de la palabra educación sea la mayor herencia que podamos dejar como padres.
Hay una veintena de firmas responsables
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios