Casa tomada
Claudia Marcela Aranda, ocupó una de las ocho viviendas del Plan Federal, hoy desactivado por falta de envíos de fondos de la Nación. Esta situación cada vez más frecuente en la ciudad llevó a que el secretario de Desarrollo Social hablara de ?turbulencia social?.
Claudia tiene 22 años, tres nenas y está en pareja. Fue una chica rebelde que pasó por los infiernos de la droga e institutos de menores. ?De La Plata me fugué por lo menos seis veces?. Cuando conoció a quien hoy cumple el rol de padre de todas las nenas cambió su mirada de la vida, viviendo en el campo eran una familia común y corriente que soñaba con comprar un terreno e ir construyendo una casa. Hoy dice que ya no tiene sueños, pero que no piensa dejar la casa y que la tendrán que sacar muerta del lugar y que el lugar es poco menos que un galpón al que ella llama su castillo.
Esta nota no avala el acto de usurpación de Claudia, pero trata de entenderla.
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Los pibes andan de acá para allá corriendo por las calles de tierra sin temor a las jaurías de perros flacos que recorren las casas buscando algo de comer; y en ese ir y venir, los purretes dan vida con sus chillidos a un barrio que prefiere el silencio, como si así alguno de sus habitantes quisiera pasar inadvertido.
Ni bien los chicos descubren el móvil de El Eco de Tandil vienen en su dirección, y luego le juegan una carrera levantando con sus pies chiquitos, semejantes a alitas, una nube de polvo en la que desaparecen. Cuando el móvil se detiene, los chillidos y las risas vuelven a dar vida a un rincón de Tandil de viviendas muy humildes, por el que muchos de sus pobladores tal vez nunca hayan pasado; en tanto, otros sientan que vivir en una de esas casas sin puertas ni postigos, sin baño ni cocina, sin nada, sea ?como vivir en un palacio?.
Así comienza la charla con Claudia Marcela Aranda, casi una adolescente, con tres hijas chiquitas y un joven marido, que dice haber superado una historia miserable de drogas, de entradas y fugas de diferentes institutos de menores, de vivir a la intemperie y dormir en Plaza Once o en Constitución y que desde hace algunos años su existencia parecía haber encontrado el equilibrio, viviendo en el campo junto a su familia. Sin embargo, la vida continúa golpeándola como si no hubiera tenido suficiente ya que de un día para el otro todo se esfumó. No hubo más dinero, ni trabajo, ni casa. Y otra vez a la calle. Después de deambular de acá para allá, de vivir un día con una hermana, otro con su madre, tomó una decisión que sabe que no es la mejor; sin embargo, a veces la razón se nubla con la desesperación y hace que se tomen actitudes ?no justificables-, pero entendibles. Marcela con su marido y las tres nenas usurparon una de las tantas viviendas del Plan Federal, hoy parado, y se metieron dentro de una casa a medio terminar, donde les falta de todo.
-¿Sabía que estaba haciendo algo ilegal?
-¡Claro!, yo lo entiendo, pero también pido que me entiendan a mí, que no me juzguen, que me comprendan porque el que no lo pasó no puede hablar, ni siquiera opinar. No tener dónde vivir es tremendo, la calle es tremenda y peligrosa, por eso nos metimos acá, en esta casa que para mí es un palacio.
-Pero no es suya. Julio Elichiribehety ofreció alquilarle una casa, ¿por qué le dijo que no?
-Quiero un techo, un terreno, quiero ser propietaria del lugar donde vaya a vivir. Estábamos bien hasta que mi marido perdió su trabajo y necesitábamos una vivienda, más que nada por las nenas. Y si hoy la situación está mal imagínese como estará dentro de dos años? mucho peor, ¿qué haremos entonces? Desarrollo Social ya no podrá seguir alquilándonos, ¿se da cuenta lo que quiero decir?
-Sí.
-Y no quiero que mis hijas lleguen a repetir mi historia?
-¿Quiere contarla?
Marcela tarda en responder, mira para otro lado, abraza a su beba de casi dos años y le besa los rulos. Cuenta:
-Cuando era chica me gustaba mucho la calle a pesar de que mi familia no quería, mis padres estaban preocupados, pero cuando se llega a cierto límite, a veces es como que no se puede volver o, por lo menos en ese momento, uno no sabe cómo pegar la vuelta.
-¿Está refiriéndose a la droga?
-Sí. Entré sin darme cuenta, era chica, fue de un día para el otro? después empecé a entrar y salir de los institutos de menores?
-¿Con qué se drogaba?
-Con marihuana? nunca con paco, pero llegué a enviciarme, dormí en Plaza Once, en Constitución, tenía 13 años y realmente no sabía dónde estaba, ya que cuando escapé de uno de los institutos ya no era el de Azul.
-¿Por qué estuvo en institutos?
-Por rebeldía. No quería estar con mis padres, me gustaba la calle y mis padres no me dejaban salir de la manera que yo quería, porque deseaban una hija común y corriente y yo no lo era. Me escapé con un novio y mi mamá salió hasta en Crónica y también puso mi foto en Missing Childrens (fundación abocada a la búsqueda de niños) y la jueza de Menores me envió al Buen Pastor de Azul y sin decirme nada a mí o a mi familia un buen día me trasladaron a La Plata y eso fue horroroso. Porque no entendía la razón para que me mezclaran con delincuentes, con homicidas, con gente que estaba en la venta de drogas?
-¿Estuvo implicada en algún ilícito?
-No.
-¿Qué sentía cuando se enteraba que alguien robaba, por ejemplo, y estaba cerca de él?
-Que no estaba bien. Estaba con ellos, me podía juntar con ellos pero no pensaba igual. He visto chicas violadas por desconocidos o por sus propios padres? y yo no quería llegar a eso.
-¿Y cómo hacía para sobrevivir en la calle entre ese tipo de gente, por ejemplo en Plaza Once?
-Vivir ahí fue lo peor, si bien tuve la buena suerte de que no me violaran u obligaran a prostituirme no la pasé bien. Cuando estaba allí, dormían chicas de mi edad con criaturas, no lo podía creer, me costó un montón. Corrí muchos riesgos cuando se drogaban y peleaban a los puños o con armas o cuando venía un tipo y se llevaba una chica.
-¿Cómo subsistía?
-Pedíamos monedas a la gente, o a los restaurantes..
-¿Y cuando veía una familia común y corriente?
-Me acordaba de la mía, no eran mis mejores momentos ¿sabe?
-Me imagino. ¿Comprendió que se había equivocado de camino?
-Totalmente, mis padres me aconsejaban bien, pero yo no había querido escucharlos y me fui a vivir una vida lastimosa, lamentable.
-¿Alguna vez pensó en prostituirse?
-No. Tengo amigas, conocidas, que lo hicieron o lo hacen para mantener a sus hijos. Nunca quise.
-¿Tuvo ofrecimientos?
-De todos lados. Siempre viene alguien y te dice que ?es una salida laboral?. Pero no para mí.
Tiempo de cambio
-¿Cuándo decidió que quería ser una persona diferente o mejor?
-Tenía 19 años y ya estaba en Tandil. Viví en la Casa de la Madre Soltera.
-¿Cómo le fue?
-Nada lindo tampoco, porque es brava la convivencia, además vivíamos muy mal, mala alimentación, no nos entregaban pañales para los bebés, si no fuera por mi familia? mis papás me llevaban todo lo que necesitaba para la nena y no sé cómo hubiera sobrevivido.
Lo que más me daba pena era ver a las otras chicas que no eran de Tandil y que no tenían nada y la pasaban muy mal.
-¿Dónde estaba en ese entonces la Casa de la Madre Soltera?
-En la calle Garibaldi? un día sentí tanta pero tanta bronca que llamé a La Plata y denuncié a las personas que estaban al frente del hogar porque cobraban la plata de las becas y no la utilizaban en nosotros. Nos hacían pasar hambre.
-¿Qué resultó de la llamada?
-Vinieron de La Plata a hacer una inspección y vieron la situación en la que estábamos viviendo. Me tomaron declaración a mí y a dos chicas más y echaron a toda la gente que estaba al frente y se tragaba la plata.
Entró entonces Julio Elichiribehety y la situación cambió totalmente para todos, para bien.
De fuga en fuga
-¿Cuánto tiempo estuvo en el instituto de La Plata?
-Dos años, fue el peor lugar y de allí me escapé como seis veces.
-Evidentemente debe ser fácil escaparse de ese lugar.
-Sí, lo difícil era saber cómo volver a Tandil, era chica, tenía 13 años y cuando dormía en la plaza tenía mucho miedo porque me podían llegar a hacer cualquier cosa. Fue durísimo.
-¿Qué aprendió viviendo en la calle?
-Nada de nada, volvés peor de la calle.
-¿Ninguna enseñanza de vida?
-Tal vez darme cuenta que había mucha gente que estaba peor que yo y ser solidaria, a ayudar y que me ayuden?
-Siempre se saca algo de los peores momentos.
-No lo había pensado hasta hoy.
El regreso
-¿Cómo llegó a Tandil?
-Pidiendo monedas en Buenos Aires. Averigüé qué colectivos venían para acá, junté lo suficiente y me vine.
-¿Sus padres la esperaban?
-Fue duro llegar. Mi mamá hacía dos años que no me veía, viajó a buscarme pero no pudo encontrarme, nunca olvidaré la manera cómo lloraba.
-¿No recordaba algún número de teléfono para llamarla?
-No me acordaba ni siquiera el número de mi documento. Además, no lo llevaba encima, había quedado en algún instituto? cuando la policía me llevaba me volvía a internar en otro y cada vez era peor? no me daban la posibilidad de devolverme a Tandil y yo les decía que era de esta ciudad? pero era peor.
-¿La policía es otro tema?
-Sí, porque a veces venían y te llevaban para la comisaría o para que te prostituyas, lo digo porque lo sé. Lo viví de cerca, he sido testigo de las actitudes de la policía y de los maltratos en los institutos de menores, nenes en la plaza drogándose.
-¿Qué es lo más bravo que recuerda de esta historia?
-Cuando me escapé del instituto de La Plata con una chica que era de Santiago del Estero, conocimos a un pibe, a ella la drogó y a mí me puso un arma en la cabeza y me dijo que me fuera. Lo que me duele es pensar en esa chica, lo que le habrá pasado.
-¿Tuvo amigas estando internada?
-En esos lugares no existe la amistad; sí en los hogares pero en los institutos de menores no, absolutamente.
-¿Hay prostitución y relaciones homosexuales?
-De todo lo que busque, hay.
-¿Se zafa de eso?
-Se puede decir que no, pero siempre hay represalias.
Lágrimas de madre
-Volviendo a su llegada a Tandil, me decía que nunca había visto a su mamá llorar con tanto sentimiento.
-Nunca. No sabía lo que había sufrido, noches sin dormir pensando en mí.
-¿Pudo restablecer el vínculo?
-Es que con ellos siempre hubo buena relación, lo que pasa es que la rebeldía y la droga me llevó a actuar de manera difícil, diría, a conocer cosas que me hicieron muy mal.
-Justamente no es lo que quiere para sus hijas.
-¡Claro! Mis hijas son educadas, van al jardín y a la escuela las mayorcitas. Nenas que no saben lo que es un patrullero pero sí el cariño que sentimos el papá y yo por ellas. Tratamos de darles lo mejor.
La policía
-¿Muchas veces la han llevado los patrulleros?
-A veces? pero ellas nunca lo vieron
-¿Por qué la llevaban?
-Por rebelde? me había recuperado pero caí nuevamente, me volví a recuperar y así estaba hasta que hace ya más de cuatro años conocí a mi marido y estamos con las nenas? me siento una persona mejor.
-¿Vive del pasado?
-No, porque no sirve de nada? hace poco me diagnosticaron ataques de pánico, pero no quiero tomar nada, cuando me siento mal trato de respirar y pensar en cosas lindas, de seguir adelante, de soñar con que todo va a salir bien.
El paraíso
-¿Cómo es vivir en una casa que solamente tiene las paredes y el techo?
-Para mí es un palacio en relación a lugares donde he vivido?. La palabra usurpación es fea.
-Pero es la que se acostumbra en estos casos.
-Nosotros estamos ocupando pero con todo lo que pasé? miré peleé por cosas increíbles, saqué la cara por quien no lo merecía ¿le parece que no voy a pelear por mi casa?
-No es su casa.
-Pero no fueron sorteadas, están sin terminar. Se llevaron todo lo que había dentro del galpón, la construcción está parada y son para gente sin techo. Y yo no lo tengo. Quiero pagar por la casa, me comprometo a hacerlo. Para alimentarnos, para sobrevivir tenemos, pero no un techo. Desarrollo Social nos ayuda, pero necesito un techo ¿se entiende?
-Sí.
-Voy a luchar a morir, me voy a encadenar si alguien quiere sacarme de acá. Muerta me van a sacar?
-¿Quiere que sus nenas vean a su mamá en esas circunstancias?
-No lo verán, ya lo tengo pensado porque si hay un gran alboroto tienen que estar ajenas a todo, no quiero que sufran? cuando la policía viene a sacar a la gente por lo general hay maltrato.
Enseñanzas de vida
-¿Cuáles son los mejores recuerdos de su corta historia?
-Cuando nacieron mis hijas y conocí a mi marido.
-¿Y en la actualidad?
