Categóricos testimonios de los peritos oficiales complicaron la situación del médico acusado
A las 9 entonces, en la sala de acuerdos del Tribunal Criminal 1, el juzgado Correccional a cargo del doctor Carlos Pocorena daría inicio al debate por el resonante caso de la muerte de un joven en el Hospital de Niños. En la antesala, ya aguardaban paciente las partes. Idelfonsa Luján, estoica como desde el 2009 a esta parte. Una madre que se quedó con muchas dudas sobre el deceso de su hijo y que clamó por justicia, la misma que ahora ventila aquella dolorosa historia que ella interpretó como “un abandono de persona”, frente a la desatención que le brindaron los profesionales médicos. “Puede ser que yo me haya equivocado por no llevarlo al hospital antes, pero es que los médicos me dijeron que era una gastroenteritis”, con pena expresaría en la sala de debate más luego (ver aparte).
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl médico pediatra, en tanto, ansioso (sentado en el banquillo de los acusados con su pierna derecha no cesando casi nunca de moverse cual resorte botando en el piso) y atento a lo que se iba a decir y escuchar a lo largo de la primera jornada del juico, incluso tomando nota y cotejando con el expediente para luego trasladar sus inquietudes vía su abogado defensor, el doctor Ernesto Erramouspe.
Como se informó oportunamente, la instrucción penal a cargo del doctor Luis Piotti concluyó con la acusación al doctor Daniel Pardini y ahora lo replicaría en los lineamientos acusatorios. Un diagnóstico erróneo del galeno atentó con lo que hubiera prevenido el fatal desenlace.
Para ello se basaría en lo que rezó la historia clínica pero, en especial, la opinión de los peritos de la Asesoría Pericial de La Plata, cuyas consideraciones fueron categóricas -ayer en la instrucción y ahora en el debate- a la hora de aludir a un yerro del profesional que atendió a la víctima.
El doctor Erramouspe, por su parte, adelantaría la estrategia defensista alegando que el diagnóstico no fue el fundamento para darle el alta de parte del doctor Arnaldo Scarcella. Asimismo, consideró que el deceso fue en el período de externación, no cuando estaba internado.
Testigos
Al turno del comparendo de los testigos citados, la pediatra María Inés Brindo fue la primera profesional consultada, quien precisamente intervino en la internación primogénita de la víctima, ya que a su criterio el joven presentaba síntomas de una peritonitis.
Más allá de su acertado diagnóstico, la profesional se mostró huidiza a la hora de ser categórica en sus apreciaciones, vertiendo consideraciones varias que no hacían más que intentar no perjudicar a su colega imputado. De hecho, mereció algún planteo del fiscal, quien le preguntó si se sentía molesta por tener que declarar frente al tono de sus contestaciones, a lo que la médica se dijo tranquila y sin animosidad alguna a la hora de responder sobre su actuación sobre un caso que aclaró no recordar mucho por el tiempo transcurrido como la cantidad de pacientes que se atienden en el centro asistencial.
Sí la médica hizo memoria que el joven ingresó al Hospital con un dolor abdominal y, teniendo en cuenta el cuadro, ordenó que quedara en observación a la vez que se le practicaran estudios varios siendo que presentaba síntomas de una peritonitis (cabe reseñar que la doctora luego dejó de atenderlo y allí aparece en escena Pardini y luego Scarcella).
Posteriormente llegó el turno del médico Roberto Leitao, encargado de la autopsia practicada a la víctima. El profesional referiría el shock séptico a partir de una apendicitis perforada, la cual estimó llevaba varios días de aquella externación (cuando Matto Luján estaba en su casa) aunque al respecto no pudo dar precisiones sobre la fecha exacta.
En tono aclaratorio reconoció que la apendicitis es de difícil evolución, siendo que hay períodos de calma y puede resultar engañoso a la hora de evaluar el cuadro. Insistiendo en que cuando se perfora el apéndice se agudiza el dolor y después puede aliviarse.
Teleconferencia
Pasado un cuarto intermedio, llegaría el tiempo de indagar a los médicos de la Asesoría Pericial del Poder Judicial que intervinieron en el caso y, en definitiva, resultaron clave a la hora de arribar a una acusación para con Pardini.
Por primera vez en el ámbito de la justicia local, los testimonios se sucedieron mediante teleconferencia y la experiencia resultó favorable siendo que los profesionales pudieron ser interrogados sin interferencias técnicas, como si sus testimonios ocurrieran en la mismísima sala.
Fue la perito Gabriela Tinto quien indicó que sus apreciaciones y conclusiones fueron producto del análisis de la historia clínica, la declaración de la madre y las pericias complementarias.
Sobre la causa del deceso habló de la peritonitis y la mencionada apéndice perforada que causó el shock séptico, y allí arremetió afirmando que el nexo causal era directo, que había un cuadro típico compatible con una peritonitis aguda.
Se refirió también a los signos típicos del cuadro, como la localización de dolor, para luego afirmar que en dichos casos lo aconsejable es operar por la alta presunción de lo que el chico presentaba, aunque no se estuviera seguro.
Si bien reconoció que resultaba válido pensar en que se podía tratar de una gastroenteritis, enfatizó en que igualmente el cuadro obligaba a un control médico, algo que no se evidencia en la historia clínica evaluada.
