Cartas de lectores

Señor Director:

Me dirijo a Ud. con motivo de artículos aparecidos en el Diario durante el corriente mes, en relación a un eventual traslado, en estudio, de las funciones operativas del ferrocarril a otra zona, que no interfieran con el normal desplazamiento entre sectores de la ciudad.

Por supuesto que no estoy de acuerdo con esta posibilidad y adhiero a la posición de la Asamblea del Barrio la Estación” y del señor ministro de Asuntos  Agrarios de la Provincia  Alejandro “Topo” Rodríguez.

Lamentablemente éstas son ideas que surgen y a veces encuentran viabilidad, como consecuencia de que hace más de veinte años que la mayoría de los argentinos ya no sabe lo que es viajar en tren y/o el traslado de mercancías o encomiendas por dicho medio, con el consiguiente impacto negativo que ha tenido para la economía de nuestro país.

Finalmente hemos terminado perdiéndole el cariño y respeto que le tuvieron nuestros padres y abuelos, por lo tanto el desinterés va ganando en la gente ya que fueron apareciendo alternativas de transporte a lo largo de los años, que se fueron potenciando (autos, colectivos, camiones, aviones), y en lugar de ser un complemento en un sistema integrado y multimodal lo fueron reemplazando, salvo honrosas excepciones como es el área metropolitana de Buenos Aires y distintos servicios de trenes de media y larga distancia en Buenos Aires y otras provincias, que dentro de sus posibilidades no bajaron los brazos.

En la década de los años 90’ también se intentó desplazar la estación Retiro de la ciudad de Buenos Aires, con fines netamente inmobiliarios dado el valor de esas tierras. Por suerte, la gente, profesionales de prestigio y asociaciones afines, más el debate en el Congreso de la Nación hicieron que no se llevara a cabo semejante desatino.

Precisamente el concepto de los gobiernos y empresas ferroviarias desde los orígenes mismo del ferrocarril fue que a partir de la estación, el caserío primero, luego el pueblo y por último las ciudades crecieran en torno a ella.

Para muestra ver las estaciones cabeceras de la Capital Federal: Área Retiro, Constitución, Once y Estación Buenos Aires y tantas otras ciudades importantes.

Lo mismo sucede en Europa. Por ejemplo en Alemania, las estaciones de Munich, Berlín, Frankfurt, Hamburgo, etc. La estación de trenes en Roma (Roma-Termini) y las distintas estaciones en París.

Distinto sería pensar en otras soluciones que se han implementado en el área Metropolitana, países de Europa y EE.UU., a fin de facilitar la conexión entre sectores de la ciudad. Esto es, realizar el cruce de las vías a distinto nivel.

Creo que para el caso que nos ocupa y de ser realmente necesario, la solución más práctica y económica sería hacer un cruce bajo nivel de las vías y de doble mano que vincule Villa Italia con la zona noroeste de la ciudad, entre las calles Moreno y avenida Colón, para tráfico vehicular y peatonal.

En las secretarías de Obras Públicas de la Nación y de la CABA hay bastante experiencia al respecto y presupuestos con distintas soluciones, según el caso, ya que paulatinamente van eliminando los cruces a nivel en zonas de tráfico más o menos intenso.

Otras soluciones como el soterramiento o levantar la cota del terraplén de vía que permita trazar una calle por debajo, son más costosas.

Sobre la base de que hoy aún no hay un tráfico importante de circulación de formaciones de carga y/o de pasajeros, a lo largo del día, en otros cruces a nivel que hay a lo largo de la traza ferroviaria dentro de la ciudad se puede realizar un mejoramiento de los mismos que facilite la circulación de peatones y de vehículos.

Por lo dicho anteriormente hoy tampoco se justificaría realizar una terminal, por fuera del casco urbano de la ciudad, para el servicio de carga, a fin de desdoblar la operación del sistema.

Dejemos que la Estación del Ferrocarril con su operatoria esté integrada con su ciudad y pensemos en un futuro, que yo creo va a ser así, en el cual los servicios de carga y pasajeros se van a multiplicar en todo el país y que las inversiones van a ser muy importantes y a lo largo de varios gobiernos. Tomemos los buenos ejemplos de aquellos países cuyo sistema de transporte moderno tiene como columna vertebral al ferrocarril. No le demos la espalda, aprendamos nuevamente a convivir con él, no lo empujemos al olvido, ya vimos lo que pasó.

Sin otro particular le saluda atentamente.

 

Ing. Néstor Aníbal Roberti

DNI 5.387.382

Más sobre la estación ferroviaria

Señor director:

He seguido con atención el debate sobre el posible desplazamiento de la benemérita estación de trenes. Quisiera aportar una sugerencia a los responsables de tal decisión: estudien con atención las soluciones adoptadas en países europeos sobre el rol de las estaciones de trenes en las ciudades modernas. En particular, hallo relevante el ejemplo de las estaciones en Holanda, país en el que resido actualmente.

En este país las estaciones de trenes están generalmente ubicadas, respecto al casco urbano, en una situación comparable a la de Tandil: en el área central de la aglomeración, a proximidad del centro histórico. Esta posición hace que el tren garantice un acceso directo al corazón de las ciudades, en contraste con el automóvil que está sometido a problemas de tránsito y al costo a la disponibilidad limitada de estacionamiento. Esta ventaja ha sido aprovechada aún más haciendo de las estaciones el verdadero centro neurálgico de comunicaciones de la ciudad y la región. La mayoría de las líneas de ómnibus urbanas y regionales pasan por la estación, hecho que facilita el transbordo y permite un diseño eficiente de recorridos y servicios. Esta eficiencia tiene otra consecuencia importante: resulta más conveniente vivir en una localidad cercana servida por trenes frecuentes que en un extremo de la ciudad desde donde el centro es sólo accesible por ómnibus. Esto ha contribuido a un desarrollo balanceado de comunas vecinas a las grandes urbes y ha limitado el crecimiento tentacular de estas últimas.