-Estar en esta casa, las nenas tienen su pieza, nosotros la nuestra. Mi marido hizo con mucho sacrificio el pozo para el baño, puso el inodoro para que viviéramos un poco mejor.
-Después de la reunión con el secretario de Desarrollo Social ¿qué pasó?
-Nada. Y aquí quiero ser muy clara. Entiendo que ellos me quieren dar una mano pero también deben entenderme a mí, a la gente pobre, porque si bien somos okupas también somos seres civilizados y podemos conversar bien, sin insultarnos o maltratarnos. Sé que a Elichiribehety lo maltrataron en otros lugares y eso no está para nada bien, hay que conversar hasta llegar a una solución.
-¿Qué desea que la gente sienta cuando lea esta nota?
-Espero que me entienda y no que me tenga lástima. Pido un techo y no quiero decir que lo pido por las nenas, porque sería como usarlas, lo pido como persona, ¿acaso no tengo derechos humanos? Cuando estábamos trabajando en el campo no pedíamos nada, trabajábamos con la ilusión de comprarnos un terreno y después construir nuestra casa. ¿Dónde fueron a parar esos planes?
-¿Al tarro de basura?
-Exactamente, porque parece que los pobres no tenemos derecho a soñar. ¿Sabe la cantidad de cosas que se piensa de nosotros?
-¿Por ejemplo?
-Si te ven con un cigarrillo en la mano dicen: se está drogando o tiene para cigarrillos pero está pidiendo una vivienda, ¿qué tiene que ver una cosa con otra? O si estoy contenta ¿cómo puede estar feliz si es una okupa? Si fuera por lo que piensan algunas personas tendríamos que pasarnos llorando todo el tiempo por la vida que tenemos.
Por eso pido que me entiendan, sólo pido un techo y quiero pagarlo? cuando me metí en esta casa un vecino vino a agradecérmelo porque ?cuando ustedes no estaban venían pibes se drogaban, ponían música a fondo y no podíamos dormir porque teníamos miedo de lo que podría pasarnos?.
Los vecinos de acá son buenos, nos ayudamos entre nosotros, hay mucha solidaridad.
-¿Le teme al desalojo?
-¡Cómo no!, pienso que en cualquier momento voy a ver aparecer un patrullero que vendrá con la orden de desalojo? tal vez ese día se acerque el Intendente? ¿sabe qué quiero?
-No.
-Que si el Intendente lee esta nota, por favor, que me dé una audiencia porque necesito hablar con él, educadamente.
-Tiene muchas ocupaciones, por eso ha puesto personas de su confianza en cada área? aunque pensándolo bien siempre dice que está dispuesto a recibir a todo vecino que va a verlo. ¡Quién sabe, tal vez tiene suerte! ¿Qué le diría?
-Le hablaría desde el corazón y no iría con mis hijas porque cualquiera puede decir que como es pediatra las nenas pueden ser una presión. Iría sola a explicarle que necesito vivir un poco mejor, que no quiero dejar de soñar. Que no ocupé la casa llena de entusiasmo sino con mucho miedo porque sé que en cualquier momento nos pueden mandar a la calle. Quiero darles un buen ejemplo a mis hijas y sé que éste no lo es, pero no encontraba salida. Le juro que no encontré otra salida.
Yo guardo todos los recortes de los diarios de estos días porque quiero que cuando sean grandes sepan que luché por ellas, que lo hice como pude pero no bajé los brazos y que no me di por vencida.
El 9 de abril, el secretario de Desarrollo Social, Julio Elichiribehety, afirmó a El Eco de Tandil que estamos en ?turbulencia social? y trata de evitar los ?traumáticos? desalojos
?Comprende? a las familias que toman las casas de La Movediza, pero indicó que el Estado no puede avalar la usurpación. ?Le limitás el Plan Federal al Intendente porque es radical y el problema es éste?, dijo en referencia a las ocho casas del programa que fueron habitadas ilegalmente. Ahora intenta mantener el diálogo para evitar los ?siempre traumáticos desalojos?.
La oficina de Desarrollo Social se hace pequeña ante la gran demanda. Madres, padres y chicos esperan por la atención de los funcionarios de la comuna. Desde el secretario Julio Elichiribehety, hasta los directores y asistentes sociales trabajan a destajo: reciben, escuchan y analizan alternativas; sólo a veces llegan a dar respuestas.
Cerca del mediodía, Elichiribehety se encuentra con Claudia Aranda, de 22 años, madre de tres nenas de 6, 4 y 1 año y 7 meses. Tuvo una vida dura que la llevó a conocer de cerca el hogar de contención Reencuentro y la Casa de Madres Solteras.