También la perito respondió sobre la diferenciación en un cuadro de apendicitis y gastroenteritis, aludiendo a que la diarrea del paciente apareció después a los otros síntomas ya enunciados, como la fiebre, vómitos y los dolores abdominales.
Sobre las causales de porqué se había calmado el dolor, la profesional aludió a que le habían dado un analgésico (su madre se lo dio una vez en la casa) y que además los individuos tienen un umbral de tolerancia al dolor particular en cada caso, detallando que era muy probable que el paciente haya sentido algo de alivio, calma, cuando se perforó la apéndice.
La perito resultó enfática como contundente en sus apreciaciones, dando cuenta que el cuadro presentaba signos inequívocos de una peritonitis, y sin pausa arremetió diciendo que no se habían agotado las medidas médicas para descartar una apendicitis.
Luego vendría el otro perito interviniente, doctor especialista en pediatría Ariel Tahuada, quien confeccionó el informe con su colega y resultó igual de tajante a la hora de evaluar el deficitario tratamiento que se dio con la víctima Matto Luján.
Sin más, con la sola expectativa de escuchar el testimonio de la madre, se transitaría toda la mañana y las primeras horas de la tarde en un juicio que continuará hoy con el comparendo de un par de testigos más (una médica y una enfermera) para luego dar un cuarto intermedio hasta mañana, tiempo de los alegatos.
“Sentí que mi hijo no le importaba”
Con sencillez y claridad en sus dichos, con el dolor a cuestas de la irreparable pérdida de un hijo pero con la paz que implica haber llegado a esta instancia a la espera de una respuesta judicial a sus dudas, Idelfonsa Luján Ojeda declaró ante el juez Pocorena y a preguntas de las partes, recordaría paso a paso lo vivido con su hijo desde que lo llevó al Hospital de Niños por primera vez hasta el fatídico día.
La mujer recordó cómo la primera médica lo revisó y le diagnosticó lo que podría ser una apendicitis, con chance de tener que operar. Por ello ordenó que quedara en observación hasta tanto tenían resultados de estudios por realizar.
Luego reseñó sobre la venida de Pardini, quien ordenó hacer una placa y si bien durante la madrugada del 30 de diciembre tenía fiebre y diarrea no le prestaron mayor atención. Que el 31 llegaría el doctor Scarcella y le dijo que no era nada grave, que seguramente había comido algo malo en Navidad.
Idelfonsa admitió que su hijo no padecía dolores fuertes, pero igualmente se lo notaba desganado, que durante su estadía ya en la casa, una vez dada el alta, siguió estrictamente la dieta que le indicó el galeno hasta que el 3 de enero vomitó dos veces frente a lo cual, al considerar que los médicos le dijeron sobre una gastroenteritis lo automedicó con un Sertal, lo que le hizo bajar el cuadro febril.
Retomando sobre los síntomas que presentaba, recordó que cuando le tocaban –los médicos- la panza tenía gestos de dolor aunque no se quejaba mucho, hasta que un día ante la insistencia de ella por saber sobre su estado Jorge Matto le dijo “mamá, ya no se dónde me duele”.
Más de una hora demandó la declaración de la madre brindando detalles de los días de internación como los que estuvo en la casa hasta que se descompensó y fue llevado de urgencia al Hospital, aunque ya era demasiado tarde.
A preguntas del fiscal acerca de sus sensaciones sobre lo que pasó, la mujer refirió a que para ella fue “un abandono de persona”, detallando que Pardini “vino un día un ratito y no apareció más. No le prestó atención como un paciente normal”.
Idelfonsa insistió con esa sensación que al médico no le importó lo que estaba pasando con su hijo, sintiendo que como era extranjera (de nacionalidad paraguaya) no corría con el mismo trato, incluso especuló que tal vez por la fechas estaba pensando –el médico- más en las fiestas que en atender a su hijo.
El caso
El caso se remonta a los días 29 y 30 de diciembre de 2009, en el Hospital de Niños, cuando el doctor Daniel Rubén Pardini, médico cirujano pediatra, luego de examinar al niño Jorge Ramón Matto Luján (de por entonces 13 años de edad), “negligente e imperitamente” –según la acusación- concluyó y consignó en la correspondiente historia clínica que su cuadro impresionaba como de gastroenteritis, lo que llevó a que el menor fuera dado de alta del establecimiento al día siguiente (el 31 de diciembre de 2009), cuando en realidad transitaba un proceso de apendicitis aguda que lo llevó a su deceso el día 4 de enero de 2010, alrededor de las 14, por un paro cardiorrespiratorio no traumático, a consecuencia de “descompensación por shock séptico secundario a una peritonitis a punto de partida de una apendicitis perforada”, marca la imputación tomada de la autopsia oportunamente practicada.
A la hora de la argumentación acusatoria, el fiscal sostuvo que el facultativo omitió realizar la intervención quirúrgica que las circunstancias aconsejaban de acuerdo a la “lex artis”, como en su caso, realizar otras prácticas en orden a descartar la probable apendicitis, que le habrían facilitado dar con el correcto diagnóstico, lo que hubiera permitido el tratamiento adecuado de la dolencia, sea mediante la correspondiente apendicectomía u otra técnica que se hiciera aconsejable, evitando en todo caso el óbito del paciente.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios