Celebrar la justicia
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Una verdad salió a la luz luego de 35 años. Y buena parte de la comunidad la estaba esperando. En las calles, en las casas, a través de los medios de comunicación. La noticia fue celebrada por ser el corolario de la justicia.
El grito entre eufórico y desgarrador de Susana Lofeudo, la viuda de Carlos Alberto Moreno, conmovió a quienes la acompañaban por la lectura de la sentencia.
El Aula Magna de la Unicén se transformó en una suerte de templo de la justicia, la verdad y la memoria, sumergida en una ciudad que lentamente se despierta para ponerse a la vanguardia de la Argentina en los juicios de lesa humanidad.
Es que fue en aquel viejo edificio –otrora sede del paquete hotel Palace- donde se juzgó y se condenó por primera vez a dos civiles por ser partícipes necesarios en un crimen durante la última dictadura militar.
En una ciudad mediana, y meridiana en el territorio bonaerense, el acontecimiento cobra una real magnitud. Pero es esta misma comarca la que ofrece como uno de sus líderes menos cuestionado al padre Raúl Troncoso, quien fue perseguido durante los años de plomo.
Es en esta tierra en la que el debate político aflora desde los edificios que circundan la plaza principal; desde el Municipio, la Anses y la Universidad. Donde las discusiones suben de tono, pero las voces coexisten y hacen posible la convivencia.
La esencia de un hecho histórico se conjugó con la predisposición de todos para respetar los sentimientos de los otros. Ayer Carlos Moreno no era de nadie, pero era de todos.
Si el juicio se trasladó a una casa de tinte kirchnerista, el escenario de la alegría estaba montado sobre las calles de una ciudad que administran radicales. Tal vez, como señal de un ideal de justicia, en el que la verdad se reconstruye más allá de las concepciones dominantes.
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