Había dejado atrás sus padecimientos, vivía en el campo con su pareja y ambos percibían un salario de 2 mil pesos, además le proporcionaban la vivienda. Hace 6 meses, la crisis impactó de lleno en su cotidianeidad y regresó a Tandil para iniciar una peregrinación que la llevaba desde lo de una hermana a lo de su cuñada, pasando por lo de su madre, para volver a cargar sus cosas y permanecer dos o tres días en cualquier sitio prestado.
Ya sin paciencia, Claudia usurpó una casa del Plan Federal II y dice que no la va a dejar, aunque entiende que en dos meses la Justicia la va a desalojar. El Municipio le ofreció alquilarle una casa por dos años, pero la mujer insiste con que necesita una casa propia y se va ?a encadenar a cualquier lado? para que no la saquen de La Movediza.
-¿Sabe que en pocos meses la Justicia la va a desalojar?
Claudia Aranda: -Sí, eso lo sé desde el momento en que me metí. Que pase lo que Dios quiera, yo me voy a encadenar y la voy a pelear a morir hasta que pueda tener una solución. Eso es lo que quiero hacer.
Planteado el drama social, Julio Elichiribehety manifestó que intentan ?no cortar el diálogo? con la gente que toma las casas y a ?evitar los desalojos, siempre traumáticos, sobre todo porque hay chicos?.
Si bien el funcionario ?tiene un grado de comprensión? ante la desesperación de las familias, ?no puedo avalar la usurpación de viviendas del Estado?.
En cuanto a la ocasión que brindan las 200 casas de la segunda etapa, con la construcción paralizada, sin custodia permanente y lejos de una reactivación, sostuvo que ?le limitás el Plan Federal al Intendente porque es radical y el problema es éste?, en referencia al caso de Claudia Aranda.
Por otra parte, el secretario indicó que con otras tres familias que estaban ocupando casas llegaron a un acuerdo y la comuna les paga el alquiler. De todas formas, hoy hay siete casas usurpadas del Plan Federal II, una del I y cuatro de la Cooperativa Federación Tierra y Vivienda, todas en La Movediza.
Migraciones internas, otra
consecuencia de la crisis
Por otra parte, Elichiribehety manifestó que en la actualidad el Municipio paga el alquiler de más 600 casas, de las 42 mil construidas en Tandil, es decir, el 1,5 por ciento del total. Los costos más altos oscilan entre los 500 y 600 pesos mensuales.
Ante la crisis que impactó en la industria metalmecánica, la Secretaría de Desarrollo Social asiste a doscientas familias de obreros cesanteados que dependían de firmas como Fameco, Metalúrgica Moreno y Fundalum.
Sumado a esto, se incrementó un 30 por ciento la demanda por el pago del servicio de luz y en el suministro de garrafas, y aumentaron los pedidos de zapatillas y de materiales para la construcción. Otra situación que se adiciona es la de aquellos que sí cuentan con una casa pero que no pueden hacer frente al costo de los alimentos.
Por todo esto, Julio Elichiribehety analizó que ?estamos en una situación de turbulencia social? y marcó que se está produciendo un proceso de migración interna, que tiene que ver con familias que tenían ingresos superiores a 3 mil pesos y vivían en el radio céntrico y que, ante las suspensiones, se ven obligadas a mudarse a la periferia, padeciendo el desarraigo pero, además, un cambio radical en sus costumbres.
?Creo que ahora hay una profundización absolutamente palpable de la crisis, del desempleo, de la demanda y del malhumor social: la gente está malhumorada?, manifestó.
?El Estado municipal tiene límites. El déficit habitacional en Tandil es imposible de resolver por parte del Municipio. Además está paralizado el plan de las 200 viviendas, que resolvería en forma paliativa. El Municipio ha comprado trece manzanas para poder construir y esto también depende de programas nacionales y provinciales, la coparticipación ha bajado y también el pago de las tasas municipales. Estamos trabajando, estamos reorientando las partidas?, sostuvo Elichiribehety.
Agregó que ?se intentan evitar situaciones que generen turbulencia social, pero uno lo que percibe claramente es que vamos a un camino en donde la gente acrecienta su mal humor, su malestar y su demanda, y nosotros tenemos recursos limitados para dar respuestas?, aseguró.
Para cerrar, consideró contradictorias ciertas actitudes ya que algunos vecinos de La Movediza celebraron la ocupación de las casas ante la inseguridad. ?Las situaciones que se están viviendo son extremas y el Estado tiene que intentar resolver sin avalar conductas transgresoras ni hacer aportes que prosigan con este tipo de acciones?, cerró.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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