El rol central en comunicaciones ha hecho de las estaciones de trenes lugares naturales de encuentro por donde circula un gran flujo de personas. Esto ha sido explotado, de manera previsible, incorporando negocios y hasta centros comerciales anexos, que permanecen abiertos hasta altas horas. Estos comercios no sólo ayudan al viajero hambriento (o que olvidó el paraguas o aquejado de dolor de cabeza) sino también a la gente del barrio, y del pueblo, para necesidades a deshora, y hasta permiten hacer de pasada algunas compras necesarias, liberando tiempo. Además, hay cafés que ofrecen un lugar de encuentro y camaradería antes de que cada uno parta para sus destino (recuperando el rol del proverbial “café de la estación”). Todo esto resulta en una gran actividad comercial que se extiende paulatinamente a las zonas vecinas.

Esta combinación de roles -centro de acceso y transportes y centro de actividad comercial- han hecho de las estaciones un polo importante de la ciudad, hecho que ha llevado a renovarlas y extenderlas, adjuntando, incluso, oficinas y edificios municipales y provinciales. Testimonio de esta importancia son los grandes proyectos arquitectónicos ejecutados o en ejecución en Rotterdam, La Haya y Utrecht (se pueden ver fácilmente en internet). Todo esto depende crucialmente de la buena ubicación de la estación.

Es cierto que las vías de trenes limitan las calles transversales, pero las ciudades europeas han descubierto hace rato que los beneficios del buen posicionamiento de la estación compensa con creces la inversión necesaria en puentes y túneles para evitar cruces a nivel. La estación actúa de vaso comunicante entre los dos lados de la vía, y hasta de los diversos barrios.

Creo que la situación de la estación de Tandil es particularmente favorable para desarrollar un polo comercial y de transporte al estilo europeo. Está servida por anchas avenidas, de gran belleza y potencial (la avenida Colón, afortunadamente, ha conservado sus tilos y confío que Machado recupere alguna vez sus palmeras), ocupa una vasta extensión que permitiría, además, consolidar un centro comunitario y de esparcimiento con amplios espacios verdes muy necesarios en esa zona de la ciudad, y está rodeada de barriadas pujantes y activas que se verían muy beneficiadas. Si bien la situación de estas últimas décadas no ha sido auspiciosa para la actividad ferroviaria, la lógica indica que tarde o temprano va a resultar más conveniente recurrir a trenes como medio de transporte seguro, ecológico y eficiente en un país de llanuras y poca densidad poblacional. En previsión, es esencial conservar una estación bien ubicada. Por otro lado, el propio municipio puede empezar a pensar en desarrollar trenes-tranvía (sucesores del “autovía”) que, a partir de la estación, conecten Tandil con los cuatro extremos del partido. Esto permitiría el desarrollo de muchas localidades como destinos turísticos y como lugares de residencia. Esto último contribuiría a aliviar la presión demográfica sobre Tandil y ofrecería a muchas familias la posibilidad de una vida accesible y de calidad, a corto tiempo de viaje de sus fuentes de trabajo. Estas opciones se depreciarían notoriamente si un traslado de la estación a la periferia complicara el viaje hasta los destinos principales dentro de Tandil.

La estación, tal como está ubicada, ofrece a Tandil una oportunidad muy valiosa a mediano plazo. Confío que no sea desaprovechada por falta de perspectiva o por razones cortoplacistas. Tandil es un modelo de ciudad con un desarrollo armonioso en el tiempo. Las sucesivas generaciones han tratado a la ciudad con cariño y respeto, balanceando nuevas necesidades con preservación. Confío que la decisión sobre la estación se inscriba en esta tradición centenaria.

Cordialmente,

Roberto Fernández Rosso

DNI 8615538

Daños

Señor Director:

 

Le agradecería que en su prestigioso diarios de a conocer mi preocupación de mamá y abuela.

Días pasados, a la altura de Gaucho Rivero al 400 estaba el auto de mi hijo estacionado y un colectivo de la línea 505 (marrón) lo llevó por delante ocasionándole daños importantes en todo un lateral. El conductor siguió su marcha pero en la parada siguiente fue detenido por personas que vieron lo ocurrido, sumando a la alarma del vehículo que se puso en funcionamiento. El chofer no supo dar mayores explicaciones (salvo que se había distraído) y solo fue exigido a que dejara sus datos personales y del colectivo.

Yo me pregunto: ¿no hay sanciones para alguno de estos señores que conducen creyéndose dueños de las calles? Tengo entendido que la empresa recibe subsidios, de ser así ¿no deberían suspendérselos para que sean responsables de los choferes que ocupan?

Lo que me preocupa es que en casa de mi hijo el automóvil es una herramienta. El y su esposa trabajan afuera y ese día, por casualidad, ella con sus dos hijitas no esperaban dentro del auto sino estaríamos hablando de algo peor. Por un instante imagínense un micro sin control que se dirige hacia un auto mediano…sin palabras.

DNI 4.627177.

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